jueves, 20 de julio de 2017

Mario Vargas Llosa y el segundo round

En cualquier escenario  todos tenemos una segunda oportunidad. En esta imaginaria línea del tiempo nos ubicamos  en plena campaña electoral de finales de la década de los años ochenta. Siendo imparciales y a pesar que sus asesores más duchos le aconsejaban  que no  lo hiciera,  el ser honesto con el electorado peruano al revelar que aplicaría austeras medidas económicas  y el hecho de haberse aliado con cadáveres políticos como Belaunde Terry  y Bedoya Reyes que en lugar de sumarle le restaron votos porque aún estaba fresco en la memoria de la población su nefasto gobierno accio-pepecista de 1980-1985, le pasaron  factura a  Mario Vargas Llosa costándole  esas elecciones generales de aquel año.
Todos este tiempo trascurrido y poniendo en la balanza tanto lo positivo y negativo nos damos cuenta que fue una equivocación  para los peruanos elegir como mandatario al autor de la excusa del bacalao.  Su peor herencia fue  darle a nuestros conciudadanos la certidumbre de que en el presente se encuentran dentro de una especie  de “república fujimorista” inestable  y del que no se libra nadie de estas denuncias de corrupción e inoperancia vulnerando así esta neonata democracia.
Hoy leí una buena noticia en mucho tiempo y lo extraño es que fue en el diario “El Pueblo”  que cada vez que lo ojeas literalmente te ensucia la mano. En ella, el nobel  peruano advertía que como en sus inicios en la política,  encabezaría una marcha en las principales ciudades,  siempre y cuando  PPK  se empeñe en indultar  al ex dictador Fujimori.
He vuelto a tener esperanzas en el futuro cercano. Es como un atisbo de aliento al ver que aún  puede  brotar algo bueno que cambie este panorama predecible  en toda esta tierra quemada por el fujimorismo.  Era como regresar a fines de los ochenta en esa Plaza de Armas de Arequipa  cuando Vargas Llosa iniciaba su campaña electoral. Eran épocas en las que aún guardábamos  ingenuas esperanzas. Los cambios liberales que auguraban un mundo más alentador se ensombrecieron con el sorpresivo ascenso de Alberto Kenya Fujimori Fujimori,  dejándonos con su dictadura una burda copia pirata de lo que significa el progreso.
En esa segunda vuelta del año electoral de 1990 se produjo un quiebre traumático en muestra historia reciente. Quien diría que en esos sufragios se iba a jugar tanto  y, perdimos.
Mario Vargas Llosa, en este momento, encabezando una marcha significaría  romper con esa pasada encrucijada que nos trajo todo esté presente sometido a los mandatos de un fujimorismo que sigue pasando sobre la voluntad de la mayoría de peruanos.
El Perú y el escritor arequipeño  tienen esta oportunidad de limpiar esa mancha en muestro  pasado.  Quién más podría  encabezar  esa protesta  congregando  a peruanos que aún tienen la esperanza de concluir aquello que no se pudo realizar en esos años buscando acabar con herencias déspotas y construir una  democracia  civilizada.   
El escenario es distinto a 1987 pero los  adversarios siguen  siendo los mismos: la impunidad al pillaje y el culto a los rezagos de una dictadura  que representa  todo aquello que nos ha hecho girar en este casi eterno subdesarrollo.
Mario Vargas Llosa con nuevos bríos  y su irrefutable e indemne lucidez tiene lo necesario  para completar quizás su mejor obra inconclusa  desde  esas accidentadas elecciones de 1990.  En la actual coyuntura política no tendría rival.

     

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