sábado, 29 de julio de 2017

PPK de rodillas


Mónica Delta, con un jalón de orejas nos despertó de madrugada este 28 de julio. Se veía como una especie  de sacerdotisa estirada y déspota, maneras que no perdió ni cuando estuvo  caracterizada como una anciana centenaria autodenominándose la adalid de las mujeres maltratadas y que a medio Perú aterrorizó de solo pensar que podría vivir tanto, pisoteaba como ella misma lo sabe hacer a un notorio país diverso no solo étnicamente sino también  en pensamiento,  nos estrujaba en el rostro asegurando que por ser la comarca de mayoría católica deberíamos de aceptar estoicamente esta ceremonia denominada misa Te Deum.
Mónica Delta, en ese promocionado spot publicitario no necesitaba de tanto maquillaje para verse tan arcaica,  porque  al igual que muchos de sus colegas, se ven muy pasados de moda, cuando en este tipo de celebraciones vociferan  por las pantallas sus  creencias personales porque según ellos es la misma que tiene la mayoría de la población, sin meditar que con esto están discriminando a todos los que no compartimos sus mismas aficiones,  insinuando además  que  por tener esta supuesta  “carencia de fe”  no eres peruano  y,  sin mediar disculpa alguna o por lo menos un comentario,  atropellan nuestro derecho de libre conciencia mostrando todo el evento como una imposición al nivel de una medieval  “Arabia Saudita”  sudamericana.
El Perú ya no es el de 1821, ahora es un país estable y democrático, y en camino de consolidar  el estado de derecho. En esta realidad  resulta anacrónico continuar manteniendo determinadas ceremonias religiosas dentro de las celebraciones del 28 de julio,  ya que el número de peruanos que no profesa ningún tipo de religión va creciendo continuamente gracias a que existen muchos asépticos desde pequeños y otros que han leído algo y algunos que  gracias a la globalización en sus viajes de estudios o de cualquier otra índole tuvieron la oportunidad de tener contacto con sociedades secularizadas y el hecho de existir la internet con  sus redes sociales. En democracias más antiguas como la francesa o norteamericana este tipo de actos religiosos  no se dan en sus aniversarios patrios por respeto a esa diversidad de su población. Pero aquí todavía falta mucho para que se respete este derecho de muchos compatriotas.
Todos los presidentes han sido católicos  y si no lo eran han tenido que serlo, pareciera que fuese uno de los requisitos para asumir ese cargo. Esperemos que esto no sea una imposición como se hace en la República Islámica de Irán en donde para ser presidente  antes tienes que ser aprobado por el denominado “Consejo de Guardianes” formado por teólogos ultra religiosos.
Y ahí tenemos al risueño y bonachón PPK. Antes de ser presidente nunca mencionaba en sus discursos públicos y entrevistas algún gesto o manera que nos recuerde a aquellas  personas religiosas,  es más, se lo veía como tantos otros angloparlantes pragmáticos de extracto puritano y luterano. Y si además revisamos su árbol genealógico veremos que desciende de una antigua familia  judía europea.
Con todos esos antecedentes creíamos que quizás PPK  iba ser el primer presidente no católico en la historia del Perú, solo lo creíamos,  porque después de verlo ayer arrodillado y persignándose  nos demostró que era un ferviente creyente católico. Qué bien, por él.

No sé por qué me recordé del flaco Alcatraz, un compañero de celda en esa mazmorra franciscana, que para conservar el buen empleo por varios años tuvo que fingir ser un devoto católico. Una vez me confesó “soy ateo” como queriendo expulsar algo que lo tenía por años  atragantado en el cuello y sintió cierto alivio y, se alejó con el rostro avergonzado  del que tiene que luchar todos los días contra su conciencia al fingir y mentir y morderse la lengua cada vez que quiera confesarlo. Era como ver a  Andrew Garfield en el film “Silencio” de Martín Scorsese, cuando interpretaba a un monje cristiano en pleno Japón del siglo XVII que estaba condenado a fingir por el resto de su vida  que era un fiel devoto de una creencia que no profesaba.  

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