viernes, 15 de mayo de 2015

Tía María y sus sobrinos bastardos

Si en algo creo, es en la democracia y en el respeto a los derechos individuales de la persona. Pienso además que la  humanidad ha evolucionado a este sensato sistema, quizás el menos negativo de todos los que se han experimentado.
En el Perú, este régimen democrático, desde el gobierno de Paniagua lleva ya catorce años. La fragilidad de su embrionario estado se refleja en un buen sector de la población peruana que no comprende su  importancia y en exabruptos lo hacen notar añorando cándidamente una bota militar que les “ordene” en la fila, y claro, ahí estarán sus elites poco democráticas esperando cualquier excusa para acabar con toda esta utopía.
La debilidad de sus instituciones, es también, uno de sus puntos más vulnerables, provocando que aquellos grupos de poder (político, económico y social) aprovechen esta  situación para sacar ventaja.  
Uno de estos grupos son las grandes empresas mineras, pagan uno de los impuestos más reducidos de la región y contaminan de tal forma que han dejado muchos lugares del país con la tierra tan muerta como la de Chernóbil, un ejemplo de esto,  es la Minera Cerro Verde, privatizada por Alberto Fujimori por unos irrisorios 40 millones de dólares. Esta empresa el año pasado facturó más mil millones de dólares en ganancias, pagando a la región de Arequipa por el denominado sistema “obras por impuestos” una dadiva que no supera los 30 millones de dólares.
La minería debería traer desarrollo al peruano, pero de la forma como se explota aquí, esos reducidos recursos se escurren a través de toda esta coladera. Además, el virus “peruvian corrupt” ha infestado tanto a los personajes en  esta triste novela que los ha reducido a un estado tan primitivo que los hacen desenvolverse lejos de los valores humanos de la civilización.
Muchos  burócratas del gobierno y dirigentes que agitan a la población, están infestados con este virus. Ambos, cuando se sientan en una mesa para dialogar sobre la solución  de  algún conflicto provocado por la minería, pesan más en ellos sus intereses particulares, muy alejados de las verdaderas necesidades de su pueblo. Corrompidos por el “peruvian corrupt” llegan a  “buen término” aceptando sin contemplaciones el jugoso soborno.
La inversión privada ayuda a desarrollar a un país, pero mientras se sigan manteniendo las maneras poco limpias de actuar heredadas del régimen fujimorista, el boom minero finalizará en expolio, tierra arrasada y coronado con un régimen tiránico  que continuará, sin oposición alguna, con todo este caos. 

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