viernes, 17 de febrero de 2017

El caso Odebrecht y los tufos golpistas

Después de esta especie de cacería  internacional que se ha montado  en torno al ex presidente Alejandro Toledo, parece que  si la intensión era dañarlo el cálculo les ha salido muy mal,  porque ahora se lo ve como víctima  de una persecución política y cuando era casi un cadáver político todo este mediático protagonismo lo han regresado de las cenizas resucitando sus aspiraciones políticas. Pero,  al margen de todo esto, lo que sí han logrado es dañar seriamente a nuestra neonata democracia  que con tremendo porrazo la han dejado desgreñada y con signos vitales de un paciente  terminal. Apenas  ingresó  a la Unidad de Cuidados Intensivos  aprovecharon la ocasión para hacerse presente con guadaña en mano los que siempre les ha causado sarpullido el solo hecho de mencionar su nombre. Son como setas venenosas que asoman en medio de un aniego de alcantarilla.
Es que algo  huele mal  en todo este tinglado de Odebrecht  porque  ha traído como consecuencia (y esto era impensable hasta hace unos días) que esté circulando  por las redes sociales el pedido de un golpe de estado que supuestamente “ponga orden”  a este periodo democrático  que manifiestamente  mistifican  generalizándolo como un  “periodo de corrupción”. Y para completar la escena aparecen  Marta Chávez, Laura Bozzo y Beto Ortiz diciéndonos: “se los dije”.
No es necesario tener un oráculo cholo  para predecir que esta democracia  está en conteo final porque sigue tan frágil como cuando se inició con el nuevo milenio. Y esto  en nuestra historia  es una especie de paramnesia.
Cuesta entender la importancia de vivir en democracia, con sus altas y sus bajas, que a  pesar de sus defectos, este periodo democrático  sigue siendo el menos nocivo  que hemos vivido los peruanos en  nuestra  historia republicana.  
Quisiera ser un ferviente creyente y arrodillarme ante un santito como lo hace la abuelita Panchita y pedirle  al cielo que  aquellos poderosos grupos que le guardan mala leche a estos periodos democráticos nos den un poquito más de tiempo para que esos  problemas que padece la comarca por lo menos se intente superar pero dentro de este Estado de derecho; justamente,  ese tiempo nunca lo hemos tenido porque estos breves momentos de libertades siempre han terminado  abruptamente con un golpe de estado.
Es que lo tenemos claro, un golpe de estado reflejaría  tercermundismo y subdesarrollo, sería un retroceso que en nuestra historia republicana nunca ha traído  la solución para nuestros principales problemas;  todo lo contrario,  solamente han servido para empeorarlos condenándonos a que el Perú sea siempre eso, una  aventura fracasada. 

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