miércoles, 19 de marzo de 2014

Arequipa y su futura autonomía


Los primeros españoles que se asentaron en el Valle del Chili,  tenían  un pensamiento y una actitud muy distinta al que pobló el resto del territorio peruano,  particularmente  Lima.  Aquí ese hispano tenía en la mente formar una nación y, esto se notó en las costumbres que asimiló en su forma de vida como  su alimentación, por ejemplo, al fundir  la carne de cerdo característico de su ganadería con la bebida sagrada andina, la chicha,  naciendo el adobo,  platillo que hasta ahora es infaltable en cualquier mesa arequipeña un día domingo.  Esta embrionaria  noción de patria también se observó al asimilar  términos quechuas en su lenguaje   naciendo el hablar  loncco.
Este ibero, naturalmente, hizo suyo al mundo andino, en cierta medida, distinguiéndolo para siempre en fortaleza y amor propio de los limeños y del resto de peruanos y, estos valores  se fueron difundiendo entre  todos sus habitantes a través de los siglos.
Arequipa es la cuna de la democracia en el Perú,  porque  antes que se difundiera por el mundo la igualdad y la fraternidad con la Revolución Francesa,  aquí sus famosas picanterías  ya  eran lugares en donde los lonccos y los ccalas, los ricos y pobres,  el blanco y el cholo se sentaban en una sola mesa a departir sus alimentos, por eso se acuñó  la frase “Arequipeño, ni grande ni pequeño, Arequipeño”, haciendo de este lugar  esa tierra de igualdad y libertad en donde sus pobladores, tanto blancos y cholos, se sintieran  orgullosos  no de ser blancos ni cholos sino por ser sencillamente arequipeños.  
Desde el nacimiento de la República Peruana uno de sus grandes males ha sido el centralismo limeño, el cual ha ido creciendo con los años, convirtiendo  al área metropolitana de Lima en el núcleo que cobija la tercera parte de la población del país,  el 80 % de la industria nacional y el 90% de sus finanzas, y toda esta acumulación de recursos y actividades económicas se hace en detrimento del resto de las regiones peruanas.
Arequipa como segunda ciudad del país con alrededor de un millón de habitantes junto con sus actividades económicas,  cuenta con un desarrollo muy por debajo,  si la comparamos con  la realidad de  otras segundas ciudades de países sudamericanos; en Colombia, por ejemplo,  la segunda ciudad es Medellín, urbe que cuenta con cerca de tres millones de habitantes y es el más importante núcleo industrial y hasta cuenta un sistema de metro para su transporte; en Chile la segunda ciudad  es Valparaíso que junto con su conurbación  posee un desarrollo urbano que al igual que su par colombiana  posee un sistema de metro soterrado para su transporte;  Bolivia,  su segunda ciudad es Santa Cruz, urbe  tan importante en industria y con sus casi dos millones de habitantes rivaliza y hasta en muchos aspectos supera a la  misma capital;  Ecuador, su segunda ciudad es Guayaquil que en industria y comercio y demográficamente rebasa  ampliamente a su capital Quito.
Es evidente entonces el nivel de atraso al que nos ha llevado el centralismo limeño. Por estas razones es urgente que Arequipa  sea más autónoma en sus decisiones, sobre todo en lo que se refiriere al manejo de  sus propios recursos; hoy es la región que más aporta a las arcas del estado peruano, pero, no es la que más se beneficia con el presupuesto que se  le otorga  desde Lima.
Arequipa tiene una larga tradición regionalista, pero, esta, nunca se ha plasmado en un ideal político serio, por esto, creemos  que ha llegado el momento demográfico  para que sus líderes políticos  tomen estas banderas en un futuro cercano para buscar una alternativa de  desarrollo más real y beneficioso  para los arequipeños  que al ver el escenario nos  damos cuenta que  solo fortaleciendo nuestra autonomía se  puede conseguir.
Bien lo dijo aquel diplomático canadiense en su visita por esta ciudad, Arequipa es muy parecida en su idiosincrasia a Quebec, y   también, hasta con la misma Cataluña.  

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