martes, 3 de junio de 2014

España, ¡La republica carajo!

Desde México hasta Chile, los países hispanoamericanos arrastramos los mismos males: la tiranía,  la impunidad y sobre todo,  el continuismo masoquista de aquellas ideas y costumbres  que en otras latitudes se han descartado por caducos.  
Cruzando el charco estas desgracias no tienen mejor  apoderado que la monarquía española. Este régimen fue la  creación del dictador  Francisco Franco, quien eligió  a  un Juan Carlos I  como su perfecto heredero  político, que apenas estrenado en el cargo  blindó  al generalísimo contra  cualquier intento de acusación por sus numerosos crímenes de lesa humanidad.  La impunidad desde aquellos años ha sido su consigna.       El proceso histórico  en donde  el pueblo español en  mayoría  decidió por  la república,  fue abruptamente interrumpido en 1939 con el triunfo de  Francisco Franco. Lo que ocurrió  después,  fue una imposición  sobre el  normal desarrollo de hechos que se estaban suscitando  en el  país ibérico. Este  largo paréntesis que significó el franquismo intentó  borrar de la memoria el recuerdo de que España  en 1931 ya había optado por el fin del estado  monárquico. La primera etapa de ese régimen finalizó  con la  muerte del generalísimo, la segunda se inició con la coronación de Juan Carlos I  y el  periodo de transición,  en el cual,  sus  fuerzas  e  intereses mantendrían del  cuello a la joven democracia española. 
La abdicación de  Juan Carlos I desde Moscú,  me hizo recordar aquella renuncia que hizo vía fax el ex tirano Fujimori. Qué coincidencias, ambos dimitieron a sus  respectivas  investiduras aprovechando su estadía en tierras lejanas  y  en  ambos casos también ocurrieron  en momentos en donde el nivel de desaprobación era mayoritario dentro de sus respectivos  países.
Esta Monarquía constitucional heredera del espíritu franquista, ha llevado  a España a esta actual crisis económica,  social y política, y  testarudos, insisten en no dar un milímetro de  concesión a cualquier reforma. La persecución a Garzón y el resurgimiento de la polémica sobre el aborto,  solo son  muestras claras  de que esos ideales del régimen franquista  siguen vivitos y coleando.  Esta necedad e insensatez también va provocar la futura  escisión de Cataluña y el debilitamiento del bipartidismo que muestra a un  Partido Popular  tan decadente  como el PPC y AP de este lado del charco. El PSOE está como Alan García, cambiando de camiseta según les dictaminen  los  bolsillos y la vanidad. Vanidad   que  ha llevado a muchos españoles  a  caer rendidos ante esa provocadora cursilería, al aceptar algún título nobiliario, desde  Adolfo Suarez hasta  el mismo premio nobel Mario Vargas Llosa. 
Hoy aquellos poderes  torpes y soberbios,  -irónicamente-   nos muestran  a  España como una democracia  subdesarrollada y muy latinoamericana, que  trata  a su pueblo como simples ciudadanos de segunda clase al  impedirles el legítimo derecho de elegir si continúa o no la monarquía, y con enormes orejeras raudamente intentan  imponerles un nuevo rey.  

América hispana, idiota  y  terca perdedora, tiene sus ojos puestos sobre su mentora. Sus  cuatrocientos millones de habitantes merecen un  buen ejemplo, quizás uno que ayude mucho en quitar de nuestra cultura todas esas ideas caducas que siempre nos han estancado. Pero,  esto nunca llegará, porque, España está condenada  a aferrarse a  lo vetusto. Así lo ha venido haciendo en su historia, ¿Por qué tendría que ser distinto ahora?  Perdón, salvo la pequeña y gloriosa etapa de  la II República.

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