domingo, 30 de diciembre de 2018

La nueva capital inca



El limeño sigue desorientado y disidente de lo andino, suspendido, sin piso cultural originario. Algunos ridículamente apoyándose con poses traídas de Miami,  Madrid o Asia se obstinan en no aceptar su legítima identidad cultural, sana y coherente, viéndose desde afuera como huachafos, incultos y con enormes complejos de inferioridad, arrastran de esta forma a todo un país, salvo los bolsones de lucidez y actitud digna  que se han creado históricamente dentro en Arequipa y el resto de los Andes sur peruanos.
Mientras esto ocurre con Lima cuyo nombre, para disgusto de ellos, deriva del vocablo quechua: Rímac,  a miles de kilómetros al sur, en la ciudad de Santiago capital de la República de Chile, un grupo de científicos liderados por el arqueólogo Rubén Stehberg, estuvieron buscando en el subsuelo de esa urbe los antiguos restos que evidenciarían que la capital mapocha  antes fue fundada  por los incas.
Finalmente en 2016 esta hipótesis se confirmó porque en los tres sitios escavados se encontraron restos de cerámica con decoración distintiva del período incaico.
En el local del ex Congreso Nacional en un evento denominado "El Tinku de Santiago" se presentaron  estos hallazgos.
"Su Plaza de Armas fue primero una plaza incaica", aseguró el especialista. "Los edificios públicos incas se localizaban en su contorno y fueron aprovechados por Pedro de Valdivia (supuesto fundador español de la capital chilena)"
Resulta incongruente  que la capital del Perú por su población y legítima heredera de la cultura inca desprecie, oculte o niegue cualquier rasgo andino, inca o quechua dentro de sus manifestaciones;  mientras tanto su antítesis chilena con tan marcado rostro occidental se encuentre construyendo su identidad nacional en algunos restos incas.
Esto es de nunca acabar, lo mismo sucedió con Arica y Tarapacá, territorios abandonados por Lima y que luego de una sangrienta guerra fueron arrebatados por los sureños.
Luego vino el pisco, catalogado por esas mismas élites limeñas como bebida de los cholos, y luego de ser ninguneado, abandonado y despreciado fue recogido por los astutos vecinos del sur y elevado a la categoria de bebida nacional.  Tuvo que pasar todo esto para que los peruanos reaccionaran y comenzaran a revalorarlo.
Ahora los chilenos como  todo país que quiere desarrollar, en la búsqueda de su identidad primigenia y nacional, han elegido tomarla de los incas, que para suerte de ellos colonizaron gran parte de su territorio antes de la llegada de los españoles.
No pasará mucho entonces para que observemos de nuevo sorprendidos que la chicha de jora será la nueva bebida nacional chilena junto con el idioma quechua que seguramente será puesto como enseñanza obligatoria en sus escuelas, y desde Lima mirarán cómo los compatriotas de Pablo Neruda buscaran cambiarse sus apellidos españoles por unos más auténticos y autóctonos chilenos, quizás quispe o mamani sean  los más preferidos.
No pasará mucho para que en esa realidad reclamen al Cusco junto con Machu Picchu como sus santuarios originarios, por ser parte de  ese núcleo de la futura nación autóctona chilena.
Y mientras esto ocurre, los limeños seguirán despreciando lo andino y negando su verdadera identidad cultural y cuando se den cuenta de su torpeza, ya será muy tarde, porque tal vez esa riqueza cultural inca o quechua ya será propiedad chilena.  

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