jueves, 9 de febrero de 2017

Alejandro Toledo y la moral racista

El fujimorismo a infestado como el cáncer las principales instituciones de la república, por lo tanto, todo lo que cavilen  será para minar lo mucho que nos había costado a los peruanos,  como el regreso de la democracia,  y  qué mejor forma de agujerear este neonato periodo que llevando precipitadamente  a la celda  a uno de sus gobernantes.
Era evidente y era de esperarse,  un recio cholo que se atrevió a gobernar  este país de “cholos  avergonzados”  (y esto me cuesta aceptarlo) no podía salir librado así tan fácilmente. Esas élites nunca le tuvieron respeto (y él tampoco hizo mucho para ganárselo).  Todavía  recuerdo la silbatina que recibió cuando  el Caso Zaraí  aún estaba fresco, tuvo la mala suerte de caer en una playa de un  club de uniformados ¿dónde todavía? De nada sirvió su investidura de Presidente de la República  porque para  todos esos socios  que estaban  tomando sol esa mañana  este atrevido merecía  saber que para ellos solo era un cholo que no se diferenciaba del cabizbajo  portero  que al ingresar  les había saludado. Fue abucheado,  burlado e insultado, la excusa: Zaraí. 
Ese mismo comportamiento también lo tuvieron casi todos los peruanos durante todo su mandato, fue negado millones de veces, solo por su rostro. Hicieron  mofa de cada una de sus frases  que utilizó  en campaña y los que de vez en cuando su compañera belga vociferaba.  Jamás fue tolerado, solo tenía que aparecer  el escandalo  preciso  para denigrarlo lo suficiente y así de sus cuatro extremidades mutilarlo políticamente manchando su biografía  exigiendo su detención.  Suficiente para  que quede en la memoria  de esa elite criolla que a ese temerario de fuertes rasgos indígenas que llegó a ser su mandatario ahora lo tienen como siempre lo quisieron ver como el cholo ordinario y  ratero.
El huayco andino es incontenible. Han sido quinientos coercitivos años y por la salud del Perú, el ciclo está  por renovarse. Sabedores de esto, estas  élites racistas y rencorosas  en estos  últimos años con el fin de calmar en el pueblo ese mesianismo  andino,  les ofrecieron  a toda esa muchedumbre agitada un  par de “mesías”  que iban a tener sus mismos rostros (Toledo y Humala) Y los electores por un momento se entusiasmaron  porque  al cabo de cuatro años les convencieron  que una persona de su color y estrato  nunca estará  en condiciones de gobernar. Al final el mensaje era que desistan en buscar un gobernante cholo como ellos,  así que tendrán que conformarse como siempre ha sido, con uno como la minoría que los gobierna siempre, lo más pálido posible.
Como en las películas gringas el primero que muere siempre ha sido y será  el protagonista negro,   aquí también, después que apareció el escándalo de los sobornos de Odebrecht ,  de todos los ex presidentes  el más cholo siempre será la primera víctima, cuando todos sabemos que hubieron peores.  
Toledo perdió el respeto por el mismo cuando llevó su herencia milenaria como siente un turista gringo al ver un suvenir  andino,  y se entregó aquiescente  a toda esa parafernalia  occidental. Nunca fue visto como un ser digno de respeto, porque nunca tuvo identidad étnica, solo se limitó a ser un simple cholo aculturizado. Distinto hubiera sido si se hubiera asumido quechua, pero eso le hubiera hecho  temblar las piernas y sudar frio, mejor un vaso de whiskie  y hablar inglés para mitigar ese encojo.
Para sus mentores en Stanford  siempre fue visto como los dirigentes del Barza vieron al pequeño Messi  en esa villa polvorienta bonaerense,  como un simple “conejillo de indias”  sin arraigo ni identidad y en el que se podía experimentar.
Grandes enseñanzas que nos dejan estos tiempos, el derecho a poseer una identidad étnica base de la autoestima de una persona, en este momento, es privilegio que pocos nos podemos dar en este país, mientras tanto el sentirse marginal de por vida siempre será una de la causantes para caer en el pillaje y la corrupción. 

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