domingo, 30 de diciembre de 2018

El raj y sus doscientas millas



El Japón, a finales de la Segunda Guerra Mundial, después de las dos bombas atómicas, con el territorio devastado y ocupado, en esos momentos de crisis y austeridad, solo dos productos no fueron gravados con impuestos: el arroz y el pescado.
Parece que hubiéramos vivido algo utópico pero sucedió en nuestro país, y no hace mucho. Ese camión frigorífico estacionado en ese mercado popular en aquel distrito arequipeño, tenía el logo de un pez que decía Pesca Perú. En esos tiempos  en la ciudad andina de Arequipa a sus más de 2335 m.s.n.m., se podía encontrar pescado fresco a precios módicos. Eran otras épocas, donde la lucidez de un estado se preocupaba por la alimentación de su población, gracias a ello,  muchos de mi generación, tuvimos la suerte de alimentarnos con los mismos nutrientes que tambien  beneficiaban a los nipones.
Al son de esos conocidos estribillos: “tenemos un mar rico”, “las doscientas millas”, “el mar de Grau” y,  esas “dilatadas costas”, etc., es deprimente saber que,  a pesar,  de contar con semejante despensa ictiológica, los precios de estos productos sean tan elevados en los mercados.
A esto se suma lo  paradójico de ver al Perú con semejantes ventajas naturales en cuestión pesquera y que no posea una marina mercante propia y ni mucho menos cuente con una flota pesquera respetable, o por lo menos con  un buque factoría, aunque sea usado.
A esto nos ha reducido Alberto Fujimori Fujimori desde que privatizó el sector pesquero nacional con la excusa de que era obsoleto. Terrible perversidad que dejó a los peruanos.  
El famoso mar de Grau aun no somos capaces de explotarlo mientras tanto otros se llevan todo nuestro pescado porque esta novela trágica tiene su lado sarcástico cuando te enteras que el buque factoría más grande del mundo llamado El Lafayette venía utilizando la bandera peruana para depredar nuestro mar.  Millones de toneladas de pescado que nunca  terminaron en la  mesa de los peruanos y esto ya es para jalarse de los pelos y soltar una carcajada que se escuche hasta los confines de las doscientas millas.
Este buque factoría, llamado en su momento Lafayette, se sabe que fue construido en 2008 a un costo de alrededor de US$100 millones por la empresa Pacific Andes International Holding.
Este monstruo que ostentaba la bandera peruana desde julio del 2014, cambió  varias veces de emblema con el objeto de eludir controles. Funcionaba como un buque madre para el traslado de las capturas de otros pesqueros de arrastre que lleva en su interior. Luego, de clasificar las capturas, procesarlas y congelarlas a bordo, las transportaba posteriormente a los respectivos mercados.
Por la magnitud y la forma ilegal de pesca El Lafayette fue visto como un riesgo para la preservación del hábitat marino, por eso en el año 2015, fue prohibido seguir pescando. Los expertos han calculado que diariamente llegó a procesar a bordo aproximadamente 547 mil toneladas de pescado, de los cuales ni uno solo terminó en las mesas de los peruanos.
Lo último que supimos de esta nave fue que en el año 2016 cambio el nombre a El Damanzaihao, y terminó fondeado a 8 millas náuticas del puerto de Chimbote.
Mañana me comeré un delicioso jurel frito, acompañado  no de un rap sino de un “raj” bien peruano. No lo digo yo, lo dicen los hechos.

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