jueves, 29 de junio de 2017

Rusia y el mundial sudamericano

Ese gol del Racing sobre Independiente nos regresó al futbol y que mejor verlo en Rusia, uno de los países más interesantes del planeta.
Ha sido la mejor elección poner a la Federación  Rusa como sede para el mundial de futbol del próximo año. El país más extenso del mundo posee una enorme cantidad de ciudades importantes desde San Petersburgo, Kazan o Nizhni Nóvgorod, ni qué decir,  la misma capital Moscú.  Definitivamente,  el planeta entero está  a la expectativa de lo que será ese mundial.
Después de ver el anterior realizado en el gigante brasileño con sus enormes urbes y lo que será Rusia en el 2018, no entendemos cómo la FIFA pudo darle la organización del mundial 2022 a Catar, es una completa estupidez. Jugar en un país tan pequeño y con apenas una ciudad que rebaza a duras penas el millón de habitantes, no entiendo como harán, se repetirá la misma  ciudad un encuentro tras otro, esto es descabellado.
En esta Copa Confederaciones se puede observar que los estadios rusos son realmente espectaculares. No tienen nada que envidiarles a los recintos de Europa occidental, incluso algunos,  guardan una  armonía en su infraestructura  muy parecido al  Giuseppe Meazza.
Da gusto ver jugar el balompié en esas alfombras verdes reflejo de lo que es Rusia ahora una verdadera potencia mundial.
Aunque aquí los narradores de futbol con la tradicional escuela del griterío de cantina se limitan a mencionar solo las jugadas y dejan  a un lado la oportunidad de  describir al público el entorno, el país en donde se juega, la patria de los jugadores  y el estadio con su ciudad y sus obligadas características e idiosincrasia. Pero no, es pedir mucho  a Barnechea y su grupo.
México en el futbol mundial es un gigante con pies de plomo, lo mismo ocurre con los EEUU. El balompié de la CONCACAF sigue siendo muy mediocre,  la única posibilidad para ellos sería proponer su unificación con la CONMEBOL. Ese tipo de cambios es beneficioso cuando tienes mejores rivales, como ha ocurrido con Australia en donde se nota  la mejora.
Ya sabemos que la final de la Copa Confederaciones será entre Chile y Alemania. Otra vez se enfrentan Sudamérica contra  Europa.              
El equipo chileno ha llegado a su madurez, por lo tanto, es experimentado,  tiene orden y sobre todo carácter, son como sus araucanos recios defensores de su área, es el momento de que se consolide entre los grandes de Sudamérica. Si no rompe con esa conocida mentalidad colonizada latinoamericana, en esta final no podrá con Alemania por ser sus mentores no solo de su ejército sino también de Pinochet.
El conjunto alemán que está en proceso de recambió de jugadores, ahora es un equipo joven que debe estar cuajado en la próxima década. Pero tienen lo suficiente como hacerse de esta Copa Confederaciones. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Carlos Meneses Cornejo y la extinción del racista

