lunes, 24 de febrero de 2014

¡Aguante Maduro!

Para tener una idea de cuál es la visión que  se tiene de la población latina en los Estados Unidos, solo basta con observar los dos canales de la cadena CNN  para recoger importantes  indicios, sobre todo, cuando se compara su programación y sus personajes,  tanto de la que se emite en idioma ingles como su similar que se difunde en castellano. Entre ambas, encontramos  enormes diferencias. Por un lado tenemos a la CNN en Ingles, con una información mucho más especializada y con conductores multiétnicos, lúcidos y respetuosos, todo detalle está bien cuidado como si detrás habría una constante preocupación por ofrecer lo mejor a una teleaudiencia inteligente y crítica. En cambio, su similar en español, se muestra visiblemente depreciado con conductores no tan destacados, cuyas limitaciones se hacen  más notorias en situaciones de alta tensión, mostrándose a la teleaudiencia  parcializados y  otras veces tan frívolos y triviales como cuando escuchamos los comentarios de una  ex reina de belleza.
En  otras ocasiones la CNN en español incomoda con su mal gusto, mostrándose arrogantes y lenguaraces por sus groseros exabruptos. Con uno de estos últimos nos tropezamos el otro día en la pantalla de mi televisor de 14 pulgadas. Me llamó la atención la actitud de este presentador de nombre Fernando del Rincón,  después averigüé que era mejicano, quizás, eso explicaba algo sus mercenarios desatinos, porque aquella vez,  se encontraba descontrolado frente a un despejado y cortés ministro venezolano.
La otra noche lo volví a ver a ese tal Fernando del Rincón  con sus mismas poses de matón, ahora con Hernán Capriles, exigiéndole por qué tuvo una actitud tan “tibia” frente a los últimos sucesos de violencia provocados por el acomodado y violentista Leopoldo López. Del Rincón, como si fuera el mejor ex alumno de la promoción de la Escuela de las Américas exigía a Capriles ser más radical con la protesta y la violencia, sin meditar que esta actitud aumentaría el caos en el país e incrementaría el número de muertos.
Es que la prensa nos vende a una Venezuela casi en guerra civil y en total banca rota. Pero lo cierto es que las manifestaciones que se han dado –si bien han sido violentas- no llegan al nivel de gravedad que se está viviendo en Ucrania; y sobre su crisis económica, a pesar de la escases del papel de prensa y los diálogos de Maduro con los pajarillos, todavía no hemos visto alguno de los más de 50,000 peruanos residentes en ese país, querer repatriarse. 
Al igual como Fernando del Rincón, la CNN y otros tantos por acá, exigen el término del régimen de Maduro, sin poner hincapié que están hablando de un gobierno democráticamente elegido y, esto hay que subrayarlo, porque el régimen de ese torpe presidente, habrá sido favorecido en las urnas con la justas por algo más del cincuenta por ciento de los venezolanos, será populista y hasta demagogo, y con sus erráticas medidas económicas habrán hasta espantado a los siempre bienaventurados inversionistas internacionales, pero, así les cueste entenderlo, ese cargo fue asumido democráticamente y con anuencia del pueblo venezolano.
Así es la democracia y estas reglas de juego se deben respetar,sino recordemos lo que ocurrió en nuestro país, no hace mucho, en los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, que  “gozaron”  de una enorme desaprobación de parte de la población peruana (inclusive hoy Maduro con todas estas protestas aún posee mayor aceptación de la que gozaron los mandatarios peruanos en aquellos años), a pesar de esa coyuntura, era descabellado siquiera sugerir el recorte del mandato de alguno de estos presidentes, todos cerraron filas y decidieron respetar el cumplimiento de sus respectivos periodos de gobierno y, seguro también la CNN junto con el tal Fernando del Rincón.
¿Por qué,  entonces,  hoy no tenemos la misma actitud con el caso venezolano? ¿Por qué se quiere terminar con el régimen chavista? Se trata de respetar el periodo de un gobierno libremente elegido y aceptado por la comunidad internacional y que posee, además, la aprobación del 50% de su población, porcentaje que ya hubiese querido tener en sus respectivos mandatos  Alan García, Alejandro Toledo o hasta el mismo presidente Ollanta Humala en la actualidad.

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