viernes, 24 de agosto de 2018

El nuevo oligarca peruano



Jaime Bayly, apenas regresó de su autoexilio, afines del mes julio, se dio una vuelta por los programas  de  TV limeños  y en su recorrido no paró de suplicar, casi de rodillas, que nunca fue ni será fujimorista, y si quedaba todavía alguna duda de ese rompimiento con Keiko Fujimori, mandó a toda esa familia, no a  la mierda, sino a comer  un chifa a la calle Capón.
Si es fujimorista o no,  no viene al caso,  solo nos recordó aquella entrevista a finales de los años ochenta a Ricardo Vega Llona y Miguel Vega Alvear. Estos  eran otro tipo de empresarios,  sobre todo demócratas. Esa noche hablaron del mal momento que pasaba la economía nacional y su empresariado que comparados con los de Guayaquil se reducían a unos simples “turroneros”.
Hoy el fujimorismo con su retorno al poder, está desperdiciando la oportunidad de limpiar esa imagen de reducto de oportunistas y tenderos que venden su servicio al mejor postor y así mostrar un nuevo rostro, que podría ser, como los promotores de las libertades y el consenso   entre  los peruanos. Pero, era mucho pedir para este tipo de agrupaciones efímeras y mercenarias, porque en lugar de esto, resentidos han empuñado  la navaja revanchista.
Con cada norma que dictan alientan la censura y la impunidad favoreciendo siempre la  corrupción y el poder absoluto, minando así la libertad de expresión y a esta endeble democracia. Fueron tan torpes y ambiciosos y ruines que redujeron los problemas del Perú a un abyecto reality familiar.
La candidata Keiko Fujimori en la última campaña electoral para la presidencia de la república, cuando tenía que enfrentarse al público, lo hacía como kim Jong Un, siempre rodeada de una enorme seguridad,  armados hasta los dientes. Y observando toda esa escena desde mi sillón californiano en mi  televisor de 30 pulgadas que pesaba casi una tonelada, me preguntaba: ¿Cómo la persona y la familia más repudiada de este país, podía seguir acaparando tanto  protagonismo? ¿Quién la pone o los pone ahí?  ¿Sería acaso suficiente los 6 mil millones de dólares desaparecidos entre el periodo 1992 - 2000?,¿Quién o quiénes, entonces, estarían detrás de la sobre exposición mediática de esta especie de Kardashian “ponja”?
Hace unos días encontré la respuesta a estas preguntas, leyendo aquel artículo en el diario La República, en donde,  el señor Roque Benavides, el numero uno de la CONFIEP, afirmaba que era  seguidor de la primogénita del ex dictador  Alberto Fujimori. El máximo representante del empresariado peruano  admirador no solo de keiko sino de sus modus operandi.
Ahora entendemos por qué a Keiko la vemos hasta en la sopa, porque ahora los ex turroneros tienen como favorita a la última derrotada en las pasadas Elecciones Generales.
Si es que algún día queremos llegar a ser un país moderno y democrático, esto nunca se realizará, mientras el empresariado no se democratice y siga estancado en el tiempo de los encomenderos. Ahora no son los turroneros de antes, hoy son los nuevos oligarcas peruanos que hacen y deshacen en la política local, y para eso tienen sus brazos políticos, sus mercenarios, sus perros de presa. Solos, siguiendo a Keiko y lo que hace y dice, se estigmatizan, con esa etiqueta negra de perversidad y de dudosa reputación, similar a sus pares rusos en la más decadente época de Yeltsin.

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