sábado, 17 de mayo de 2014

Javier del Río Alva y el palio matón


Esa despejada mañana  en la Recoleta,  mientras un  hálito frio rodeaba todo el lugar, dentro de unos muros de sillar un numeroso grupo de jóvenes esperaban  forzados el inicio de la reunión. Acompañados de sus maestros, los mozalbetes rompían la monotonía asfixiante  de la larga espera  solicitando  continuamente la hora del término de semejante tortura. 
Algo impuntual,  bajaba  de su lujosa camioneta de cristales polarizados con su conocida comitiva.  Risueño y con esa clásica mirada  vacía,  pero,  vigilante. Amablemente  saludaba  a toda su  audiencia que lo esperaba desde temprano.  Quién iba a pensar que detrás de ese semblante  sereno y misericordioso,   se iba esconder  uno  de los personajes más  fanáticos y agresivos que haya  visto  bullir  en  sus faldas  el volcán Misti.  
Arequipa regocijada en su clima casi mediterráneo, pero, algo más seco. La exagerada  luminosidad irradiada por su astro rey,  origina  que los colores de la urbe y sus habitantes  se vean  resaltados aún más.  Sus callejuelas adoquinadas  muchas veces en su historia han visto reclamar a su pueblo, con justa razón, la represión del  tirano y esto ha  ido moldeando de alguna forma el carácter de su población.
Estos días  una vez más somos testigos de cómo  la impotencia y el sufrimiento de  unos jóvenes estudiantes arequipeños  al igual como lo hacen sus pares en otras partes del mundo, les hace  alzar su voz de  protesta  en contra del autoritarismo y la intransigencia. Exigen igualdad y un trato justo y el inalienable respeto a sus derechos fundamentales que  todo ser humano posee. Reclaman una educación superior democrática, diversa  y tolerante. Derechos que las garras del fundamentalismo absoluto y fanático intenta arrebatarles al querer apoderarse injustamente de su conocido centro de estudios, el ISPA.  
Es  paradójico, y hasta  incoherente que uno de los responsables, el actual presidente regional, como intentando sosegar sus culpas de  ex Patria Roja  y  ateo bolchevique, en su mediocre gestión haya  entregado la  educación  arequipeña al arzobispado católico. Mostrando una formación comunista tirana y supersticiosa, ha desechado la oportunidad de que los mistianos tengamos una educación vanguardista,  democrática  y  secular, optado en su lugar la  tercermundista idea de ceder nuestra educación  al  fundamentalismo religioso de ese arzobispado.   
Esa intolerancia y agresividad del arzobispo  Javier  del Río Alba más temprano que tarde tenían que aflorar.  Su integrismo contenido tenía  en algún momento que  colisionar con los nuevos tiempos democráticos y de respeto a los derechos fundamentales de la persona. Su guerra santa declarada en contra de  estos indefensos estudiantes llevó a mostrar  toda su belicosidad al utilizar los únicos métodos que conocen  estos grupos extremista religiosos para solucionar conflictos,  desconociendo  el dialogo eligen en su lugar la soberbia, la matonería y la violencia de las patadas y los  puñetes. Es la misma receta que aplicaron en contra de estos estudiantes  intentando acallarlos en su pacifica protesta que hacían frente a su catedral.

El integrismo y fundamentalismo católico se ha refugiado entre estas milenarias montañas y utiliza su enorme poder para imponer y maltratar. Lo están haciendo con los jóvenes de ese instituto pedagógico. Son arrogantes, pero, su desprestigio es notorio. Hoy su violenta reacción  será contra este grupo de jóvenes estudiantes, mañana temprano será contra esa parte de la sociedad que solo busca la igualdad  y la tolerancia, pilares indiscutibles de una sociedad democrática y civilizada, valores universales que hoy estos grupos enceguecidos  por su integrismo intentan desconocer.   

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