martes, 13 de febrero de 2018

Las arepas sospechosas

¿Qué será de la señora Betty? Una guapa iqueña que se marchó con toda su familia (esposo y tres hijos)  a la patria de Bolívar a finales de los años ochenta.  Vendieron todo hasta el Lada recién comprado.
Pedro Pablo Kuczynski lo vociferó por la TV, convirtiéndose en el más importante promotor  de la inmigración venezolana y los medios lo apoyan; admirable acción, sabiendo que durante los años setenta y ochenta más de 200,000 peruanos fueron a parar a ese país caribeño.
El chavismo nos resulta  ridículo como el arroz con mango del etnocacerismo,  las miradas al cielo de Chávez o cuando Maduro cuchichea con los pajaritos. Lo que  nos molesta es que nos tomen por cojudos al querernos vender “gato por liebre” con el problema venezolano.
A pesar que los medios locales todos los días hablan de la gravedad de la denominada “crisis venezolana”  dando a entender que la vida en ese país caribeño está peor que acá,  la familia de la señora Betty  ni los miles de peruanos  que por esos años enrumbaron  a  Venezuela aun no han regresado al Perú (yo me pregunto, cómo retornarían  si allá el estado les provee de tres millones de viviendas mientras aquí en la era PPK y su segundo fujimorismo para tener una casita  tienes que contar con al menos 100,000 dólares que son imposible de juntar si el sueldo promedio de un peruano llega a duras penas a unos magros 250 dólares).
Otro aspecto que resulta sospechoso es cómo llegan  los forasteros  y que se suben a diario a los buses,  mientras que los peruanos emigrados a ese país caribeño en los años setentas y ochentas lo conformaban  familias, los venezolanos que ahora están ingresando al Perú se los ve como artificiales migrantes, solitarios como si fueran individuos expulsados de la manada y con el  mismo corte y edad castrense, delgados como un asalariado esbirro caribeño. Uno de ellos se desenmascaró el otro día en un bus de la capital.  Uno de estos personajes que tanto defiende PPK y su prensa, le agarro a golpes a un peruano. En esa ciudad sin identidad no se podía esperar más, sin el mínimo grado de unión ni sentido de pertenencia, nadie en ese transporte  repleto de disminuidos perjuros se levantó a defenderlo o mínimo a separarlos.
Esto hubiera pasado desapercibido como una simple gresca sino fuera por la reacción del venezolano, y tras revisar  una u otra vez el video vemos que cuando  arremete sobre nuestro compatriota lo hace con múltiples jab de derecha e izquierda demostrándonos que tiene un entrenamiento especial en defensa personal, muy alejado a un simple y asustadizo inmigrante.
Alguien los trae.  Cuál será el objetivo, solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto el mundo observa cómo se van acomodando las piezas en este tablero de ajedrez movido por el ascenso de Rusia y China en la escena internacional.
El engorde está en proceso para después sacrificar el cerdo. Una historia tan trillada que el que sabe algo de esta murga me entenderá claramente.  

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