sábado, 31 de agosto de 2013

Ricardo Morán, y el peruano ultrajado

Mientras Billy Paul canta “Me and  Mrs. Jones”,  la primera dama peregrina gasta tres millones de soles en viajes. Se burla de unos profesores y  enfermeras que paran la olla con unos cuantos morlacos. Y no digo nada del presidente porque pareciera que  no  lo tuviésemos.     
Alan García no se queda atrás. En plena marcha, sin importarle las cámaras de televisión que lo seguían, furibundo le regala un puntapié, haciéndole saltar de dolor al adepto famélico que tenía al frente.  ¡Fuera mierda! le decía entre dientes. 
Y el maestro es Fujimori. Al ver que el tiempo se le había acabado,  aprovecha el viaje a la APEC y abandona como el más ágil roedor un barco que apestaba  como una letrina abierta, y envía por fax para el recuerdo su más noble infamia  y cobardía,  riéndose  a miles de kilómetros de esos millones de peruanos a los que  les había introducido la yuca con un agresivo shock que les trajo despidos y hambrunas.  Y  luego, en su dictadura,  los amedrento para que no salieran a las calles a reclamar por pan, empleo o sueldos dignos.  Aquellos que se atreviesen, terminarían detenidos  acusados de “terrucos” y puestos entre rejas, previa tortura.           
Pobre peruano. A cada rato son hechos “cholitos” por unos pendejos aprovechados. Saben cómo hacerlo. Y esto es de siempre. Por eso tengo las maletas listas  junto con mi infaltable manual del exiliado.   Y esto va en serio. Porque la vida de mis compatriotas vale lo mismo que esos soldados soviéticos en  “Enemigo al acecho” cuando intentaban  cruzar el Volga para alcanzar las ruinas de Stalingrado.  
Y esta forma de vernos a las mayorías, no solo la utilizan los políticos cuando quieren patearnos el culo y robarnos a mansalva con el forzado descuento a los trabajadores independientes,  sino que también en nuestra  televisión  basura algunos realizadores de programas, como buenos aprendices, utilizan las mismas argucias e  intentan también burlarse de los peruanos.
Si utilizo algún calmante para hacer más llevadera mi ciudadanía,  ese remedio es la buena música. Aprecio y  respeto las buenas voces, sobre todo, aquellas que se abren paso libremente al oído más exquisito, como  detesto también aquellos alaridos que te provocan en ese momento tener sordera.
El formato del programa, como era de esperarse, despertó la atención de los televidentes y con esto también las malas artes de sus realizadores: pendejos que desfrutan de altos ingresos producto de manejar una fábrica que diariamente hace burla de la inteligencia y los oídos de los televidentes.
Tenía varios años  de enterrada,  pero la voz de aquella concursante  habían vuelto a la vida a Rocío Durcal, era sin exagerar una copia exacta de la original. Pero ante el estupor de los que estábamos al frente, ese jurado “trucho” conformado por un cómico travestido, una improvisada  cantante de chicha,  y liderados por un tal  Ricardo Morán, escucharon otra cosa y  la despidieron sin siquiera dar al público una escusa coherente.  Lo mismo ocurrió en otra temporada con el imitador de José José.  La reproducción era perfecta,  ni siquiera se había escuchado algo parecido en los programas mexicanos del mismo corte. Las malas noches   los tragos y todos los excesos del príncipe de la canción no pudieron enmudecerlo porque este participante lo había regresado a los escenarios. Y otra vez ese jurado “mañoso”  se cagó en la leche y lo sacaron del concurso.
¡Ya está bueno de tanta pendejada!, yo no voy a soplarme  semejante estafa. Está bien que seamos desdentados y hambrientos según Laura bozo, y que tenemos gustos tan repulsivos como para hacer famosos a criaturas tan pestilentes  como Carlos Cacho y Laura Bozzo , y como bien lo decía el racista Raúl Romero: “que por cinco "lucas" te compras un fiscal,  un par de abogados…”  haber quien se sopla ese concurso y  las decisiones de ese  jurado a todas luces digitado.
Ricardo Morán cree que por no tener ni un pelo de tonto,  le da el derecho a subestimar al resto,  pero algunos tenemos otro pellejo que dista mucho de cordero.

