sábado, 20 de abril de 2019

La mordida del perro simpático



Qué apetecible debe ser el Perú para los que se lo llevan a montones. Los atrae como la miel a la mosca, o mejor dicho, como el veneno atrae  a las moscas. Es una seducción tan enfermiza que los empuja a volver como los culpables regresan al escenario de sus crímenes.
En el pasado cayeron en la tentación  Almagro y Pizarro, que no lograron disfrutar de todo el botín inca sino que comenzaron una disputa que los llevaría a matarse entre ellos.
Varios han caído en esta peligrosa provocación, desde conquistadores, políticos, dictadores y traficantes de influencias; recientemente ha sido PPK,  otro de los que se aventuraron en estas expediciones por estos territorios aparentemente dóciles.
En la segunda mitad del siglo XX, mientras el mundo era testigo de las  protestas de mayo de 1968 en Paris y en México el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz con sus  matanzas de la plaza de Tlatelolco finalizaba ese importante periodo progresista y desarrollista  que algunos denominaron el “milagro mexicano”; aquí en el Perú, no hubieron protestas de este tipo y no porque la gente no estuviera descontenta, sino, porque era muy conservadora y religiosa, y ese tipo de pedidos no calaba en esas almas pías y desinformadas, así que, no se enteraban de estos acontecimientos o simplemente no les llamaba la atención, pero, eso no significaba que las aguas de la política no estuvieran muy movidas.
Bueno, pero no nos desviemos del tema, aquí lo que se trata es hacer un recuento de cómo fue la travesía de PPK por estas aguas peruanas.
Ese año de 1969 PPK salió huyendo del país por la puerta falsa, escondido, no como hace tres días ese misterioso personaje en el asiento de atrás de la camioneta de Alan García, sino que, fugó del Perú por la frontera con Ecuador dentro de la maletera de un Volkswagen. La justicia peruana de esos años buscaba a PPK  por  ser uno de los responsables de que la IPC haya remesado S/2.000 millones del erario público, una exorbitante cantidad de dinero de aquella época.
Obviamente, PPK no se quedó zaceado con todo esta orgía, sino que regresó al Perú para seguir haciendo sus negocios, ahora con el   beneplácito del gobierno de Fernando Belaunde Terry  del cual fue uno de sus ministros. 
Durante el gobierno de Alan y la dictadura de Fujimori no se supo mucho de él, pero fue en el gobierno de Alejandro Toledo que regresa a Lima para ser de nuevo protagonista.
Estamos hablando de que este personaje dominó o tuvo enorme influencia en el Perú en materia económica y transacciones comerciales durante los últimos casi sesenta años.
Parece que sus exitosos negocios en este país, en todos estos años, lo hubieran sacado de la realidad, tanto que, lo hacía ver a esta comarca como un feudo al que  debería gobernar formalmente y ya no realizar esos papeles secundarios para ser la cabeza visible presidiendo un gobierno, y otra vez, como tantos otros, cae en ese embrujo, atraído como con cantos de sirena, y así, postuló a las últimas Elecciones Generales. 
Fue elegido presidente del país que tanta dicha le había regalado, pero él solo lo veía como una tierra conquistada, como Walker miraba a Nicaragua en 1856, y la boca de PPK lo traicionó, no juramentando por plata como ese congresista ya fenecido,  sino, llamando al Perú como un simple “Perro Simpático”.
Es paradójico, saber que la justicia y la democracia de ese país que despectivamente denominó “perro simpático” hoy esté a punto de tenerlo entre rejas.
Definitivamente, estamos pasando por un periodo muy importante en nuestra historia quizás sea de transición  y de lucha de poderes, así como se encuentra el resto del mundo. El tiempo nos dirá a dónde nos llevarán  estos vientos, tal vez a seguir el mismo camino de antes  o esta vez quizás será una ruta algo distinta.     

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