domingo, 19 de marzo de 2017

Yamila Osorio y el puntapié al abuelo

En estas poblaciones, según PPK, de simpáticos chuchos, es común encontrar a verdaderos  salvajes dirigiendo municipios y  regiones. A muchos de ellos, el término: abyectos,  los describe perfectamente,  porque actúan -sin exagerar- como las más despreciables sanguijuelas.
Algo debe estar andando mal en este proceso de descentralización porque  desde que se creó el cargo de Presidente Regional  ahora llamado “gobernador”, no ha significado un “gran” aporte para el desarrollo local sino que más bien ha contribuido para que muchos de estos funcionarios terminen  en la lista de los más ricos de la comarca o los primeros  en hacer de sus instituciones  verdaderas organizaciones  de criminales como fue el caso de La centralita. En Arequipa, la prensa local los ha denunciado hasta la saciedad mostrándolos como una plaga depredadora que han saqueado los recursos de la región aplicando el mismo Modus operandi de la pasada década fujimorista, aunque, no creo que lleguemos  a tener  gobernadores regionales como aquella mejicana, analfabeta y fanática religiosa  que al no poder saciar sus frívolos caprichos con la típica corrupción y torpeza tercermundista solo llegaba al clímax cuando mandaba a desaparecer estudiantes con la ayuda de sus pozoleros.
Quién diría que esa lozana imagen que adornaba hasta hace unos años la postal del círculo más íntimo de Juan Manuel Guillén Benavides seria con el tiempo elegida gobernadora de la Región Arequipa. Como era de esperarse hasta la fecha no le observamos ninguna virtud, solo en aquella entrevista que concedió a ese diario, hizo notar una exagerada devoción por los santos y las iglesias, insinuando que  no hay domingo que no acompañe al delicioso plato de adobo su respectivo evangelio. Acaso, ahí estará la razón por la que prefiere derrochar  millones de soles en la construcción de un templo en medio del desierto mientras el Hospital Goyeneche se cae a pedazos  y  en el otro nosocomio de nombre Honorio Delgado ingresa una mujer embarazada  sana  y  termina contagiada de mortales infecciones  o como lo ocurrido hace unos días cuando el cuerpecito de un bebé (nacido muerto –según ellos-) terminó destrozado dentro de una de sus lavanderías. Es que para estos tiempos debido a los continuos escándalos de los presbíteros no es una buena carta de presentación declarar que uno es un exagerado creyente.
Como muchos otros que en la historia han coincidido el fanatismo con la inoperancia, la actual gestión de Yamila Osorio pasará al recuerdo de Arequipa no  por sus frívolos viajes mientras la Región se encuentra en escombros, sino,  porque constantemente viene negando a miles de adultos mayores su derecho a tener una vejez digna.
Mientras posa para las cámaras con un par de suertudos ex funcionarios retirados de alguna institución pública  ligada a la región,  miles de docentes jubilados cansados y con la boca seca, esperan que la  fiel devota de las iglesias y los santos  facilite la autorización para el pago de su deuda social. Ellos perseveran, sin saber  que en una sombría y púrpura oficina en ese edificio de estilo soviético una “María Magdalena” en un frío cuadro estadístico marcará el número de abuelos fallecidos,  y  porque aún quedan muchos vivos maldecirá y puteará a los cuatro rincones.  Y al  día siguiente dará las instrucciones a la ajada secretaria que indique a los “molestosos” que  “solo se pagará” a los que acepten  perder parte   de su dinero, solo así -recalca-, se les podrá  –quizás- considerar en la lista del mes siguiente. Un virtual puntapié al abuelo y sus esperanzas de creer que esta vez iba  ser distinto, que esta vez sí podría disfrutar después de haber laborado toda su vida recibiendo un sueldo miserable.
Yamila Osorio, después  de salir de la homilía, -a lo mejor-, creyéndose la estrella de telenovelas que siempre soñó, alzará  vuelo en una de sus travesías por el mundo. Los flashes y la prensa como molestosos paparazis pasarán al olvido porque dicen que Río, Madrid  o Toronto siempre serán  buenos ansiolíticos, entretanto,  un anciano menos habrá en esta ciudad de “serranos” que a lo mejor desde niña en su costeña Camaná le enseñaron a discriminar. Un abuelo más se habrá ido, un abuelo que hasta hace unos días con el caminar pausado y sus manos extendidas  rogaba solo un derecho que le correspondía, una dadiva de humanidad, solidaridad y sobre todo respeto que por lo que vemos nunca se encontrará en aquellas personas acostumbradas a las continuas plegarias y liturgias. 

