martes, 20 de diciembre de 2016

Julieta Rodríguez y el amor al extranjero

Si uno se encuentra dentro o fuera del país  y  pregunta  a ese extranjero ¿Cómo le trata el peruano? (y al decir extranjero me refiero  aquel que por sus rasgos y color de piel  se identifica  claramente como foráneo) encontrará que la mayoría de ellos responderá  que cuando visita o visitó el Perú encontró a un peruano muy atento con el forastero,  muy servicial que  hasta llega  al extremo de brindarle techo y comida y si fuera el caso le ofrece  hasta a su misma  hija, (sobre todo si este extranjero  resalta por su palidez). Esta actitud peruviana no distingue raza, porque lo hacen tanto cholos, negros, indios, charapas, criollos, etc. Tiene que ser peruano de pura cepa.
Pero qué hay detrás de esa conducta del peruano cuando se muestra  como en estos casos tan serviciales y atentos con el extranjero. Será producto de una muy buena educación o habrá detrás un muy bien tapado y encubierto sentido de inferioridad frente a todo lo foráneo porque desde hace cinco siglos le han hecho creer que es inferior a todo extranjero.
Y es que es así, en esa aquiescencia del peruano con el forastero está lo segundo.  
Aquí lo que ha existido siempre es que una minoría étnica domina culturalmente  a una  gran mayoría, y su cultura lo inyecta por todos lados y aprovecha todos los medios para hacer que el peruano  mayoritario y muy diferenciado de esa minoría quiera ser como ella, y si para eso tiene que recurrir  al cirujano o cambiarse el apellido,  él lo hará, sin medir el costo tanto psicológico como emocional.  Millones de peruanos seguirán este camino, el camino  de la aculturación.
Esto siempre ha ocurrido en la historia del hombre, pero aquí el problema está en que la cultura de esa minoría es torpe y degradada y muy escasa en valores;  en cambio los valores milenarios que están en ese Machu Picchu, en ese tapiz huari, en ese Capác Ñan, en esos  Incas,  son enormemente necesarios para  la felicidad y el progreso de esas mayorías.
Esta receta  de aculturación que excluye la cultura milenaria,  para el infortunio del país se continúa dando al peruano. No hemos aprendido de nuestros errores. Al final si seguimos así, continuaremos con una sociedad carente de autoestima, porque no existe  identidad nacional ni sentido de pertenencia, y cuando eso ocurre,  la decadencia se manifiesta con desorden, caos, corrupción, desdicha, violencia, el imperio de lo ilícito, la improvisación,  la corrupción. Males que por ejemplo se han agudizado y se ha generalizado en la sociedad mexicana. Ellos eligieron el camino de enterrar su pasado milenario y han creado el monstruo aculturizado que ahora conocemos. Gracias a la providencia no somos México y estamos a tiempo de no serlo nunca.
Han pasado miles de años y avances tecnológicos, y  los países que lideran al mundo,  sus sociedades se caracterizan por poseer autoestima, patriotismo, sentido de pertenencia, identidad nacional. Esto no ha variado con la economía de mercado ni con la moda de los tiempos, todo lo contrario.
Así qué,  si queremos que el foráneo nos respete, primero aprendamos a respetarnos nosotros mismos, aprendamos a querernos como somos  y a valorarnos. El día que llaguemos a esto,  el extranjero aprenderá de nosotros y ahí por fin conoceremos la palabra respeto.


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