jueves, 17 de abril de 2014

Jorge Benavides y el zambo racista

 ¡Soy blanco! Sacando pecho exclamaba en ese estudio de televisión de rustica  escenografía de  tripley.  A pesar que muchos conocían sus orígenes afros,  nadie se atrevió a contradecirlo. Ni siquiera con un murmullo o  el mínimo gesto se podía objetar a uno de sus  conocidos  y arbitrarios menosprecios.  No estaba en el libreto, pero  era el momento de decirlo, necesitaba   vociferarlo  para que quede grabado en cada rincón de esa madriguera, porque ya había “crecido” lo suficiente  y el “zambito”  o ilegible cholito del pasado,  hoy, ya estaba enterrado para siempre. Y qué mejor motivo para ponerlo bien claro a todos sus empleados y  televidentes ese día. 
Fue Carlos Vilches, quien reveló  los orígenes étnicos de  Jorge Benavides, un afro descendiente aficionado a descargar sus infiernos ensañándose estereotipando a la mujer pobre e indígena y al negro de  este país, cubriéndolo con el velo cobarde y   sutil  de sus imitaciones.  
Esta televisión  enferma,  cada cierto tiempo lanza por sus pantallas personajes,  que cuando abren la boca, se ven tan ridículos como primitivos;  sobre todo,  cuando siguen conservando ese enorme complejo de inferioridad que les impide atreverse a decir de donde provienen. Impresentables  inválidos  mentales  que en pleno siglo XXI viven entre prejuicios rurales deseando parecerse cada vez más a los que les hicieron creer que son sus superiores amos.
No sé cómo será en el resto de Latinoamérica;  pero aquí existe un buen número de dolientes  que vienen arrastrando hace buen tiempo  el  mismo  mal.  Hablan que son racistas. Mentira. No son más que una sarta de condenados por ellos mismos a ese eterno  sometimiento  que les hace sufrir todos los días  el malestar de cómo quitarse de encima su herencia dañada y maligna, y los más idiotas cándida y jocosamente  lo pregonan con esa  inocente y popular frasecita tan peruana “para mejorar la raza”.  
Los más ridículos son aquellos descendientes de indio y de negro que han nacido con la peculiaridad de tener la piel más clara que el resto de su familia. Cuando alcanzan cierto nivel económico, se vuelven  los más resentidos contra  su reciente pasado negro o cholo. Dándole toda la razón a Claudia Danmert, porque sin lugar a dudas, son los más “horribles”.
Jorge Benavides, detesta tanto su pasado negro y pobre que lo vomita con sus representaciones  del “negro mama” y la “chola Jacinta”.  Como buen zambo, ese odio a los cholos, no es de ahora,  porque solo sigue la tradición de la Lima colonial que dio la espalda a los Andes abrazando en su lugar el arenal y  lo africano. 
¿Racistas? ¡Ni cagando! Son solo patéticos subhumanos, hasta las orejas de ignorancia que  podrirán siempre nuestra sociedad diversa y plural. Y no estoy hablando de mil o de cien mil, estoy hablando de millones. Soy honesto, porque  no candidateo  a nada.  Estos seres  me repugnan como el perro más sarnoso,  porque sé,  que a través de la historia, por su cobardía,  siempre han sido el cáncer y la pus dentro de cualquier pueblo. Enfermos terminales, resignados y abandonados  a su propia suerte. Encima analfabetos  que se empecinan en ese círculo vicioso de subdesarrollo.  Condenados por ellos mismos a vivir entre prejuicios de color de piel y apellidos, que siempre les impedirá  estar  preparados para formar parte de una sociedad moderna e industrial, pero eso sí, reúnen todos los requisitos para ser los sucios personajes de una ridícula y lúgubre película rural mejicana.   


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