sábado, 7 de febrero de 2015

El monorriel de Arequipa, 1,200 millones de pendejada y cojudez

Que tal caraduras. Esto por lo sucio y maloliente, se parece  más a lo  sucedido con el tren eléctrico de Lima allá por los años ochenta, en donde, se destapó tremenda red de corrupción con el caso Siracusa y Tralima, tejido en el gobierno de Alan García, por lo cual ese ex presidente fue declarado reo contumaz.
Y siguiendo esta costumbre, hace unos días salió el alcalde de la ciudad anunciando orondo que definitivamente se iba a realizar en nuestra ciudad el proyecto del tan anunciado monorriel, y en el cual se invertiría la suma de 1,200 millones de dólares. Luego, con los días,  tuvo que venir el mismo ministro de transportes para aclarar que en realidad se iba a invertir  mil doscientos millones pero no de dólares sino de nuevos soles. 
Sea en dolares o en soles, solo con ver la nueva ruta que seguirá, no se necesita ser un gran experto en el tema como para deducir que este trencito no  va a  solucionar el problema del transporte de nuestra ciudad, solo se convertirá en el ejemplo más grande de despilfarro hecho en la historia de la urbe.
Estos idiotas destinarán  1,200 millones de dolares en una obra por demás insegura y obsoleta para una ciudad que crece continuamente y sobre todo altamente sísmica. 
1,200 millones, limosnas de un centralismo que asfixia a los arequipeños. 
Para una urbe como la nuestra de casi un millón de habitantes, la política egoísta de la capital nos estrujan en el rostro esta minucia, sabiendo que cuentan con esos recursos suficientes como para construir un sistema de transporte que realmente sirva a esta ciudad, como un verdadero metro,  y porque no, hasta uno subterráneo que pase por debajo del centro histórico.
Me sobran eufemismos para intentar nombrar a esta manada de ruines y malintencionados que han elegido este juguetito  propagandístico llamado monorriel, excusa perfecta  para la malversación indiscriminada, dejándonos a cambio una infraestructura inservible y peligrosamente elevada para una ciudad altamente sísmica como la nuestra, y sin opción a expandirla, como si ocurriría con otro sistema de transporte como un metro superficial o subterráneo.
1,200 millones,  mal invertidos como lo hacen los pueblos más bárbaros, porque Lima y su macrocefalia es así, irracional y miserable, al negarnos un verdadero metro. En otros países, donde su capital es más equitativa con el resto, han construido impresionantes infraestructuras, como la primera línea del metro de Valparaíso, cuyo costo rondó los 1,000 millones de dólares, contando con varias estaciones subterráneas; o el recientemente inaugurado metro de la ciudad de Panamá, cuya inversión fue de 1,452 millones de dólares, 16 kilómetros en construcción incluyendo un tramo soterrado; o el  metro de Valencia en Venezuela, que para su primera línea se invirtieron 700 millones de dólares, un sistema que además se encuentra en constante expansión.
Esos ínfimos mil doscientos millones de soles y el proceso de desarrollo que está tomando este proyecto del monorriel, nos demuestran que sí existen los recursos, lo que escasea claramente son las buenas intenciones y el sentirse identificado con los problemas del resto de pueblos que integran este país, solo hay autoridades miserables que sobreponen sus propios intereses y los acuerdos por debajo de la mesa, sobre unas obras que realmente sirvan a la población. 
Es lógico que detrás de todo esto existan enormes intereses y que probablemente en el futuro cercano supurará a la luz pública como siempre ocurre en lugares donde el cochambre está muy generalizado.
Da mucha tristeza  ver como se desaprovecha esta gran oportunidad para desarrollar a Arequipa. Hoy somos testigos de cómo frente a nuestras propias narices se comete semejante bestialidad, porque Lima es corrupta, y su centralismo es injusto y es la principal causante de nuestro atraso. 
Arequipa por lo que es, se merece un metro y uno subterráneo. Pero, la miserable barbarie limeña nos impone una vez más este ridículo y peligroso monorriel.
Yo, particularmente, viendo a ese trencito suspendido a varios metros del suelo, y sabiendo, que esta, es tierra de temblores y terremotos, tendría que ser un verdadero cojudo para subirme a ese alambique mortuorio. 


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