jueves, 27 de septiembre de 2018

Belmont el aguafiestas del festín fujimorista



Después de esta burda opereta llamada “cuestión de confianza”  que entretuvo   a los peruanos por unos días con ese ‘’enfrentamiento’’ entre el ejecutivo representado por el presidente Vizcarra y sus creadores, ese congreso fujimoristas, y que al final queda como esos matrimonios por conveniencia o sea en nada.  
Parecía que en estas próximas elecciones municipales  las poderosas huestes de Keiko Fujimori que están más blindadas  que el último Armata ruso, se iban hacer con el municipio de Lima y en esa coyuntura  Reggiardo era el fijo. La mesa estaba servida y los medios de comunicación manejados por los oligarcas seguidores de la primogénita del exdictador Alberto Kenya,  lo tenían todo listo para que esto sucediera. Pero, otra vez, aparece Ricardo Belmont, como en 1989, cuando descarriló al favorito del FREDEMO y luego unos años después,  en pleno apogeo de la dictadura fujimorista, derrota en las urnas al candidato por el sillón municipal de  aquella  cleptocracia.
Si algo ha caracterizado a Ricardo Belmont durante  su carrera política es que jode y jode bien a aquellos candidatos que se asumen favoritos.  Aparece como outsiders malográndoles la fiesta, como ahora esta apunto de hacer con los fujimoristas que en este momento tienen el control del poder en esta democracia  a la peruana.
El famoso “hermanón” fiel a su estilo y con su claro dominio del escenario solo le sirvió mencionar algunas frases al público para ubicarse en las preferencias de los electores. Su popularidad subió como la espuma, y claro, tenía que despertar la preocupación de los que celan este establishment en dónde la mayoría  de peruanos no tenemos nada que hacer.  
El gallinero está revuelto, y toda esa mancha conservadora y aburrida, se jala de los pelos cada vez que Ricardo Belmont menciona algunas palabras. Mónica Delta que cada día se va pareciendo más a esa publicidad en dónde se autoproclama defensora de los derechos de las mujeres maltratadas, ahora se alarma cuando Belmont hace uso del micrófono.
Todos juegan en contra de él sobre todo esa prensa basura.
En ese mitin dijo algo muy cierto, que ''los grandes hombres lo construyen las mujeres'', y lo finalizó con una broma, trayendo en alusión “el cosito” y “la cosita”. No tenía nada de malo para los que conocemos su sentido el humor, pero fue provechado por la mala leche de esos medios parcializados, tildándolo de machista, haciendo un carga montón esa prensa que tiene bien aceitado su camión recolector para aventar su carga a todo aquel que moleste a su candidato preferido.
Para esto utilizan a sus conocidas rabonas como Mónica Delta, Verónica Linares, Juliana Oxenford y Milagros Leyva, gritando indignadas por este supuesto “monstruo”  machista.
Toda esta campaña de desprestigio  lo coronan sus encuestas al mismo estilo de las ‘’prostivedettes’’, yo diría, las ‘’prosti encuestas’’, salen los nuevos resultados, en dónde,  intentar confundir al elector afirmando que Belmont  ha caído estrepitosamente a un  tercer puesto. Patrañas, porque la principal encuesta será este 7 de octubre.
Belmont ha regresado y con nuevos bríos, es que, es como el pueblo, ambos se conocen, y otra vez se enfrentan a ese poder que lo maneja  todo, como a mediados de los noventa, y seguramente como en aquellos años, con todo en su contra, saldrá vencedor, porque el pueblo esta cansado del engaño  y de los caretos falsos que quieren acapararlo todo.
El “hermanon” ha regresado para bien al ruedo político como el gran aguafiestas de este festín fujimorista.

