viernes, 23 de mayo de 2014

Alan García Pérez, historia de un apricidio



Mientras  una  esencia  resinosa  inundaba  la atmosfera,  el  obeso  cuerpo del  ex presidente acaparó  la atención  de las cámaras  en  ese set de entrevistas.  Después de las decepcionantes  alocuciones  y  balbuceos de  algunos mandatarios,  todavía es divertido escuchar las palanganas del que un día fue declarado reo contumaz.   Es que, cuando  Alan García, dice: “gracias a dios”,  y lo menciona continuamente con ese tono burlón,  me rio y pienso: ¡A la  mierda!,  estos son como el cáncer, siempre van  a estar ahí,  cubiertos  por su grueso  blindaje. Así que  para los pocos peruanos que aún  nos asquea el cochambre y esperan impacientes el asilo humanitario, solo nos queda  eso, reírnos ante tanto bárbaro  suelto.
Esa  mañana en aquella mesa servida  por  Beto Ortiz,  las respuestas del ex mandatario,  serían los inconfundibles jadeos de  uno de  los mejores representantes  de esa  política  latinoamericana  de pandilla bananera. Verborrea que  nos iban   a encaminar por una senda que ameritaba necesariamente hacer una pequeña reflexión  al respecto.
García con una extraña espuma en la boca,  su pía y devota demagogia intentaba  limpiar la estela  viciada  del  ex tirano  Fujimori,   colocando  a  su primogénita  casi como  la diosa democracia.  Defendía,  además,  el libre mercado y los sectores financieros,  y la inequidad mexicana como del  resto de  integrantes de la desvirgada  Alianza del Pacífico,  no existía. En  su lugar,  con su glosa frívola y sarcástica  muestra  al APRA   y a su creador Haya de la Torre,   como lo que son ahora, símbolos del  conservadurismo  y la extrema  derecha.   
Puedo estar  equivocado. Así que mejor cojo de mi  biblioteca  el primer tomo del  diccionario para salir de todas mis dudas. Busco  la palabra  “APRA”.  ¿Haber qué significa? No tardó mucho en encontrar el concepto y lo leo  en voz alta. Este, decía: “APRA,  Alianza Popular Revolucionaria Americana. Partido político de centro izquierda  y miembro de la Internacional Socialista,  cuya  línea política es el antiimperialismo”.
¿Qué interesante lo que acabamos de encontrar? ¡Un Partido de izquierda y miembro de la internacional socialista!  Además ¡antiimperialista!   ¡Qué tal sorpresa!  Evidentemente lo que dice el concepto no se asoma en lo mínimo a lo que intentaba describir Alan García sobre el APRA esa mañana.
El APRA  hace buen tiempo ha muerto y nadie se ha dado cuenta. A pesar  que sus  verdugos  rebosos de alevosía han intentado  soterrarlo,  un insignificante olor  nauseabundo  ha dejado escapar  en esa entrevista. 
¿Qué  felices danzaran en el cielo o en el infierno sus antiguos enemigos? ¿Cómo brincarán  de júbilo  Sánchez Cerro,  haciendo ronda  con  Odria  y todos aquellos que ordenaron esos fusilamientos en Trujillo?
Porque hoy no ha quedado nada de ese  APRA que hablaba el diccionario, salvo un grupo  de personajes con una nueva ideología y que por lo visto  carecen  de agrupación política. Estos,  liderados por Alan García  han invadido  la antigua casa del pueblo de la calle Alfonso Ugarte y  siguen tercos identificándose  como  apristas,  cuando a todas luces nos hemos dado cuenta que ya no lo son.  Podrán ser  cualquier cosa, pero, integrantes de ese partido político  que describía  el diccionario, ya no los son,  definitivamente.
Así que,  deberían ser honestos con el elector peruano para  ir buscándole  un nombre a la nueva agrupación política que ahora integran,  esa de línea conservadora y de extrema derecha.

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