sábado, 11 de junio de 2016

Pedro Pablo Kuczynski y la modernización del Perú

Me fumé hasta el último impuesto del cigarrillo, esperando que esa noche del domingo 5 de junio no termine en otra decepción, y  mientras encendían  la televisión, no podía contener los malos recuerdos,  cuando una desagradable pecosa llamada  Mónica Delta con su recordado a boca de urna intentaba en vano vernos la cara de cojudos  cambiando intempestivamente  los resultados de aquellas elecciones presidenciales del año 2000 favoreciendo sorpresivamente a su idolatrado Alberto Fujimori.  Es que el fujimorismo junto con el aprismo deben ser lo más repulsivo que ha parido este país, reducto de indeseables, con sus Del Castillo y  Marta Chávez  se ven casi inalterables y hasta acarician victorias en lides electorales gracias al apoyo de los de siempre: uno de los ganados más indoctos y ruines que deben existir en este orbe, son un verdadero peligro y únicos responsables de las peores derrotas y traiciones que hemos sufrido los peruanos en nuestra historia.
El Grupo El Comercio, al final a los píos corderos les redujo el menú a solo  dos platillos de fondo. Aprovechando los prejuicios y estereotipos de los terneros, a los candidatos que poseían las propuestas más  vanguardistas y modernizadoras  los satanizaron acusándolos de instigadores de  matrimonios entre maricones y abortistas, y apoyados por los presbíteros, los  indujeron a votar por esta pareja  que al final llegaron al balotaje. Ese enorme  monopolio de medios de comunicación  en la última semana le bajaron el dedo a “La china”,  revelando cochambres  a sus más cercanos colaboradores,    –solo ellos saben cuál fue el verdadero motivo-  porque hasta unos días atrás fueron los más conspicuos  defensores de la primogénita del dictador nikei. La victoria ajustada de PPK solo se pudo consolidar con el apoyo de Verónica Mendoza y sus huestes izquierdistas.
Pero bueno,  a pesar de todo, ganó Pedro Pablo Kuczynski. Este veterano, debe ser  el más civilizado de los presidentes que hemos tenido como país  independiente. Y si lo dudan, solo recuerden a los recientes: uno acusado de borrachín y de tener un enorme complejo de inferioridad que intento vanamente aplacarlo poniéndose al costado de una gringa. El otro sátrapa con frecuentes ataques de histérica que lo empuja a dar puntapiés  a quien  tenga al frente  y que se burla continuamente del pueblo construyéndoles  monumentos  idólatras en cuanto cerró baldío encuentre y mostrándose como el  más repulsivo devoto demagogo cuando carga las andas de alguno que otro santo. Y ni que decir, para alguien que ha sabido entender en dónde radica el respeto del hombre y la mujer, ver como los diarios sacuden como a  un simple pusilánime de saco largo y  en la mollera  una exagerada proyección ósea que supera con creces al alce mejor provisto,  esto ya es para auto exiliarse por respeto a uno mismo y al resto. Y la lista es larga de los que los han antecedido: cobardes supersticiosos, genocidas de todo tipo, rateros de esquina y caudillos idiotas.
Sin lugar a dudas después de ojear a los mejores representantes de una república bananera, Pedro Pablo Kuczynski viene a ser el más civilizado de los mandatarios que hemos tenido. Apenas conocido  como virtual presidente, en esa primera entrevista,  la concluyó deseando que lo recuerden como  el hombre que modernizó el Perú. Muy acertadas sus palabras, porque es justamente el atraso que sufre un buen número de peruanos uno de nuestros mayores problemas. Es urgente modernizar al peruano y sacarlo de ese oscurantismo plagado de  supersticiones, estereotipos, prejuicios, concordatos medievales  e  inquisidoras instituciones fundamentalistas; para encaminarlo por la tolerancia, sensatez, secularidad y libertades que se respiran en aquellas sociedades que progresan.
Pocos presidente que hemos tenido los peruanos han guardado el  pragmatismo que posee Pedro Pablo Kuczynski, quizás no ha existido uno parecido. No tiene nada que perder, está en sus manos realizar esos cambios que el Perú necesita para ser un país moderno y verdaderamente liberal. Estamos a  puertas del bicentenario de nuestra independencia y esperamos que esa modernidad llegue algún día al pueblo peruano, porque solo así la democracia será sustentable y los buenos gobiernos se sucederán y las tiranías desaparecerán, dejando para siempre el siglo XIX y XX con sus oscurantismos y  torpezas. Y si no es así, esta paramnesia tan peruviana seguirá en ese círculo eterno de oportunidades perdidas.

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