jueves, 28 de noviembre de 2013

Susana Villarán y los muertos vivientes

Aquella derrota tan vergonzosa que sufrió Lourdes Flores Nano  frente a una desconocida  pero persistente Susana Villarán   en las pasadas elecciones municipales del 2010,  no iba a ser tan fácilmente olvidadas por las huestes conservadoras pepecistas  ni por su inmaculada lideresa. La venganza tenía que ser lo más sutil posible, casi como el imperceptible corte del mejor cirujano. Para tal fin dentro del consejo municipal limeño con sus regidores  incubaron  el  germen que provocaría una revocatoria, estancando de esta manera  el  trabajo de Susana Villarán y teniéndola por el cuello durante el tiempo restante que le quedaría  de su gestión.
Los buenos perdedores  con una sonrisa postiza  le extendieron una falsa  mano  voluntariosa y colaboradora a la nueva alcaldesa. Pero,  en la realidad, lo que le guardaban,  era un puño furtivo cargado de vil revanchismo e inquina, dirigido para  minar su  trabajo.  Imperceptible para muchos pero no para este curtido sabueso.
Los intereses de aquellos grupos  potentados,  vieron en Susana Villarán una temible amenaza para el futuro. Aliados con los medios de comunicación  le cedieron  pantalla  y titulares  para hacerla escalar en las encuestas y llevarla  al sillón municipal. Una vez en esos  territorios, por fin la tendrían en  el lugar preciso  para vulnerarla,  haciéndole un daño calculado. Para ese fin,  intrigaron, valiéndose de  aquellas  dificultades que frecuentemente surgen al  iniciar  cualquier  gestión, haciendo de esos problemas  el rotulo exacto que identifique  a toda su gestión como mala,  con el claro objetivo de  anularla  para cualquier  posterior aventura  presidencial.                                 
Esa revocatoria tramada con anterioridad  corto de tajo el tiempo necesario  para que se pueda realizar  una gestión  municipal sobresaliente,  porque desde un comienzo fue entorpecido  por los que ahora orondos  se presentaban como ganadores  en estas elecciones para regidores del domingo último.  Ellos mismos  no permitieron que la ciudad de Lima avanzara. No les  importó saber que cavilando  para  socavar  la gestión de Villarán también estarían  paralizando  el progreso de toda una ciudad, sobreponiendo sus apetitos particulares a costa de afectar el desarrollo de una de las capitales más caóticas de Sudamérica.
En esa reciente conferencia de prensa se la veía a Lourdes Flores Nano  con un exagerado triunfalismo, celebrando  por  sus nuevos regidores. Sudorosa como en una  atmósfera premeditada, me recordaba  más a  un laborioso reciclador después de haber rebuscado  entre  los desechos de otros. La lideresa del PPC contaba  con unas actas electorales en la mesa que seguramente serian las  pruebas fehacientes de que contaba con el número de regidores suficientes para confirmarle su primer triunfo  electoral. Ahora sí podía exigir con todo derecho  que le quiten de una vez por todas,  esa imborrable imagen  de cadáver político.
Hoy más que nunca   Lourdes Flores Nano nos ha demostrado que no da la talla de política moderna, porque sigue  arrastrando esas taras del típico político tradicional, anteponiendo sus mezquinos intereses sobre los del resto de la población.
A pesar que los medios tomados por los grupos interesados en mantener bustos parlantes,  afirmen  lo contrario.  Susana Villarán  hoy sale  fortalecida de todo ese complot pendejo y mañoso  y limpia de toda esa mugrosa politiquería tradicional  desenmascarada  con  los festejos  y  el excesivo triunfalismo de los que intentaron eclipsarla.
 Susana Villarán cuanta con el  suficiente vigor,  y esas  cualidades de concertación y lucidez, muy necesarios para alguien que congregue y lidere  a todas las fuerzas progresistas en el país hacia las próximas elecciones  presidenciales del 2016.    

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