sábado, 3 de marzo de 2018

GRAÑA Y MONTERO y el golpe al capitalismo peruano


Hace algunos años en un discurso dado  frente a miles de sus compatriotas, el líder chino hizo hincapié en lo siguiente: Nunca el desarrollo de ese país sería posible mientras no  cuenten  con grandes y pujantes trasnacionales.   
Solo tuvieron  que pasar algunos  años para ver como el posicionamiento en el mercado global de Alibaba, Huawei  o Lenovo, iban  a la par del ascenso de la República Popular China como potencia mundial  amenazando el hegemon económico y político de los EEUU en el planeta.
En esa Plaza de armas de Arequipa lo escuché claramente cuando  vociferaban  sobre la prosperidad de las naciones gracias al Libre Mercado y para que no quedara ninguna duda ahí estaban los casos coherentes de Taipéi,  Singapur o Corea del sur. Eran ejemplos tangibles de que un país pobre podía crecer y prosperar, y lo decía Vargas Llosa allá por 1989, eran tiempos muy distintos a los de ahora, llenos de alentadoras expectativas gracias a esos grandes cambios que acompañaban a toda esta perorata con la perestroika y  el glasnost.  
El libre mercado entró  a nuestro país en los años noventa,   pero, no sabemos de qué tipo  y,  también en qué condiciones el Perú  ingresó a ese mercado mundial; lo cierto es que en estos años fueron pocas  las empresas nacionales que han crecido lo  suficiente como para destacar en el hemisferio.
Las pocas que han asomado han sido tan ínfimas que  no han logrado las suficientes  ganancias como para que crezcan y a la vez hagan prosperar a la economía nacional  y con ella a su incipiente  capitalismo.
Esto fue hasta que hizo su aparición la primera gran corporación “made in Perú”  nos referimos a GRAÑA Y MONTERO.
Era la primera trasnacional peruana con el suficiente vigor y eficiencia en la historia que llegó a saltar las fronteras y ocupar importantes mercados en Sudamérica, una de sus últimas hazañas fue la compra de la principal cementera chilena. El sueño se estaba cumpliendo y el desarrollo era posible, no era un cuento de ficción como lo auguraban los pesimistas y comunistas y los encomenderos feudales ni los de siempre, estábamos viendo el ascenso del capitalismo nacional  con el rostro de GRAÑA Y MONTERO.
Era imposible creerlo, pero era cierto, ahora sí podríamos ser como Taipéi o Corea del Sur. Esa empresa que nos ponía en esa expectativa era GRAÑA y MOnTERO,  la única transnacional peruana que se había destacado en este periodo de liberalismo económico, creciendo y traspasando las fronteras peruanas, la más importante que había surgido en nuestro país en su reciente historia capitalista.
Parecía que todo iba perfecto hasta que apareció el escándalo de Odebrecht. Todos hemos sido testigos de su magnitud y de lo que está arrastrando; lo más terrible fue que uno de los que cayeron junto a esta empresa brasileña fue el conglomerado GRAÑA Y MONTERO la joya de la corona peruana.  
Aquí nadie reparó en el daño producido a nuestra economía, pero lo cierto es que la caída de GRAÑA Y MONTERO fue tan catastrófico para el insipiente capitalismo nacional como si en los  Estados Unidos su General Motors fuera quitada de un golpe o si Telefónica en España fuera borrada del mapa así como en Chile Falabella.
Qué nos queda de toda esta murga.
Primero, el sueño de desarrollarnos de forma autónoma con nuestro propio capitalismo nacional ha terminado.
Segundo,  la riqueza producto del crecimiento de un capitalismo local nunca se logrará, así  el objetivo de alcanzar la prosperidad como Corea, Taiwán, alguien lo ha destruido con el golpe a GRAÑA Y MONTERO.
Tercero, hemos ingresado al mercado mundial como simples exportadores de materias primas sin valor agregado y mediocres importadores de productos manufacturados.
Veo el parque industrial de Arequipa y está activo, pero no de manufacturas e industrias sino solo de especuladores que se conforman con la ociosa y neutra actividad de importar productos manufacturados. Nula creatividad.
En eso se ha convertido el sueño peruano de ser un país próspero gracias  al Libre mercado. ¿Cómo negociaron los surcoreanos? ¿Cómo lo hicieron? Solo ellos lo saben. Aquí la elite peruana (si es qué existe) ha dejado que esto pase, y  nos han condenado a ser el eterno país en vías de desarrollo.

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