Esta tierra tiene un clima por demás sano, sin excesos de temperatura que te sienta muy bien y su cielo despejado casi todo el año, ayuda mucho para poder distinguir con mayor  nitidez sobre todo esa huachafería analfabeta y cerril que aún mantienen ciertos pobladores principalmente cuando despotrican sobre la gente llevados por sus malsanos pensamientos  que su mente cuadrada puede permitir.
De toda esa  generación “gracias a dios” van quedando muy pocos. El más “ilustre” de todos estos y tristemente célebre racista fue Andrés Bedoya  Ugarteche al que su chilenofilia llegó a tales extremos que no se le diferenciaba  de aquella servicial “trabajadora” del más arribista burdel tacneño.  
Carlos Meneses Cornejo aparte de ser director del diario conservador "El Pueblo", tiene en este matutino una sección que como buen seguidor de “Jack el Destripador” lo ha fragmentado en cuatro partes. En cada una de ellas si tiene  la oportunidad, hace notar los más decadentes  prejuicios principalmente cuando repuja un lenguaje racista e intolerante de fundamentalista religioso que hace ver a esta tierra de libertad como un reducto de talibanes.  
Una huachafa supremacía le deja un resentimiento insensato que  lo resalta con total desvergüenza cuando se refiere a todo lo que representa ser Quispe, desconociendo la grandiosidad del Quispe, un apellido de origen quechua y que tiene un linaje y antigüedad que supera en mucho al más viejo de los apellidos hispanos.  Quispe significa “el que ilumina” y es justamente lo que le falta a Carlos Meneses, abrir los ojos, ver más allá de los fanatismos, prejuicios y estereotipos que desde pequeño seguramente  le inculcaron, alejándolo de ese occidente tolerante y científico  y  acercándolo mas a un bóer sudafricano resentido que odia al pueblo originario y verdadero amo de la tierra que pisa.
Las más prosperas y  dinámicas ciudades en el mundo se han construido gracias a los inmigrantes y a pesar de esto, Meneses Cornejo, reniega de la llagada de gente de la zona del altiplano, y desde su inhibido parapeto muestra todo su desprecio aplicando términos despectivos como  “invasión aimara  o quechua”. Solo consiente a los foráneos si estos se ven algo “blanquiñosos” como los colombianos,  ahí  no reclama,  a pesar de los numerosos malandros, todo lo contrario, da a entender que hasta son más  necesarios que los altiplánicos. Yllega  al ridículo cuando lo compara con lo beneficioso que fue el arribo del Gran  Simón Bolívar, olvidándose que este libertador nació en Caracas.
Carlos Meneses Cornejo representa eso, una generación que menos mal,  ya quedan pocos. Son tan viles estos grupos que la providencia ha hecho que no tengan casi descendencia quizás para que no sigan contaminando esta tierra de libertad y  tolerancia que es Arequipa, y los que sí se han procreado, la buena fortuna ha enviado a sus proles a otras latitudes fuera de nuestra variada y sana convivencia.
Cuando llegaron los primeros españoles para fundar esta ciudad huyendo de la malaria  camaneja, Garci de Carbajal y sus huestes encontraron familias ya formadas entre indígenas e hispanos y niños mestizos jugaban entre estos parajes. Ese mestizaje siempre ha caracterizado a nuestra cultura arequipeña y ninguna mente lúcida lo puede negar, fue un mestizo que no renegaba de sus ancestros indígenas como ahora  sí lo hace quizás el mexicano.
Carlos Meneses Cornejo, si bien tiene muchos años en el periodismo local, estos han sido años desperdiciados y fútiles, como lo fue en su momento el diario “Arequipa al día”, con pobres transcripciones y artículos escritos con un lenguaje de adolescente que no contribuyeron para hacer de nuestra sociedad algo más evolucionada en tolerancia y lucidez.   