domingo, 4 de agosto de 2013

Las matadorcitas y otros veinticinco años de perdedores

Si tú crees que el desarrollo de un país se limita a solo incrementar los ingresos de un determinado grupo de personas. Si crees que contar con los mismos ingresos de uno del primer mundo, ya te puedes  considerar como parte de ellos. Si eso es lo que crees. Pues, te digo con todo el dolor de tu falso orgullo, que estas, totalmente equivocado.
El subdesarrollo de una sociedad  causada por la pobreza solo es una pequeña parte del problema, porque, la principal causa de ese subdesarrollo y  estancamiento es la cuestión mental, es el conjunto de pensamientos que posee esa deprimida población.
Lo he escrito tantas veces o lo he dejado sobre entendido. El pensamiento del peruano no ha avanzado nada en autocrítica. En pocas palabras no ha evolucionado. Todo lo contrario. Se ha congelado en el tiempo o ha retrocedido. A pesar de haber vivido un periodo largo de extrema violencia interna con el enfrentamiento entre peruanos, no hemos aprendido la lección, porque, la inequidad social,  la corrupción institucionalizada, la ineficiencia de gestión y la ignorancia en  general se han mantenido y se ha propagado aun más.  Haciendo que el pensamiento crítico de los que deberían tenerlo se ausente o no exista.
Los mismos problemas y alegrías tenía el peruano de 1988. Hoy como hace veinticinco años ese temor del limeño de salir a la calle no ha variado, porque,  ahora esa violencia maoísta ha mutado en ejércitos de sanguinarios sicarios que han  tomado las principales ciudades, destapando a una seguridad  que como hace veinticinco años era ineficiente y corrupta.
Hoy como hace veinticinco años la educación que brinda el estado  es mediocre y no hay ninguna universidad privada que esté a la altura de las principales de Latinoamérica -y no menciono a las públicas-.
Hoy como hace veinticinco años la sociedad peruana sigue siendo en su mayoría mística y religiosa, desenvolviéndose -sin saberlo- con muchos miedos, prejuicios, estereotipos y supersticiones.
Hoy como hace veinticinco años no leemos, y si lo hacemos, leemos lo mismo.
Hoy como hace veinticinco años el peruano enfermo  sigue siendo racista, porque continúa despreciándose despreciando  todo lo indígena,  por temor a reconocer  o por desconocimiento  que como él, el 80 % de la población tiene una enorme carga amerindia en sus genes y rostros.
Hoy como hace veinticinco años,  no creemos que los peruanos –junto al “perturbado occidental” Alan García- formamos parte de una cultura milenaria repleta de conocimientos que nos insta a la perfección y a la consecución del objetivo, logrando hacer de él un ser humano cada vez mejor y  haciéndole renacer una milenaria fortaleza y  seguridad que le hará sobrevivir en las peores condiciones.
Hoy como en 1988 en las olimpiadas de Seúl, esa timorata mentalidad afro criolla no mantiene un resultado  y a pesar de estar ganando el encuentro, el lozano fruto de esta sociedad suspendida en el tiempo,  no cree en ese éxito que ellas mismas estaban gestando y caen derrotadas no por el rival que tenían al frente,  si no,  ante otro que es peor, porque, está oculto e imperceptible. Es esa vacilación y vulnerabilidad que da la herencia de una mentalidad perdedora, corrupta, licenciosa y desordenada, que trajeron los moriscos en sus carabelas y que  defienden los más obstinados tercermundistas, hoy como hace veinticinco años en el Perú.
Es el eterno subdesarrollo. Es el eterno estancamiento. Mientras tanto nos conformamos con putear, saquear, embriagarnos, o un simple cuarto puesto, cuando pudimos pelear el primero. ¡A la mierda con todo!    

viernes, 2 de agosto de 2013

Edwin Donayre y el Donayre homosexual

Una población ignorante  que desconoce mucho, se maneja bajo el mandato despótico de los prejuicios, estereotipos y supersticiones. Son cristales polarizados que van desfigurando  sus vidas  y la visión que tienen de todo lo que les rodea.
Y a propósito del barullo que se armó cuando se quiso imponer el sorteo para el servicio militar. Ese día leí en un diario las declaraciones   provenientes  del conocido general en retiro Edwin Donayre. Este, como la gran mayoría de peruanos estaba en contra de aquella discriminatoria norma. El, alegaba que no solo los pobres deberían hacer el servicio militar, no teniendo mejor forma que fundamentarlo diciendo: “ya basta que solo los quispes y mamanis vayan al cuartel”.
Estas palabras dicen mucho y hablan de un pensamiento que está muy generalizado en la población, por lo cual es de obligatoria necesidad hacer ciertas precisiones para acabar con estas arcaicas ideas.
Para el señor Edwin Donayre y como toda aquella persona que ve  el mundo a través de  esta forma de estereotipos y prejuicios,  pobre es  sinónimo de Quispe y Mamani. Dentro de esa visión sesgada que tiene de los peruanos  Edwin Donayre,  no se ha dado cuenta que algunos quispes y mamanis gracias al esfuerzo –quizas- progresaron un poco dejando con el correr del tiempo y no pocas gotas de sudor ese estado de pobreza en la que se habían desenvuelto. Y que en esta realidad  hoy por hoy existe un numeroso grupo de quispes y mamanis emprendedores y que ya no forman parte de los sectores más deprimidos económicamente porque existen también –y es bueno que lo sepa- quispes  y mamanis exitosos,  profesionales  triunfadores  y  prósperos empresarios. Hubo alguno por ahí  que ha llegado a  ser inclusive ministro y no falta también uno que otro ocupando algún puesto de funcionario importante.     
Y no solamente esta diversidad se nota en la cuestión económica sino también se muestra en esa amalgama y variopinta realidad  étnica de  nuestra sociedad  mestiza en la que  conviven quispes y mamanis con la piel oscura como también transitan por ahí otros quispes y mamanis con la piel más clara. O como aquellos quispes y mamanis  que tienen los rasgos marcadamente andinos,  pero, también los hay algunos con rasgos occidentales.  Y esta variedad de ejemplos ocurre también con los gustos y conductas porque están los quispes y mamanis heterosexuales como también los hay homosexuales.
Esa es la realidad de una sociedad tan diversa como la peruana. Es un abanico de rostros y colores y de nombres y apellidos, todo mezclado, como para retar a las más imposibles convivencias pacíficas.
Lo que ocurre es que algunos peruanos no se han dado cuenta de esto y al  igual que el señor Edwin Donayre aun perciben este mundo tan diverso que les rodea con excesivos prejuicios y estereotipos producto de todo ese desconocimiento.
Así que señor Donayre ilústrese algo mas  y deje de ver a los peruanos  con esos primitivos y labriegos estereotipos y  prejuicios, ya que dentro de esa pluralidad como quispes y mamanis también existe una gran variedad de  Donayres, y dentro de ellos habrá acaso algún Donayre blanco como otro negro, algunos donayres ricos y otros pobres, también como no, habrá el donayre heterosexual como también el donayre homosexual.