miércoles, 5 de marzo de 2014

Álvaro Vargas Llosa y la primavera peruana

La peor anemia  que arrastra en su historia el Estado Peruano  es obstinarse en parecer  una  Republica Conservadora. Fueron estos síntomas los que despertaron  a finales del siglo XIX las más viscerales críticas de  Gonzales Prada,  y continuó  a comienzos del siglo XX con la Republica Aristocrática  y  Leguía,   recrudeciendo  en la década de los cuarenta cuando José Luis Bustamante y Rivero, con todos los medios posibles impidió que alguno de esos numerosos  exiliados republicanos que huían del régimen de Franco se asentaran por estos lares,  privando así a nuestra sociedad de  importantes intelectuales españoles en aquella época.  Odría,   por su parte,  con ese mismo pensamiento acentuó  ese conservadurismo.  Belaunde Terry,  no solo lo mantuvo, sino, que arrojó más carbón al caldero, sirviendo esa pus con el tiempo como el  pretexto perfecto  para que aparecieran  Velasco  y  seguidamente Sendero Luminoso.  Más tarde, Alan García  y su creación  Alberto Fujimori, persistieron con este obsoleto  “establishment conservador”  lento y burocrático.
Hoy, tras dos décadas de haberse liberalizado la economía peruana, las medidas tomadas producto de  esta apertura liberal  en nuestra hacienda,  nos ha hecho destacar en el mundo como un referente en el libre mercado y con unos índices de libertad económica que ha despertado las felicitaciones de los diferentes organismos financieros.
Pero, lo paradójico de todo esto, es que,  este liberalismo  no ha traspasado a otros ámbitos de nuestro país. Los peruanos en cierta forma estamos como los chinos,  porque,  si bien somos los más liberales en materia económica, ese liberalismo todavía no se observa en nuestra sociedad ni mucho menos en nuestro  Estado. Liberalismo, solo en la economía, más nunca un Estado Liberal,  pareciera ser la consigna  en  estos tiempos.
Como consecuencia de esto, hoy,  los peruanos seguimos manteniendo los mismos miedos a mitos que en Nueva York, Londres y hasta en Madrid ya son cosa del pasado; el secularismo en el estado es letra muerta, los temas del aborto y el matrimonio igualitario todavía son cuestiones innombrables en los políticos y gobernantes así como en el resto de la población, es decir, seguimos en un atraso y oscurantismo a niveles saudíes  o Afganos. 
Ahora, que comienzan a pulular  los candidatos y los posibles aspirantes a la Presidencia de la República, vemos  que todos manejan el  mismo discurso desesperanzador de ver algún día al Estado Peruano siquiera con el atisbo de un  Estado liberal. Alan García, se ha convertido en un aburrido demagogo  y fanático constructor de figuras  religiosas y  Lourdes Flores se sigue sonrojando cuando le mencionan el tema de la virginidad  y Keiko Fujimori su principal doctrina es sacar a su padre de la cárcel. Ya no toco el tema del gobierno,  que,  como el resto,  estamos esperando el 2016.
Fuera de todo ese elenco pío  y apático,  es Álvaro Vargas Llosa  uno de los pocos  personajes presidenciables  al que le oído  en su  discurso un matiz verdaderamente liberal. Medidas como el secularismo, el aborto,  la igualdad de derechos y la tolerancia, son en este momento,  para nuestra realidad,  propuestas vanguardistas.
Porque es cierto que dentro de los EEUU, la  educación en libertad y democracia que se brinda,  suscita en los estudiantes de origen peruano la búsqueda de  su identidad personal aprendiendo  el idioma quechua en las universidades de Nueva York;  mientras tanto aquí,  con la formación  adquirida dentro de su sociedad y el estado, la dirigente estudiantil del PUCP,  se opone a la enseñanza del mismo idioma  dentro de su  centro de estudios.
Con este simple  ejemplo, nos damos cuenta de lo importante que significa limpiar a nuestra sociedad  de estos temores y pensamientos atrasados  como los prejuicios,  y también está claro,  que solo un Estado  renovado y  liberal  puede realizar estas transformaciones dentro de  su sociedad  siguiendo el modelo de lo efectuado en otras latitudes. 


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