viernes, 6 de diciembre de 2013

Nelson Mandela y el Apartheid peruano

El respeto,  la igualdad de condiciones, la  libertad. Son derechos fundamentales que en este siglo no tienen  ninguna discusión.
Nelson Mandela,  durante toda su vida levantó esas banderas  en su patria Sudáfrica, un estado  creado y dominado por una minoría blanca que insulsos apartaron  a  toda  una mayoría negra. Pero esto no iba durar  eternamente, porque,  no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista; es cierto,  porque esos pueblos anteriormente segregados,  hoy tienen mayor participación en el devenir  de su país de lo que tenían antes de Madiba.
Pero, a propósito. Alguien por estos lares se ha preguntado si existe igualdad entre las distintas etnias que habitan nuestro territorio o es que acaso no hay  un tapado, un encubierto  “apartheid” en contra de determinados grupos étnicos  que no son los denominados  criollos.
Es que es evidente. Cómo aquel turista  ingles que lo notó  y  lo reclamaba  por televisión en esa entrevista al paso, diciendo: “aquí los blancos tienen todos los privilegios”.
Según la CIA, de los  30.000.000 de habitantes que tiene el Perú:   el 45% son amerindios  o como gusten llamarlo (cholo, andino, etc.), el 37% son mestizos, el 15 % criollos;  y el resto lo conforman asiáticos, europeos, estadounidenses  y otras etnias.  Esta es la realidad étnica de nuestro país.
Yo me pregunto: ¿Estarán representadas las etnias no criollas (amerindios y mestizos)  en el manejo de su  país?
Es cierto que en la fundación del estado peruano en 1821,  la participación  de los blancos (criollos) fue fundamental. Pero,  es que esto se debió principalmente porque después de la  revuelta de Túpac Amaru II las autoridades españolas a finales del siglo XVIII  diezmaron a la mayoría de los líderes indígenas y sus familias.
El estado peruano en 1821 fue establecido por los criollos,   y las leyes y normas sociales  que se instituyeron   fueron creadas  con la intención de  superponer a esta etnia sobre las mayorías  amerindias y mestizas.  Eso está claro y es por demás conocido.
Así transcurrió el siglo XIX y XX  y los peruanos hemos sido testigos de los cambios que se  han dado  en el mundo. Todos buscando la igualdad entre los diferentes  pueblos.
Pero, a pesar  de ello en nuestro país esta desigualdad  no ha variado mucho  desde los comienzos de la republica.  Ahora habrá automóviles  y computadoras pero como congelados en un tiempo decimonónico sigue existiendo una clara segregación frente a gran parte de peruanos.
Los pobres en su gran mayoría lo constituyen casi en un  99 %   amerindios y mestizos. Las victimas  en los dos bandos durante el conflicto interno que sufrió el país en las décadas de los ochenta y noventa, casi el 90 %  pertenecieron a la mismas etnias.
Cuando uno ve a  los directivos de las principales empresas (medios de producción) que mueven el país,   todos pertenecen a la etnia criolla. Lo mismo sucede con los dueños de las principales cadenas de televisión peruanas.
Cuando nos encontramos con las principales cabezas  de la Iglesia,  Policía  Nacional,  Aviación, Marina y Ejercito. Todos corresponden a la misma etnia criolla,  o sea,  a ese 15 %  del total de la población del país.
Con estos simples y reales ejemplos, yo les pregunto: ¿No existe acaso  una especie de Apartheid en contra de la mayoría de peruanos?
¿Cuánto más todavía falta por recorrer  y  tropezar,  para que nuestro estado  se modernice y modernice a toda su sociedad,  buscando con esto  la verdadera  igualdad  entre todos sus habitantes?
El  Perú debe evolucionar siguiendo el ejemplo de otros pueblos, para así tener una sociedad más unida, igualitaria y sobre todo sana. O es que  todavía en estos tiempos,  ese 15 % de criollos,  sigue creyendo como en 1821 que son una “raza superior” y que el resto de peruanos:  amerindios, andinos  o cholos, juntos con los negros y el resto de etnias no criollas,  somos todavía salvajes e inferiores.
Pero,  lo cierto es que si en Sudáfrica  se han dado esos cambios,  es porque todavía en ese país el negro se atreve  a decir que es negro; en cambio aquí, en el Perú,  la aculturación ha sido feroz,  y en pleno siglo XXI y con los avances de la ciencia y  los progresos en materia de derechos humanos: el indio no quiere ser indio, el negro no quiere ser negro y todos ellos venderían su alma al mismo diablo por ser blancos. Esa es la purita verdad.

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