domingo, 27 de enero de 2013

Telefónica y La Brea y Pariñas

Nunca el golpe cobarde y abusivo de este gobierno ha tocado tan cerca del hígado del peruano de a pie como cuando se enteró de la noticia que el estado había renovado el contrato por dieciocho años más a la opresiva Telefónica del Perú. Ha sido la mejor distinción para la expoliadora labor de esta empresa que en estas casi dos décadas de funcionamiento ha brindado un pésimo y costoso servicio a los usuarios.


Esta poderosa corporación es la responsable de que en la mayoría de los hogares peruanos se desconozca la telefonía fija, obligando a ese pueblo tiranizado y pusilánime al uso de los nocivos celulares. Además, esta empresa ha estado siempre embarcada en condenar a esos millones de peruanos a girar eternamente en el círculo de la ignorancia ya que por los altos costos que impone al uso del internet hace inalcanzable para un 80 % de la población esa importante herramienta del conocimiento.

Todos los días, con la escusa de “conectar” a los peruanos desde Tumbes hasta Tacna esta empresa atropella los bolsillos de los incautos con tarifas sobrevaluadas y cargos fijos que mengua la alicaída economía de nuestros compatriotas. Han sido dieciocho años en los que ha gozado de un exclusivo monopolio que le sirve para fijar el precio que le da la gana y además le da el poder suficiente como para frustrar cualquier intento de competencia en el mercado, sobre todo, en la telefonía fija.

Los virreyes tiránicos y la censura de la inquisición de la oscura época colonial, han sido reemplazados por este gran conglomerado que no ha asimilado aun sobre el respeto al ciudadano peruano, valiéndose para perpetrar sus abusos de serviles protectores, mercenarios como aquel que vociferaba ese 28 de julio, midiendo alegremente el progreso de la población no con la reducción de su pobreza o el acceso a una mejor educación, sino, estúpidamente, con el incremento de móviles entre los peruanos o como también por aquel ministro andino con cabeza engominada que con voz hosca buscaba incomodo las escusas necesarias como para poder explicar el atentatorio nuevo contrato firmado con esta nefasta empresa, pasando por encima de la opinión pública, resignándolos a morderse los labios de la impotencia y con unas enormes ganas para el desquite.

Los proto indígenas que nombraba “El País” de España, han mostrado su verdadero cariz, mórbido, simple y dócil. Este gobierno de Humala está resultando peor que la de García y Toledo juntos. Siquiera aquellos con sus escándalos y desequilibrios aderezaban algo su entreguismo siguiendo el mismo y mal libreto de lo dejado por el fujimorismo. Pero, este, es peor, ya que no sale de su imagen de busto impuesto y esgrimido.

Pero, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, estamos seguros de que más temprano que tarde, este atropello, servirá para que algunos peruanos levanten las banderas de la dignidad de nuestro pueblo y harán que esta estratégica empresa deje de menospreciarnos.

Dudamos mucho que Telefónica llegue a cumplir esos nuevos dieciocho años. Será como el problema de La Brea y Pariñas de los años sesenta. Cuando el entreguismo del timorato Belaunde sirvió de escusa para que Velazco terminara el inconveniente de la manera que todos conocemos.

domingo, 13 de enero de 2013

El cholo y el poder del calzón

Nadie es perfecto, y esto, uno lo puede asegurar. Los miedos y los infiernos, aquellos que los tienes bien ocultos, nos hacen aferrarnos a algo o a alguien o en su defecto si no contamos con estos refugios, huimos poniéndonos a buen recaudo, lo más alejado posible de lo que nos atemoriza con la frente bien en alto o quizás con el rabo entre las piernas.

Con aires del cardenal Cipriani o mejor dicho de un general nazi, aparece la jefa, con su clásica pinta de vieja pendeja. Ingresa al auditorio, pedante y acompañada por la trujillana blanquiñosa y culona y más pintada que payaso de circo. Eran las más fieles representantes de que el machismo en este país era simplemente letra muerta. Después de traposear a medio mundo se sentaron una frente a la otra.
La joven norteña, como de costumbre, encendió su cigarrillo, comenzando una tertulia muy particular y que para algunos sería visto como un simple conjunto de chismes.
La más veterana, después de darle también una piteada al mismo cigarrillo, le comentaba:
- La Karin, por fin se había casado.
- ¿Y con quién? Respondió la norteña.
- Con un cholo con mucha plata, como tantas veces lo había asegurado, para que él cojudo le aguante todo.
- Asi es el poder del calzón, hermana, finalizó la más diestra entre carcajadas.

Y es que es cierto, en estas tierras en donde se vive y muere con ciertas peculiaridades ridículas, aquí es norma general y lo sigue buena parte de la población.
En la búsqueda de la pareja, surge entre personas formadas en un fuerte ambiente racista, la costumbre en algunos de presumirse superiores y en otros a gatas soportando una supuesta inferioridad étnica. Unos con un gran complejo de inferioridad aspirarán mejorar su raza a costa de todo y otros con un patológico complejo de superioridad pretenderán que los soporten estoicamente por el simple hecho de tener una piel más clara. Ambas enfermizas formas de ver las relaciones interpersonales en algún momento se encontraran, sobre todo, cuando se busca la pareja ideal.

Mientras ambos caminaban, erguida en soberbia, la mujer blanca y rubia, rezongaba al enorme cholo. Con unos gestos y la mirada que recordaban aquellas nobles señoronas cuando muestran todo su poder humillando con gritos a su insignificante empleada indígena. Pero, ese no era el caso, conforme más nos fijábamos en la escena que se desarrollaba en ese conocido centro comercial, nos dimos cuenta que la victima de toda esa asonada de gritos denigrantes era el marido de esa escandalosa fémina. Un enorme cholo moreno que seguramente por la camioneta y la ropa que llevaba, era uno de esos nuevos ricos producidos por los buenos ingresos que ahora da la minería, pero, que todavía no ha conseguido arrancarse de su mundo interior el enorme complejo de sentirse inferior y que en el afán de removerse la piel oscura y mejorar la raza, tiene que soportar todos los insultos a esa mierda de mujer pálida, por el simple hecho, que la hijaputa, se cree superior a él. Es una guerra solapada, un conflicto que se da en muchas parejas silenciosamente y que con el tiempo, si llegan a formar una familia, seguirán enfermando a esta sociedad putrefacta y salvaje.

Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero, después de ver aquellas escenas en ese centro comercial en donde se observaba a una víctima sometida a una sombra siniestra que probablemente lo sigue a todas partes, porque, la infame adora mas el chicharrón que ahora detentaba ese prospero incauto. Es el poder del calzón del que hablaban aquel par de ruines hembras. Es ese poder que hace de un buen hombre, un “huevón”, por ser la víctima sometida a los designios de alguien que tal vez por lo perversa y ambiciosa, rivalizaría con los demonios mas inverosímiles y como la mejor sabuesa olfatea los billetes de su tonta víctima. Oscura guillotina para cualquiera que intente en algo opacar sus lucrativos intereses, haciendo del mártir enclenque un perpetuo sacrificado y el más conmovedor condenado a unas cadenas que cada cierto tiempo lo vulnera y lo priva.

Después de ver aquellas muy ilustrativas escenas de esa moderna pareja peruana, me preguntaba a que niveles llega el desconocimiento de algunos que por buscar una salida a sus problemas eligen el camino de lo trivial e intrascendente y que no les serán suficiente para lograr la felicidad plena de una persona sana.