viernes, 23 de junio de 2017

El Nerón fujimorista

El humo negro y venenoso a cubierto parte de su cielo ya de por sí gris y horrible de una de las capitales más enviciadas de Sudamérica. Todo ese hollín no viene de un “Word Trade Center” ardiendo ni mucho menos, sino,  de lo que más da empleo  y prolífera  en esa ciudad, los mercadillos.
Da la impresión que no hay donde apoyarse ni de donde respirar en esta especie de atmosfera de asbesto, es como un escenario previo al acto principal. Como para hacer creer que todo está calcinado o perdido y así logren asimilar la “estocada final”.
En las primeras escenas se tumbaron  a uno  de los doce apóstoles y dueño del principal monopolio lácteo de la comarca. En el siguiente, hacen pulsadas la gente de PPK y los fujimoristas exigiendo lo que es su principal proyecto para el país: la liberación del cleptómano ex tirano.
La prensa peruana en su mayoría fujimorista ayuda para atizar más el fuego publicando en sus titulares con grandes letras ¡Crisis política!  Cuando nunca hubo algo parecido salvo el escándalo que los propios fujimoristas y sus medios arman  con el mismo objetivo de siempre que es minar a nuestra neonata democracia. En ese grupo se congrega todo tipo de déspota hasta los frailes de la conferencia episcopal haciendo fuerza con la Marta Chávez para impedir que continúe esta especie de democratización de nuestra sociedad peruana.
Aunque  los ministros oficialistas que han rodado sus cabezas por estos días no se han  caracterizado por ser un mar de virtudes, en realidad han sido o siguen siendo intrascendentes si uno los compara con aquellos que sí han dejado huella y han constituido elementos importantes para el desarrollo de sus determinados países y nos cansaríamos en enumerar esos casos.
Sino analicemos,  sacaron a un ministro de educación  que ahora nadie extraña pero a pesar de su partida ha dejado verdaderos  analfabetos en ese ministerio que siguen minando las posibilidades de que esta sociedad cuente con una educación de calidad. Para muestra un botón,  en la última prueba de nombramientos, para aprobarla un  profesor de historia debe ser diestro en lógico matemática, a pesar de que en su trabajo pedagógico diario se aplican esas mismas capacidades en los problemas estadísticos de economía, una prueba por demás improvisada como lo sigue estando  el proyecto de la educación peruana.
El ex ministro Martín Vizcarra,  buen hablador y demagogo,  prometió un tren eléctrico para Arequipa del cual hasta la fecha no se sabe nada, ese funcionario tristemente solo destacó por ser el mejor vocero del actual presidente de la república.
Continuo el ahora ex ministro de economía Alfredo Thorne que ha ocupado el  puesto que hasta un simio de la NASA  lo haría sin problemas  porque es evidente que  en esa materia estamos en piloto automático.
Y el ministro del interior que cree que seguridad ciudadana significa colocar una gigantografia de los más buscados y en el que no figura el rostro del caco  que el día anterior se llevó mi balón de gas.
Sigue ardiendo la capital y ahora el contralor ex vecino de San Martín de Socabaya  se lo quieren “bajar”,  comentan por ser fujimorista, pero si  ante esta noticia vemos que se alegran  la gobernadora de la región Arequipa y el actual alcalde provincial, eso nos demuestra que ese contralor no estaría haciendo las cosas tan mal como dicen.
Mientras se quema Lima y un tipo de chaleco amarillo sale para excusarse de ese torpe trabajo de Castañeda y Defensa Civil, se siente un ambiente de que se prepara algo especial  como el escenario preciso  para dar libertad al principal incendiario de toda esta murga.
Apenas comenzaron los atisbos de fuego en ese mercadillo hacinado de productos inflamables,  las primeras que salieron de ese edifico peligroso fueron las ratas. Estos roedores mostraron lo astutos que son aprovechando el caos para huir gracias a la complicidad de muchos en ese podrido muladar que es su habitad.

