domingo, 4 de noviembre de 2018

Examen de nombramiento docente

Son casi las ocho de la mañana y la cola discurre como una áspid en esa avenida La Cultura, introduciéndose lentamente en las instalaciones de la Universidad Alas Peruanas, un centro de estudios que, para ser honestos, es mediocre, como muchos otras privadas por aquí, y que se han enriquecido gracias a esta educación de subsuelo, mercantilista  y los miles de  jóvenes místicos, desprovisto de conocimientos suficientes   que tienen la necesidad de optar un título profesional y no les queda otra que este tipo de centros de estudios.
Dentro de ese campus, -si es que así se le puede llamar a esta explanada-,  no resalta ni un solo árbol, es una extensa loseta rodeada de una vulgar factoría de instrucción tercermundista.
La cola sigue avanzando, y mientras eso ocurre, no puedes  dejar de pensar, si esto  vale la pena.
-  ¿No sería mejor hacer algo más provechoso esa mañana -como regar un árbol por ejemplo- que seguir ese fraude oficializado?
-     Me explico:
Decir que la educación peruana está en el fondo de todo, es redundar, y este problema no es de ahora, pues desde que no se tiene objetivos claros como estado o nación, nunca sabrán qué tipo de ciudadano se deberá construir con su sistema educativo, por esta razón,  los que intervienen en esta milonga,  no serán los idóneos y por ende ese sector estará siempre  marginado y abandonado. Largo y tedioso -como esa dilatada cola-  seria mencionar las aristas del problema, y creo que, ya lo han denunciado  hasta la saciedad, así que, esta vez, solo nos limitaremos a narrar  el cadalso de un docente que espera rendir ese examen de nombramiento.
Dicha evaluación escrita es anual y candonga, desde ese mezquino  cuadernillo de preguntas, elaborado por gentes que, seguramente, no son los mejores en ese campo  sino que están ahí porque son los amigos  de alguien “importante”,  y porque , en últimas,  de educación no saben nada cuando colocas preguntas de Lógico matemático dentro de Ciencias Sociales, cuando se pueden medir las mismas capacidades lógicas formulándolas  dentro del campo de la economía, que sí estarían  relacionadas directamente con el tema de humanidades, pero eso sería hacerlos pensar demasiado a los que elaboran este tipo prueba.
Esas horas es tiempo perdido, un salto al vacío, porque no existen  plazas suficientes, y por último,  a esos burócratas podridos no les da la gana de aumentar la planilla.
De seguro que muchos lograrán superar esta evaluación tramposa, para luego pasar a la siguiente etapa, grande será la alegría y efímera,  porque después les esperará  el fiasco preparado por estos organizadores analfabetos,  cerniéndolos, quedando el mínimo posible, porque la política sigue manteniendo el espíritu fujimorista egoísta y miserable de acabar con la educación pública o reducirla a su mínima expresión, dejando a la iglesia fundamentalista y poco democrática y al capital privado ladrón la formación de los jóvenes.
Un guion y modelo que lleva el sello de la pasada cleptocracia fujimorista, y que ha hecho de nuestra educación una de las peores del hemisferio. 
Tremendo culebrón de esta tragicomedia, mientras sigo devorando mi sandwich de lechón y observando a esos cientos de docentes en esa interminable cola esperando desarrollar esa prueba, que a estas alturas, es solo desperdicio de papel y de tiempo.  Es más, seguir en esa fila y tener la intención de  ingresar a esa denominada "carrera magisterial" es ser cómplice con toda esta mediocridad malintencionada y manipulada al antojo de titiriteros que buscan la idiotización y la incultura,  quemar en la hoguera el conocimiento para reemplazarlo por una instrucción estólida y subdesarrollada imitando libretos con terminología pedagógica incoherente y rimbombante para continuar consumiendo lo innecesario, depredando el medio ambiente, en medio de la superstición de los rezos y las inquisiciones, un tercermundismo férreo y eterno.
¿Continuar con esta mediocridad? imposible. ¿Ingresar a toda esta mediocridad? seguro que no.  Leer un libro esa mañana sería infinitamente más gratificante  que  ser cómplice con toda esta mierda institucionalizada.
Yo, me quito de la fila, mandándolos  a la mierda,  con su subdesarrollo y sus exámenes sudacas y esos impresentables  ministros de educación junto con los ágrafos hijos de puta que elaboraron este papelucho, y que probablemente sean los mismos que hace algunos  meses confundieron a José de San Martín con Simón Bolívar  en esa página web del MINEDU.

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