viernes, 16 de diciembre de 2016

Jaime Saavedra y los perros de paja

En la política peruana desde el inicio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski  se ha establecido una  especie de guerra fría entre el legislativo (con mayoría fujimorista)  y el ejecutivo. Este alto al fuego por estos días se ha roto  y el efímero armisticio entre los integrantes de Peruanos Por el Kambio y los Fujimoristas (y sus respectivos aliados) ahora  está tomando ribetes de un abierto enfrentamiento. El terreno elegido  para que ambos poderes muestren sus músculos  ha sido el ministro de educación heredado como bomba de tiempo del mediocre gobierno de Ollanta Humala.
Jaime Saavedra,  en realidad,  no reúne grandes virtudes, salvo que ha cumplido y cumple, sin querer queriendo,  ese papel mercenario en la labor de mantener a la educación peruana tercermundista y subdesarrollada.
Y ahora explicamos el porqué de este raciocinio.
A pesar de todo este lío armado,  con interpelaciones  y acusaciones en contra de ese  cabeza de turco, y en el que también han sabido sacar  provecho los nazis fujimoristas; con toda esta escandalosa milonga que no nos distrae para nada, al contrario, nos hace ver claramente qué está pasando en el Perú en materia educativa.
Alberto Fujimori  aseguró que la educación peruana mejoraría con la inversión privada. Han pasado  más de veinte años  y no se ha visto mejoras;  más bien,  la enseñanza  se ha convertido en un verdadero mercadillo ambulante en donde el mercantilismo vale más que la disciplina de estudio, la buena formación en valores,  la ética y la moral.
Ya han pasado varios gobiernos democráticos y  continuamos en esta situación. Pero, para ser sinceros, antes de Fujimori tampoco estábamos mejor,  porque en los años de la Guerra Interna  –por obvias razones-  el estado abandonó a la educación peruana, y esta cayó en manos de poderosos como la Iglesia Católica y  otros grupos económicos. Una vez que se pacificó  el país y se estabilizó su economía, las políticas neoliberales ortodoxas aplicadas con su conocido libreto de mínimo gasto público  no  han podido subsanar la deprimente situación de la educación peruana.
Jaime Saavedra  no es la estrella de este gabinete  ni tampoco lo sería de otro  y sus reformas que menciona continuamente  nunca  mejoraran la educación de este ni de otro país  porque están incompletas  al no tocar  dos problemas fundamentales que obstaculiza el camino para que nuestra sociedad sea verdaderamente democrática y justa,  y que son  evidentes,  sobre todo,   para el sabueso  que los ha husmeado de cerca.
El Perú viene de una guerra interna en donde se enfrentaron peruanos contra peruanos y tuvo un enorme costo para el país, tanto en vidas humanas como económicamente; pero a pesar de ello en la nueva curricula no se promueve la tolerancia a la diversidad ni el respeto a la libertad de pensamiento, y esto lo observamos cuando se sigue imponiendo  a los niños y jóvenes la religión católica con la enseñanza del curso de Educación Religiosa.
Según la C.V.R. (Comisión de la Verdad y Reconciliación) los prejuicios contra los quechua-hablantes y el racismo contra todo lo andino, fueron una de las causas de la violencia subversiva de las pasadas décadas;  pero a pesar de ello actualmente no mencionan  en la curricula  nacional la enseñanza  del  idioma quechua, el idioma nacional peruano que corresponde  a nuestra nación por la sensatez de la ciencia histórica.
Son dos reformas fundamentales y pragmáticas que se deberían de hacer en la enseñanza peruana  porqué  tanto la secularidad en la educación  y el respeto a los idiomas nacionales han sido los vértices para la nueva educación de aquellos ciudadanos que  han hecho posible  el desarrollo y el progreso  tanto del Canadá como de los países que integran la Unión Europea; sin embargo, aquí, estas ideas razonables y sensatas y adecuadas  para nuestro desarrollo real como sociedad y país son excluidos de todo debate para una coherente reforma educativa.
Está claro entonces, Jaime Saavedra, solo es el perro de paja de este circo tercermundista, incoherente, caótico y con mal argumento. Y detrás de este escenario, una educación peruana en espera de su verdadera mejora.

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