sábado, 4 de marzo de 2017

Antonio Pavón y los caníbales de España

España debió mantener ese matrimonio que se había formado con Portugal en el siglo XVI formando un gran estado que equilibre al Reino Unido y Francia en ese continente. Proyectos como este en la historia española han  caído siempre en saco roto  al  tropezar con unos implacables enemigos que paradójicamente siempre han sido los propios españoles. Esa élite, clase política y clérigos,  valiéndose de un pueblo extremadamente  cerril y complaciente han depredado cualquier intento de modernización. Precisamente, a un par de esos ejemplares hoy desgraciadamente los tenemos entre nosotros haciendo lo que mejor saben hacer, ese oficio de camioneros de telebasura que colabora en cebar con ese tercermundismo mental a muchos compatriotas.
Estos  últimos años la patria de Telefónica   está despidiendo un mal olor por sus continuos retrocesos  que lo están alejando de esa civilizada Europa  para parecerse  más a alguna de esas tiranías del Magreb.  Y esto lo decimos  a propósito de la forma de cómo se coronó a su último monarca Fernando VI. Fue investido como  clandestinamente,  encerrado en un palacio blindado hasta los dientes, atemorizado por unos jóvenes  que afuera protestaban con sus cabezas rotas, muchos de ellos fueron detenidos, pintando así la  investidura de un antiguo régimen que hacía agua y que recordaba  la que tuvo María Antonieta en Versalles.
La actual monarquía  no permite lavar  el rostro de España  y su terca política lo está llevando inclusive a su propia desmembración con los intentos secesionistas de Cataluña. Y cuando alguien intenta buscar justicia para las víctimas del franquismo como el juez Baltazar Garzón,  estos son perseguidos dejando a España junto con Camboya como los países en el mundo con  más fosas comunes dentro de sus territorios.
Lo más triste de este culebrón es que existe un buen número de españoles que no conocen esta realidad o simplemente no les interesa. Son un grupo numeroso que permite que la frustración sea casi su lema nacional. De toda esa muchedumbre  que históricamente han consentido este atraso frente al norte de Europa, gracias a la globalización y para la maldición del territorio que pisan, muchos  de ellos han logrado saltar sus propias fronteras para caer por desgracia en el  Perú, no para contribuir con su  desarrollo y progreso sino para mantener el atraso en nuestra sociedad. Han  destacado dos como los mejores portavoces de lo peor de España que quiere decir de Europa. Nos referimos a  Antonio Pavón y un tal Santi Lesmes. Ambos, son fieles representantes de aquellos que en su patria a través del tiempo han canibalizado todo intento de  progreso y, como si no les bastara el daño que han hecho a su país hoy los tenemos por aquí cumpliendo la misma tarea que hacían allá;  porque,  cuando abren la boca solo lo hacen para defender la incultura, el trabajo sucio de la  holgazanería del chisme, los prejuicios raciales, los fundamentalismos religiosos, la cobarde y sanguinaria corrida de toros. Y esa televisión limeña que se asume la letrina misma  inclusive ha dado licencia  para que el tal Santi Lesmes llame feo a un  peruano en su propio país por las pantallas de televisión y a nivel nacional.
Cuántos como  ese par  estarán por esta tierra de nadie  de fronteras que son coladeras en el que pueden ingresar libremente: asesinos, maleantes de todo tipo, drogadictos,  sicarios de la peor calaña, gracias a los señores de migraciones que seguramente tienen firmes instrucciones de algún burócrata influyente,  extremadamente racista e ignorante con el cerebro congelado en el siglo XIX que sigue creyendo que el mejor inmigrante extranjero que necesita el Perú es aquel que sea lo más blanco posible aunque este sea un criminal, y que de alguna manera sirva para “mejorar su disminuida raza” de él o de sus paisanos. Qué tal hijo de mil putas.