miércoles, 10 de septiembre de 2014

Lionel Messi y el sepelio del futbol argentino



Iguain hijo de puta,  qué hiciste con esa pelota que te  regaló  el bávaro  idiota, si era el gol que marcaría la historia y  tu oportunidad  para demostrar alguna categoría, pero la desperdiciaste,  porque  careces de la técnica y los nervios de acero que sí poseían   otras generaciones de jugadores como  aquel Burruchaga de la final de  México 1986. 
¿Dónde estás Caniggia? ¿Qué fue de Batistuta?¿Dónde se fueron mis noventas? Agüero no vales nada igual que Lavezzi  y ¿Quién coño es Messi?,  reducido a una simple estafa publicitaria y líder de esta  tropa mediocre que  herraron tantos goles en esa definición mundialista como aquella  lerda selección local plagada de  waldires,  sotos y maestris.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde la  final del  último mundial de futbol, que  esta frustración no se me pasa. Canté ese gol, se los juro. Lo grité porque lo vi dentro del arco alemán, pero cuando me tranquilice, me di con la ingrata sorpresa de que todo había sido una grandísima equivocación, una puta confusión.   
El equipo argentino fue más, pero no lo suficiente como para ir en contra de la fortuna de los delfines de Hitler. Putin, cómo no los desapareces y acabamos con esto de una vez. Perdón,  quizás estoy exagerando, pero, es que no puedo  quitarme este peso de encima. A pesar de estos dos meses esta  joda persiste.
Desde aquel  partido, he perdido total interés por el futbol,  si bien es cierto que por salud hepática no veo un solo partido completo de la selección peruana desde finales de los noventa,  igual el campeonato local,  que por lo primitivo y mediocre,  siempre me ha interesado nada. 
Pero lo preocupante es que ahora está apatía, se ha extendido también  a  la Liga de Campeones y a todo lo relacionado con  el hecho de patear una pelota. Es que el golpe ha sido muy fuerte. En la propia Sudamérica, con sus  injusticias  y nula racionalidad,   Alemania,  con una delantera de polacos mercenarios se alzaron con la copa del mundo, y a pesar,  que diga lo contrario Eddie Fleishman el  fastidioso cónsul honorario teutón,  ese  anónimo que marcó el gol de la derrota argentina, estoy seguro que  nunca volvería a embocar en ese mismo lugar del arco, así lo repita mil veces.
¿Messi?  ¿Quién es Messi?  ¿Quién coño es Messi? Si no es más que la zapatilla de Maradona. Sobrevaluado demasiado por esas toneladas de publicidad engañosa. Millones de dólares invertidos para convencer  a la masa de que es el mejor de todos los tiempos, pero que al final resultó siendo solo el  simple producto de una eterna incógnita.
Es que es cierto, el balompié sudamericano se ha estancado y ha perdido identidad  frente a la hegemonía europea. El campeonato ganado por el San Lorenzo ahora se ve tan intrascendente porque el futbol argentino también se ha reducido a ese nivel. Maradona y su generación,  fue el último aliento de un país que guardaba aun esperanzas en el futuro y que esa dictadura a sueldo fue terminando a golpe de 30,000 desaparecidos, porque Argentina, si antes fue considerada la prolongación de esa prospera  Europa occidental  ahora es solo el espejo viejo y gastado de algún país del este de  Europa. 
Estoy consternado, porque sé que  esa voluntad que sirvió de combustible para que el Pelusa dejara ingleses regados en el gramado, ya no se volverá a repetir con  esta actual  realidad  xenófila de la selección rioplatense, marcada por la astenia y la indiferencia.
Entonces, queda claro,  que para este humilde servidor, el buen futbol argentino ha muerto y por lo que veo,  estará enterrado por un buen tiempo. 

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