lunes, 11 de julio de 2016

El tapiz Huari y sus miserables enemigos


Era un extraordinario tapiz Huari cautivo  en ese panóptico que hacía de museo. Sus impresionantes colores  y  simétricos acabados junto con su fina textura era un completo deleite para el tacto, despertaba inexplicables sensaciones. Ese tejido aunque  inerme sobre esa vieja y polvorienta mesa parecía cobrar vida  como queriéndome expresar algo,  acaso eran gritos de auxilio porque era evidente que corría un inminente peligro entre tanto miserable al asecho.
¡Si supiera cuántos miles de dólares vale!  Profirió el trivial cuidante, terminando  bruscamente con mi corto diálogo con ese inextinguible mundo milenario. Una vez regresado al cuerpo, solo quedaba resignarse de cómo puede ser posible que para ese desdichado salvaje y sus amos,  la antigüedad y formas de ese textil, y el hecho de que fue  hilado por el pueblo que representó el periodo de unificación del mundo andino, no interesaba nada, porque igual como aquel montaraz muchos dominados por ese pensamiento de muerto de hambre  les importa  solo saber cuántas monedas podía valer.   
Era un día soleado, seguramente a finales de la década de los noventa en aquella facultad de la Universidad Nacional de San Agustín que conocía como la palma de mi mano. Ingresé a  ese pequeño auditorio acomodándome en la  única butaca vacía,  y apareció en escena, intentado torpemente articular algunas palabras. Cuando terminó su perorata, el  estudiante que tenía al costado no tuvo mejor juicio que decir: “esperé otra cosa”, y es que no era exagerado, un catedrático y decano con tantos años de experiencia cómo pudo dar semejante discurso, fueron tan escasos sus recursos que no alcanzaban como  para  diferenciarlo  del más ordinario y lenguaraz mangante.                             
Pasaron los años y  esa universidad no tuvo  mejor idea que premiarlo con el puesto  de  rector. ¿Qué ocurrirá ahora? Dije. No pasó mucho tiempo para darme cuenta de que mi desconfianza no tenía mejor asidero, porque esa noche,  las noticias hablaban sobre un robo producido en el Museo de la U.N.S.A. Las víctimas: ceramios  y otras piezas precolombinas, y dentro de ellas, ese hermoso tapiz huari que hace algunos años clamaba por ayuda.  Para la mayoría de la población este hurto pasó casi desapercibido, solo tomaron algo de atención cuando se enteraron que el monto de lo robado superaba en el mercado negro los  8 millones de dólares.
Ha pasado casi un año y hasta la fecha no se sabe nada, es que fue el robo perfecto, todo conjuró: una sociedad desvinculada con su cultura milenaria, autoridades desinteresadas frente a la depredación de nuestro patrimonio cultural, un tapiz huari abandonado a su suerte, un rector analfabeto y temporalmente en el cargo, la ambición miserable, una representante del INC excusándose que ese huérfano  textil como otras piezas hurtadas no estaban inventariadas,  y, sobre todo, ese enfermizo  y encubierto odio a nuestro milenario pasado.                                                                                                               
Es que en este momento miles de ceramios y textiles,  restos de  nuestra rica y milenaria cultura se encuentran en completo desamparo, hacinados en oscuros depósitos y sucias repisas y  en manos de personajes que  a  pesar de sus discursos y falsos caretos hoy  no pueden ocultar que son los principales enemigos de nuestro patrimonio cultural, estos pueden simples  estropeados que en su afán de ocultar cualquier ligazón con su pasado indígena  no dudan en destruir y desaparecer cualquier ceramio o textil andino. También están algunos que les regurgita todo lo precolombino y hasta ostentan importantes cargos en el INC, disimulan muy bien  sus peores prejuicios y deliran una infundada superioridad racial  convirtiéndolos en tercos custodios de una hispanofilia anacrónica y degradada,  y a la primera oportunidad censuran o destruyen todo lo que signifique  resaltar la cultura andina milenaria. Es qué vivimos un periodo en donde el mundo a cocachos quiere hacernos entender que nuestro pasado fue muy  importante y que ese pasado es la mejor fuente en donde podemos extraer aquellos  valores humanos que son tan necesarios para una  sociedad que quiere desarrollar,  y esto, como es lógico,  provoca una  agresiva reacción de parte de sus principales enemigos, aquellos almas en pena  que siguen obstinados en no aceptar que  mucho de lo que trajo en el equipaje Pizarro hoy se ha corrompido tanto que ya no son necesarios en un mundo tan competitivo como este.    

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