domingo, 18 de junio de 2017

El discurso ecuatoriano

Un tecleado más, uno más,  mientras el televisor continuaba encendido. Esta vez, en esa caja  boba no estaban las putas ni los mismos musculosos con cerebros de mierda. Ni salía el conocido lenguaje baboso y chueco de Becerril, no estaba Jorge del Castillo excluyendo a los quispes y mamanis, junto a toda esa jauría de perros de presa que salpican diariamente su gargajo más fanático y que tienen el micrófono siempre abierto para su protagonismo tan  repugnante  como ese chucho inflado en la torrentera porque sigue relleno de esa enorme cantidad de gusanos.  
Ese televisor de 14 pulgadas, ahora no se trastornaba  con el alarido yihadista de Phillip Butters  afirmando que para ser peruano tienes que vestirte con un atuendo morado y cargar aquellas pesadas andas en esa procesión o cuando emite la voz de Luz Salgado y  sus ínfulas de zarina caprichosa.
Parecía que algún alma en pena había vuelto de la Constituyente de 1979  y estaba dando un discurso plagado de  humanidad, sensibilidad social y bien común, una costumbre hoy extinta desde que el fujimorato impuso  ese leguaje de estólido cajero a  los que tienen la palabra en ese tipo de ceremonias.  
Era extraño escuchar esas progresistas soflamas en la televisión y los medios de hoy en día  que más destacan  a los que lideran la revista Forbes que al número creciente de tuberculosos que da el MINSA.
Estaba oyendo palabras como reciprocidad, respeto al ser humano, más o menos, como la voz de un gobierno que velaba por los intereses de sus ciudadanos. Era raro no escuchar a Velásquez Quesquén disculpándose reiteradamente  para no ofender a esa  trasnacional de telecomunicaciones o a la millonaria minera toxica y a la vez consintiendo  que continúe sin pagar sus impuestos dejando entrever que ambas tienen más derechos que un  simple ser humano.
Aquella extraña disertación hablaba de respeto a la diversidad y el sentido de pertenencia a un pasado milenario y de patriotismo pero no ese manotazo de yuppie que a duras penas se sujeta a un plato de ceviche o un pisco, sino, de aquel que te asienta los cojones y te afirma a una tierra  porque sabes que existe un gobierno que no ha sido suprimido con ese discurso noventero de finales del siglo XX, por el cual, al seguir la línea de la “NO intervención del estado” han exagerado tanto hasta llegar  a olvidar la salud y la educación y el sentido de bienestar de la población.
Extra planetaria alocución con un acento que no era de acá. Dejé de teclear y me acerqué a la pantalla para ver quién era el que pronunciaba tan saludable arenga y me encontré con la juramentación del nuevo presidente del Ecuador.
Qué sano se escuchaba ese discurso sin las peroratas de Luz Salgado, los galarreta, los becerriles,  los del Castillo y los alanistas, las keikos y sus chacones. Sin la irracional barbarie de ese largo etcétera.
Tal vez ahí está la razón por la que en ese pequeño territorio han sabido equilibrar bien su población: tienen a Quito y Guayaquil como las dos grandes urbes del país que compiten por ser las mejores, uno desarrollando los Andes y la otra mirando al mundo, una nacionalista y la otra cosmopolita. Encontraremos también dentro de todo esto, las razones por la que un equipo de fútbol  ecuatoriano como el LDU de Quito ganó la Copa Libertadores en el año 2008.
Defensa de los recursos de tu país, patriotismo,  solidaridad con los que menos tienen, respeto a tus raíces. Cuán necesarios son para elevar la autoestima de un pueblo. Esa es la pura verdad.

jueves, 15 de junio de 2017

Perú, el viejo mundo

Hace poco un imberbe reportero capitalino,  micrófono en mano, lo declaraba  con total desparpajo por el canal racista número uno de la comarca: PLUSTV.
Llamaba viejo mundo a Europa.
Usted se preguntara: ¿y qué hay de malo en eso?, pues nada, si es que uno quiere seguir viviendo en el desconocimiento.
Ese es uno de los grandes problemas que tenemos,  seguimos desconociendo mucho, desde lo que nos rodea hasta los componentes de ese  tarro de leche.
Ya es anacrónico para un peruano seguir llamando “viejo mundo” a Europa y ahora pasaremos a explicar las razones.
Lo tenemos claro que el subdesarrollo no es económico ni mucho menos,  este tercermundismo es intelectual y depende del  grado de ignorancia que posees  y sobre esa vulnerabilidad  te cae el mazazo.
Si la historia del Perú  la pusiéramos  en un paralelo comparativo con el desarrollo histórico europeo nos daremos cuenta que lo que conocemos como  civilización (el hecho de vivir en ciudades y sociedades complejas)  se desarrolló mucho más antes en nuestra comarca que en la tierra de Sófocles. Mientras aquí el antiguo peruano vivía en urbes  como Caral  (2700  a.C)  con pirámides truncas y avanzados  sistemas sociales y económicos,  en toda Europa de aquella época  desconocían de todos estos avances.
La civilización de Caral que se desarrolló hace 5000 años coloca  a la  cultura peruana como más antigua que la europea y esto quiere decir entonces desde la óptica y perspectiva peruana que el viejo mundo no es Europa sino nuestro país,  hoy considerado en el exterior ilustrado como uno de los pocos focos de civilización del planeta.
Enorme trascendencia ha tenido el descubrimiento de la civilización de Caral, pero a pesar de ello es completamente desconocido para el peruano. ¿Cuáles han sido las razones para que esto suceda? ¿Detrás habrá  acaso motivaciones políticas, raciales o de otro tipo? No lo sabemos.
Lo que sí se puede percibir  claramente es que, la editorial Santillana  viene monopolizando, como la leche Gloria en los lácteos, la información escrita que los jóvenes peruanos aprenden sobre  su historia. Este conglomerado editorial español desde hace buenos años viene colocando en sus libros  los datos sobre  Caral reducidos a un simple, minúsculo y marginado artículo. Por esta razón millones de estudiantes  y  la sociedad en general peruana  siguen desconociendo la importancia que tiene para ellos esta antiquísima civilización descubierta  hace más de veinte años.
Por un lado este conglomerado editorial censura la importante información sobre Caral y por otro el Ministerio de Educación  permite este atropello sobre nuestra cultura.
Dos razones que quizás están detrás de que la gran mayoría de peruanos desconozcan todo esto. 
La milenaria cultura peruana es una de las principales fuentes de donde se puede extraer esa idea nación que seguimos buscando, pero parece que existen topos que no les agrada esto e intentan con sus malas artes que los peruanos nunca nos enteremos de nuestra valía.
Esa milenaria cultura peruana  se sigue develando y nos seguirá dando grandes sorpresas,  todas encaminadas para que los peruanos seamos cada vez más unidos y orgullosos de lo que somos y de lo que tenemos y,  no creemos que una editorial por más poderosa que sea o un intolerante funcionario hispanófilo del Ministerio de Educación o de otra oficina del gobierno pueda censurar todo esto. 

