sábado, 11 de julio de 2015

Juan Velasco Alvarado y el Perú digno

Han pasado cerca de 40 años desde que en un acto de traición lo apartaron del poder. A partir del muñidor del manifiesto de Tacna, muchos presidentes han desfilado por  el Campo de Marte, unos más infames que otros, pero eso sí, la trascendencia de la obra de Velasco cada vez sigue en aumento.
Nací en su gobierno y maduré creyendo ingenuamente –como muchos- que los cambios que realizó en el Perú fueron el inicio de todos los males. Hoy después de ver a mi alrededor me he dado cuenta que estaba totalmente equivocado, porque sí su proyecto no resultó fue por esos conocidos agentes internos y ese terrible bloqueo económico, que terminaron por minar sus buenas intenciones.
Dignidad, autonomía, autoestima. Creer en uno, creer en una nación con un gobierno propio, con un gobernante que manda para un estado real es lo que esperaría cualquiera que ama a su patria. Porque esto de la “marca Perú”, ahora lo veo más claro, el objetivo era convertir  a este país en un verdadero mercado de baratijas en donde todo se compra y todo se vende, sin límites de ningún tipo. Es como entrar a un burdel oscuro de atmosfera espesa y rubicunda en donde las aquiescentes putas con rostros de políticos miserables ofrecen cada centímetro de un territorio que otros defendieron con su vida.
No existe nada nuestro, todo se despacha, hasta una victoria futbolística con nuestro eterno antítesis chileno. Existía una línea aérea de bandera y  capitales peruanos, pero la desaparecieron para que su lugar lo ocupe una empresa mapocha que no hace la diferencia. El sueño de algún tipo de desarrollo a este paso seguramente terminará en algo muy parecido a la pesadilla mexicana.
He tirado la toalla, es que estamos atrapados y sometidos a este desdichado son.
Pero, lo que quizás me tranquiliza un poco y me da un atisbo de esperanza es que  esta tragedia no siempre fue así, porque hubo en la historia reciente del Perú un lapsus  totalmente distinto. De nuestro pueblo surgió  un peruano que se atrevió a dar una solución a nuestros eternos males, ese fue Juan Velasco Alvarado. De 1968 a 1975 lideró un gobierno que se preocupaba por la alimentación de su pueblo, yo de niño fui testigo de esos frigoríficos con el emblema de Pesca Perú estacionados en los lugares más recónditos llevando pescado fresco, era un estado distinto, uno que se preocupaba por su pueblo y no lo abandonaba a las garras de los egoístas y poderosos.
Existió –y a estas alturas resulta hasta increíble- un gobierno que hablaba de dignidad para el peruano y de respeto a sus recursos, un gobierno que te hacía sentir orgulloso, uno que incentivaba  la industria y daba créditos para que esos empresarios invirtieran en su país, pero estos hijos de puta preferían llevarse ese capital a otros lados.
Un gobierno que tenía una idea de nación que hasta esa época no se tenía,  y que ahora, hasta se ha olvidado.
A pesar de los años y después de ver lo que ha ocurrido  en el Perú en las décadas de los ochentas y noventas, y después de ser testigo de esta cachina disoluta, la imagen de Juan Velasco Alvarado  va dejando una impronta imborrable, porque honestamente, no siempre todo tiene un precio. 

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