martes, 25 de septiembre de 2018

Tren al sur



“No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Esta debería ser la frase para resumir la historia ferrocarrilera en el Perú.
Los ferrocarriles son las venas y arterias de un país,  y en este ‘’polvos azules’’ político  nadie se ha detenido siquiera para meditarlo. Dos veces el Perú perdió la soberanía sobre sus ferrocarriles: la primera fue cuando los británicos se quedaron con ellos después del contrato Grace y la derrota de la guerra de 1879; la segunda, ocurrió  como parte de las privatizaciones que se dieron durante la  dictadura de Alberto Fujimori, y claro, otra vez el Perú en escombros, pero, ya no  por una guerra exterior sino por algo más calculado, un conflicto interno.
Los gobernantes desde Lima (y volvemos al meollo del asunto) nunca dieron  la importancia debida a este medio de transporte.  Dominados por los prejuicios de esa capital. Es esa inquina virreinal que se le tiene a los Andes.  Ya que esos rieles, como conducían a la sierra, eso significaba para ellos que esos trenes no iban a ninguna parte. Por eso para Lima los ferrocarriles siempre fueron una carga, si no los remataba por una derrota lo hacía privatizándolos  con la  excusa de que eran obsoletos, olvidándose así de su valor estratégico.
Sería el año de1997 y un alma caritativa me compró los boletos, partimos esa misma noche. 
Una experiencia imborrable. Sentado ahí observando a los viajantes desde esa enorme ventana. Las luces de la estación eran  como en las películas.
Una pequeña placa que alcanzaba a ver desde mi asiento decía que ese vagón  había sido construido en la Republica de Rumania, seguro fue cuando este país  de Europa oriental aun poseía esa importante  industria ferrocarrilera, ya que después, con la caída del muro de Berlín  y  las consiguientes  privatizaciones de la década de los noventa solo han quedado recuerdos y lamentos.
De pronto el  golpe del acople nos avisaba que el tren estaba a punto de arrancar, luego vino otro menos intenso y ya estábamos en marcha  y listos para el inicio  de esa imborrable travesía.
Ese vaivén rítmico y el sonido del hierro golpeando, era el tren en movimiento, en su lenguaje  nos decía  que aún estaba vivo manteniendo en pie el orgullo y la fortaleza de aquellos países  ferrocarrileros.
En la zona de Imata se detuvo unos minutos, los aproveché al máximo. Desde la ventana con las luces de ese viejo poste de madera se podía observar que estaba comenzando a  nevar.  Esto, no me la pierdo dije. Y me dirigí a la puerta de salida.
Ya afuera del coche, el piso era una especie de rejillas muy juntas, al costado estaba el enganche con el otro vagón y la nieve continuaba cayendo pero ahora con mayor intensidad.
Yo, sobre un tren y alejado de ese calcinante sol tropical, holgazán  y subdesarrollado,  disfrutando del frio, la nieve y ese tren de pasajeros.
No cabe duda que viajar en ese tipo de transporte fue un privilegio. Fue una lástima que cuando Fujimori privatizó ENAFER-PERU,  lo primero que hicieron los nuevos dueños fue quitar ese servicio de pasajeros.
La privatización aquí como en Rumania no ha traído mejoras en cuestión de ferrocarriles, a más de veinte años de esa tragedia, solo se nota un ferrocarril del sur abandonado, estancando  en el tiempo con  sus viejas locomotoras diésel hoy pintadas con ese enlutado azul que muestra el nefasto manejo que hace el oligarca Lorenzo Sousa Debarbieri  y  su PERU-RAIL con  nuestros ferrocarriles.    
Hace algunos meses leí que el servicio de pasajeros se iba a reponer, pero, este sería solo un servicio  lujoso y exclusivo para aquellos  potentados turistas.
Es que ahora está privilegiada y segura forma de viajar en estos tiempos de inequidad, egoísmo mercantil y gobiernos que abandonan  a su población, ese pueblo no merece disfrutar de este cómodo y seguro viaje. Para estos gobernantes limeños les importa un píloro  los cientos de muertes que lleva  ya en su haber esa carretera Arequipa-Juliaca, dicho sea de paso, una de las más peligrosas del mundo.

El alcalde de la prensa basura

Lima es una ciudad sin identidad con habitantes disgregados, condenados a sus desechos, al caos y la violencia. Sus elites se odian ...