lunes, 12 de junio de 2017

Verdes mis algarrobos

A diferencia de lo que uno creería,  cuanto más conozco a este país más lo quiero. No existe  en  el mundo algo parecido, con las disculpas del caso.
Lo mejor que tiene este país es su pueblo. Fecundo, alegre y posee sobre todo  una resistente esperanza. Parece una locura pero es cierto. Poseer esperanzas  entre tanto escombro es casi una locura.
A pesar del genocidio de los años ochenta y  las esterilizaciones del régimen fascista de Fujimori, en esta sana gente el  índice de natalidad no baja como  en las poblaciones occidentales  y hasta en sus apócrifas  Argentina o Chile.
Es que somos un pueblo  milenario.  Aquí el clásico argumento no surte efecto porque los años nos ayudan  para acrecentar nuestra sabiduría  y  Caral  nos da la razón. Sabemos cómo prosperar desde nuestra propia visión.
A pesar de los numerosos tiranos cleptómanos,  ahí vamos, ligados  a esta tierra. Una  memoria intrauterina  nos dice que en estos miles de años hemos pasado por peores momentos y viles gobernantes. Hay que agradecer a esa providencia que seguimos  aquí  y con nuestra gente por eso no le  tenemos resentimiento a nadie  ni siquiera  a  esos bribones que intentan vendernos cicuta  enlatada con finos rótulos.
El otro día unos municipales  arremetieron  contra  un inmigrante venezolano  y  por el forcejeo  sus  arepas terminaron regadas  por el suelo. No era Londres ni Nueva York,  en esta ciudad de recientes migrantes sus vecinos  salieron en defensa del perseguido de Maduro.
Es que así es nuestro pueblo, posee una nobleza  y clase que ya quisieran tener sus élites, mediocres por demás y  únicas culpables de que algunas veces estemos  a la deriva.  El mando del barco anda algo mal desde hace buen tiempo  y no ha mejorado ni cuando desembarcaron  los hispanos ni  cuando unos montaraces terratenientes se vieron obligados a crear todo esto,  apresurados e improvisados,  como cuando esa mañana le pasaron la nota a Rosa Merino.
Pero, queda la esperanza y, este pueblo nunca la ha perdido  ni con la decepción de  Billinghurst, Leguía o  Fujimori.
A pesar que  algunos  gobernantes intentan hacer del engaño al pueblo el  lema nacional, la esperanza de ese pueblo aún sigue intacta y se nota principalmente cuando lo canta en su huaynos o valses como aquella famosa letra:
“Verdes mis algarrobos verdes. Verdes como la fe de la esperanza. Una cabaña, un candil,  un perro lobo y  una cholita que adoro con delirio”.
Suficiente. Para qué más.
Vivimos en este  territorio  por generaciones y  hemos visto  tanto  cacique  torpe que sencillamente, nos tiene sin cuidado, porque sabemos que nuestra verdadera felicidad  nunca  dependerá  de su mala leche. Y como bien lo dice esa canción, tenemos todo.  Es que el Perú y los  peruanos somos más grandes que nuestros problemas y no es tedioso decirlo.

