jueves, 6 de julio de 2017

Keiko Fujimori y la democracia secuestrada

Cómo se puede promover y consolidar la democracia en nuestro país, lo que justamente propone  la  Carta Democrática Interamericana, cuando existen poderosos grupos que les incomoda hallarse dentro de ella. Este axioma no tiene nada de novedoso porque en Chile, su democracia ha estado  bajo la férrea tutela de los que mantuvieron la dictadura pinochetista. La democracia chilena fue una dadiva muy vigilada, con un control casi prusiano, por los protectores y herederos de aquel gobierno tirano.
Las aguas en la política peruana al fin  se habían calmado después de la tempestad provocada por el  legislativo fujimorista  y, el presidente Kuckzynski inerme  profería progreso al colocar  la primera piedra de un importante  plan para desarrollar al maltratado Ayacucho. Cuando parecía que el país entero se estaba tomando un respiro, aparecen de nuevo. Era mucho pedir para estas hordas esteparias curtidas en la cruda corrupción y  las matanzas de la década de los noventa.
De pronto los diarios  y los otros medios inclinados al fujimorismo como en las mejores épocas de los Schütz  y los Crousillat  retornaban con su implacable bombardeo desestabilizador sobre la “Guernica” peruana (que vendría  a ser nuestra neonata democracia).  Esos titulares otra vez removían el ambiente político ahora obligando al mismo presidente de la republica a un encuentro con la cabecilla de esos “hunos”. El propio mandatario elegido por la mayoría de los peruanos la máxima autoridad de este país es forzado, sacado a empellones de su justa, tranquila y cálida morada para “dialogar”. Se había invertido los papeles porque ahora los fujimoristas con  garrote en  mano  actuaban como aquel almirante Perry que en 1852  se presentó  en las costas del Japón exigiendo la presencia del shogun para  un “amable” dialogo.
A pesar que los medios están  creando  esta especie de culto a la personalidad en torno a la imagen de la primogénita de Alberto Fujimori, la realidad es otra en las calles. El fujimorismo ha mostrado una  vez más sus músculos  obligando  esta reunión. Tiene a su favor la mayoría de la presa  y los grandes grupos económicos que se empecinan en imponernos  a esta especie de “kim Jong-um” mediático restregándonos  diariamente su rostro jalado y regordete.  A pesar de toda esta fuerte campaña de los medios de comunicación  la candidata a la presidencia por Fuerza Popular  no tiene al pueblo peruano. Ni los miles de millones de dólares han logrado cambiar esto, porque todavía existen connacionales  que, como en ese entonces, no aceptaron ni aceptarán  la plata que daba Laura Bozzo para que lamieran  las axilas de ese régimen fujimorista.
Una enorme nube toxica  como en el peor momento del desastre de Chernóbil ha escapado del parlamento fujimorista, creando este escenario de asbesto  que te asquea y te provoca un incontenible vómito cuando te enteras que el posible reemplazo para contralor sería Rafael Rey.
El fujimorismo una vez más ha  pisoteado  la voluntad popular.
Desde aquí nos preguntamos: ¿Es necesario seguir imponiendo a keiko Fujimori a la población peruana?
¿Esta democracia que nos ha concedido la providencia  sólo puede sobrevivir si los peruanos aceptamos a la hija del ex tirano como presidenta?
¿Los peruanos no merecemos  como ciudadanos respetables otra  opción  fuera de esta imposición de los medios?   ¿Por qué no nos cambian este manoseado y nauseabundo menú? 

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