lunes, 5 de noviembre de 2018

Vientos nuevos


Previo a un respiro, el año está por finalizar. Creí que el mes de los piromaníacos sociales ya había finalizado, pero fui un cojudo, porque parecería  que estos infames me hubieran ubicado por el satélite,  porque detonaron sus petardos casi en mis orejas, y de noche, para variar. Seguro que fue una de las últimas de estas insufribles procesiones moradas de la temporada con sus insoportables decibeles. Alguien tiene que acabar con semejante tortura, algún día espero, ahora que se intenta limpiar la casa para el bicentenario.
Alan García con su buen olfato, viendo la coyuntura política, huyó del país rumbo a Madrid.  Excelente lugar para el exilio. Y sobre todo,  adecuado para el ex discípulo de Haya de la Torre, porque está próximo a la Rue de la Faisanderie de París, o quizás, mucho más cercano a Andorra, paraíso  recientemente destapado por el insigne Manuel Dammert. 
Cuando pase por la Puerta de Alcalá espero se sienta cómodo viendo  la foto de Aznar (si es que aún está pegado por ahí), o del nuevo rey y a toda esa atmosfera facha que le regocija; pero, como sabemos que no tiene bandera salvo de la pía religiosidad y de dar puntapiés a los transeúntes,  tal vez, buscará hablar bien del nuevo gobierno de Pedro Sánchez.
Lo escribimos hace algunos  meses sobre los acontecimientos que se estaban sucediendo en nuestro país desde la renuncia de PPK y el ascenso de Vizcarra.
Como lo advertimos en esos días, le  auguramos dos caminos al nuevo mandatario nacido en la tierra del exquisito Biondi.
La primera era  continuar con el vocifero de los fujimoristas y el triunvirato bilioso de Alan, Quesquén o Del castillo. El otro carril hubiera sido convocar a nuevas Elecciones Generales.  No hizo lo uno ni lo otro, es más, eligió una tercera vía, la que no utilizó PPK, mostrar firmeza frente a las hordas esteparias fujimoristas, y quién diría, que fueron ellos (los fujimoristas) los que colaboraron y festejaron más su llegada al poder.   Son ironías de la política como cuando  Alan  apoyó a  Alberto Fujimori con ese spot televisivo que mostraba a Mario Vargas Llosa como el “monstruo” del paquetazo allá por 1990. El “chino” ganó esas elecciones gracias a Alan y su campaña en contra del FREDEMO, y Kenya  una vez en el cargo de presidente, en agradecimiento, paragógicamente, persiguió con disparos a García hasta por las azoteas durante el autogolpe del 5 de abril de 1992.
A dos meses de terminar este año parece que el camino elegido por el actual presidente ha sido el más provechoso para la tranquilidad del país.
La aparición de jueces y fiscales mostrando autonomía y temeridad al dictaminar penas sobre  personajes con enorme poder político, religioso y económico, en este tipo de países, siempre lleva un riesgo, pero nos muestran además a un Perú que esta avanzando en el camino del fortalecimiento de sus instituciones democráticas.
No es por nada, pero me siento tranquilo con lo que está pasando con el país.
Y sí.  El otro día, justamente,  unos jóvenes me preguntaban: ¿Si el país  estaba yendo bien?, y la verdad, que sí.
Se respira otros aires, uno menos enviciado porque los rostros que lo volvieron irrespirable o están presos o han huido del país.
El actual  presidente Vizcarra sin mucho “floro” está haciéndolo  bien, no tendrá al legislativo de su parte pero qué mejor representatividad que contar con el apoyo  de la voz del pueblo.   
Son 17 años que lleva esta,  nuestra neonata democracia y esperemos que permanezca, mal o buena, porque representa el mejor periodo que hemos vivido los peruanos desde 1821.

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