jueves, 8 de junio de 2017

La Gran Victoria peruana en la Guerra de 1879

Los británicos nos dan cátedra a la hora de plasmar en sus  libros la historia de tu propio país. Ellos y sus historiadores fuera de los prejuicios y con férreo sentido de pertenencia  han sabido hábilmente  ilustrar en sus libros invirtiendo  una estrepitosa derrota  en transcendental  victoria.
Por algún motivo  los que escriben la historia en nuestro país, han olvidado, o en realidad, han ocultado el mayor triunfo psicológico ocurrido sobre las tropas chilenas  en la decimonónica Guerra del Pacífico.  Y utilizo la palabra  “ocultando” porque muchos de estos historiadores,  escritores y también aquellos funcionarios puestos a dedo en el Ministerio de Educación  afectados por los prejuicios un  virus endémico en el país que les hace  instintivamente  depreciar ciertas hazañas realizadas por gentes  que  por generaciones han considerado inferior, negando de esta manera,  la oportunidad de que estos aparentes “insignificantes”  triunfos  se vuelvan grandes y trascendentales epopeyas  que pueden servir como instrumentos  que eleven  la autoestima y el patriotismo dentro de la población.
Los Andes han sido siempre una enorme frontera infranqueable y poderosa, y cuando el ser humano lo ha utilizado para la defensa  constituye una pieza fundamental  para obtener la victoria.
Cuando uno revisa la Guerra del Pacífico, no encontramos algún triunfo sobre las fuerzas chilenas que se equipare  por su relevancia a las derrotas  que le infligimos  ese 9 y 10 de julio de 1882. Nos referimos a las batallas de Concepción,  Marcavalle y Pucará, origen de la mayor derrota psicológica que ha sufrido aquel ejército extranjero invasor en esa infausta guerra.
Esos días unos cuantos campesinos quechuahablantes,  hoy olvidados por la inhibida historiografía capitalina, lograron la mayor victoria acaecida  sobre el ejército invasor chileno.  Hombres humildes con solo hondas y uno que otro fusil anticuado derrotó a lo mejor de la elite chilena armados hasta los dientes con lo último de la  tecnología militar británica y norteamericana.
Este triunfo de estos peruanos  no fue un hecho aislado o producto del azar, no. Y desde aquí lo venimos escribiendo hace buen tiempo. El carácter del Perú está en los Andes. La energía victoriosa, esos valores que  hacen de un pueblo  fuerte y hacedores de los mayores laureles siempre ha tenido un cariz andino. Ahí están los motivos por los que hoy somos conocidos en el mundo con esas maravillas modernas manifestado también con esa riqueza gastronómica. El triunfo nos  aguarda  en el mundo si este es producto de interiorizar ese brío que emana desde nuestra cultura milenaria,  y muchos lo saben,  Gastón Acuario no nos dejará mentir. El blanco peruano como Jean Pierre Magnet o el tenor  Juan Diego Flórez se envuelven de respeto y fortaleza frente al público cuando  eligen este camino  y  la destacada negra Bartola se enaltece  de  orgullo cuando lo destaca, y  el indio, cuando se asume, levanta el rostro automáticamente sanando de esa enfermedad que lo estropea siglos.
Y cuando el jugador de fútbol Claudio Pizarro escribe en quechua y aconseja a que el resto lo haga se convierte en un ganador de por vida,  como Gian Marco cuando termina sus conciertos entonando en quechua trasmite toda esa energía a sus espectadores que al salir del espectáculo se cargan de un inusitado arresto.   
Lo mismo ocurrió con esos campesinos quechua hablantes al arrancar de sus entrañas  esa fiereza de inspiración andina,  energía milenaria que les dio el triunfo en Concepción, Marcavalle y Pucará.

Este es el gran mensaje que podemos extraer de la más importante victoria  que hemos tenido sobre el ejército invasor chileno en la infausta Guerra del Pacífico de 1879.