martes, 12 de febrero de 2013

Luna de miel en la Antártida y la decadencia católica


El gobernante con menos poder de decisión de  Latinoamérica, por estos días, se encuentra atravesando momentos inolvidables  junto a su afortunada consorte y  futura protagonista de una sinuosa candidatura  a la presidencia de la república. Ambos,  están ahora  en el extremo más austral del mundo disfrutando de un  paso placentero  por la Antártida. Este tour les resultara el mejor de sus vidas  ya que por ser invitados de honor,  este  aparente viaje de luna de miel les saldrá baratísimo porque  será costeado enteramente  por el  estado peruano.
La embarcación que los traslada  desde Ushuaia no tendrá el lujo del Queen Mary ni las dimensiones  del Titánic  porque este debe ser algún funcional y antiguo  barco de la armada peruana. Quizás en estos momentos, estarán en cubierta de ese bajel. Acaso  tomados de la mano se mirarán y algunos pingüinos los observaran junto con una que otra Orca que después de partir en dos a un descuidado lobo marino les guiñará el ojo, y ambos después de ver esas mágicas escenas,  entre carcajadas gozaran de esos inolvidables  instantes   y con ese frenético jolgorio se mofarán de cómo  engatusaron a esa enorme cantidad de píos corderos,  prometiéndoles  la gran transformación para  luego, y  después de probar varias hojas de ruta,  preferir el menos complicado y el más indolente,  dejarlo  todo en piloto automático,  que quiere decir, continuar con la no negociación y elegir el entreguismo.   
Burla que también comete su primer ministro al sobrevolar  Arequipa por unos minutos y después de observar la magnitud de la catástrofe  y  enterarse del número de víctimas y los 47,000 damnificados, llega a la conclusión de que no es suficiente como para declarar a la ciudad en emergencia.   
Qué  tal olla de grillos, como la noticia que  está acaparando  la atención de uno de los pueblos con peor educación en el mundo, pero eso sí,  el más religioso de todo el orbe.   
Se veía venir, a pesar de que todos los medios de comunicación lo querían cubrir  con ese conocido manto de hipocresías,  hoy la poderosa iglesia católica está en una evidente crisis de sucesión. Visto con desconfianza desde Londres hasta  Bruselas, solo en nuestro país que es  una encubierta dictadura fundamentalista católica,  esta trasnacional medieval actúa impunemente, libre en todo su accionar opresor, tiránico y corrupto.
Como cualquier estado en el mundo, el Vaticano se ve afectado por la dimisión intempestiva del que en su juventud formó parte de las juventudes hitlerianas. Detrás de la renuncia de Benedicto XVI se esconde el enfrentamiento de enormes intereses dentro de esa iglesia. Esas impacientes fuerzas no dejaron que el renunciante Sumo Pontífice finalice su regencia con su último aliento como si lo hizo Juan Pablo II y tantos otros pontífices. A muchos inquietaba la presencia de  Benedicto XVI y aquellos,  seguro apresuraron su renuncia,  porque,  si no hubiera sido así, quizás la providencia lo hubiera removido de ese importante y deseado  cargo de una forma tan extraña como le ocurrió a  Juan Pablo I.
Que mejores voceros de la malignidad y la ignominia con la siempre actúa la iglesia católica en el Perú, que ver a un Fernán Altube intentando tapar con un dedo lo que evidentemente  es una grave crisis dentro del corazón de esa iglesia y este espanto aumenta cuando se sabe que un posible sucesor de Benedicto seria Juan Luis Cipriani ese personaje que para muchos estudiantes de la PUCP es visto como el mejor representante  de lo siniestro,  la intriga y la ambición.