jueves, 29 de marzo de 2018

Mestizo un término obsoleto


Se ha hecho de conocimiento público la primera encuesta nacional de Percepciones y Actitudes sobre la Diversidad Cultural y Discriminación Étnico Racial que elaboró Ipsos a pedido del Ministerio de Cultura, y de ella podemos rescatar importantes datos.
Uno de ellos es la discriminación racial que pese a las campañas y a las leyes que la proscriben, sigue siendo un problema vigente en el país; es un mal como otros que  seguimos arrastrando desde la época colonial y que, seguro, con la educación y el conocimiento en algún momento disminuirá.
En dicha encuesta un 22 %  de los entrevistados a la pregunta sobre su origen étnico respondieron  que se asumen quechuas.  Esto nos reconforta y sería impensable hasta hace algunos años ver que los peruanos alejados de prejuicios se identifiquen con su verdadera etnia. También nos preocupa  que un 55% de la población sigua utilizando el término “mestizo” para nombrar su origen étnico.
Quién diría que detrás de ese término conocido como “mestizo” encontraremos tantos componentes negativos relacionados directamente con el subdesarrollo y la discriminación racial, lo cual detallaremos a continuación.
Desde hace casi cinco siglos el término “mestizo” está muy difundido  en nuestro país como en el resto del continente americano; pero hoy  utilizar la palabra “mestizo” para denominar  un grupo étnico es una trampa, un recurso negativo  para la formación de una identidad sana  y se ha vuelto una causa directa de la decadencia de algunos países y sociedades. Un gran ejemplo de lo que afirmamos ha sido y es México, sus creadores quisieron construir su nación desde las bases del denominado “mestizaje”, lo cual para ellos ha sido un desastre ya que en lugar de llevarlos al desarrollo y levantarles la autoestima los ha reducido a la degradación (estado fallido, corrupción y violencia). Y ya lo publicó en un articulo el diario “El País” de España,  ese “mestizaje” o pensar como mestizo hoy en la tierra de los aztecas  ha significado continuar con el deseo de ser lo más “hispano” posible y dejar o discriminar cualquier rasgo nativo o indígena. Algo parecido también ha sucedido en el resto de América Latina.  Claro que, seguramente en México, como en otras partes del continente americano,  hablar de cultura precolombina signifique algo distinto de lo transcendental que representa en el Perú.
Como ya indicamos  de la encuesta anterior también se logra extraer que la discriminación racial persiste en nuestro país. Al margen de los medios de comunicación que muchas veces son los principales difusores del racismo,  lo que también se percibe en la calle, es que los autodenominados  “mestizos” son a la vez los más aficionados a estas malas costumbres.
Por ejemplo, la gente de a pie y los que laboran dentro de las instituciones tanto privadas como públicas (y que son  mencionados en dicha encuesta) y que probablemente responderían en aquella muestra que pertenecen a la llamada etnia “mestiza” muchos de ellos son los que paradójicamente caen en la discriminación racial en contra del indígena; y si hurgamos en el interior de esos autodenominados “mestizos” racistas develaremos desde lo más recóndito de su ser que esa aversión a todo lo indígena es la manifestación de la derrota del “conquistado” que  desea curar sus heridas anhelando pertenecer al grupo de los ganadores en este caso de los “conquistadores españoles” (parece ridículo pero esto se repite en la mente de un sector numeroso de peruanos desde 1532) por esta razón niegan o se apartan de todo lo amerindio, manifestándolo  diariamente con lo que aquí se conoce como “racismo”.
Bajo esta disyuntiva el término “mestizo”  describiría una persona incompleta, deforme, inferior que desdeña, aparta y discrimina su parte nativa, llevando a su interior una permanente guerra violenta como lo fue la conquista del Tahuantinsuyo,  pero esta vez este conflicto personal  será de prejuicios contaminando así al resto  de su prole y a la sociedad. Hoy, utilizar el término mestizo para autodefinirse étnicamente (culturalmente) es ambiguo y poco serio y hasta dañino. Lo objetivo en este Perú moderno, multicultural y multiétnico y alejado de los malsanos y polvorientos prejuicios raciales sería llamarlo por su propio nombre y este en su gran mayoría lo coherente sería denominarlo: quechua.  

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