sábado, 9 de noviembre de 2013

La Republica Fujimorista

El presidente que sucederá a Ollanta Humala, o mejor dicho, la mujer que asumirá el cargo de primera mandataria del país el 28 de julio del 2016 será la señora Keiko Fujimori.
No me pregunten cómo obtuve esta información, pero solo les diré que me lo enviaron a mi correo hace unos días en forma de spam, firmado por un tal Snowden.
 La hija primogénita del ex presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, finalizará un periodo en la historia del Perú denominado: “La Republica Fujimorista”, el cual se dará  inicio a finales del siglo XX cuando el ex ingeniero agrónomo asumió el poder en 1990 y continuará con otros rostros hasta el año 2021.
 Dentro de este periodo se sucederán en el gobierno del país los siguientes mandatarios: Alberto Fujimori Fujimori (1990-2000), Valentín Paniagua (2000 -2001), Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011), Ollanta Humala (2011-2016), Keiko Fujimori (2016-2021).
 Este espacio de tiempo que abarcará  tres décadas, llevará el nombre de “Republica Fujimorista”, porque,  si bien en el papel,  se sucedieron varios gobernantes, en la realidad, los distintos mandatarios desde Alejandro Toledo hasta Keiko Fujimori en esos treinta años, no harán cambios significativos en el aspecto económico, político, social y sobre todo en  los métodos y formas de gobernar que instauró Alberto Fujimori a partir del autogolpe del 5 de abril de 1992.
Esta larga época en la historia de nuestro país se va caracterizar en los siguientes aspectos:
En la parte económica, la Republica Fujimorista se va identificar por la implementación en el país del modelo económico neoliberal. Sin mayores cambios, este modelo convertirá al país dentro del mercado mundial en un mero exportador de materias primas. Por estas razones el crecimiento será moderado y endeble debido a la excesiva dependencia a los precios siempre inestables, en este caso, de los metales. La estabilidad económica se mantendrá gracias a la reducción de salarios de los trabajadores y a una rígida política fiscal caracterizada por la disminución del gasto público, brindando el estado un deficiente servicio a la población en los sectores de salud, educación y seguridad interior. El incremento de la inversión extranjera se dará sobretodo en la minería. La retribución de estos grandes conglomerados al erario nacional será poco comparado con otros países de la región (caso Chile) por lo cual su aporte no alcanzará lo suficiente como para sacar al país del subdesarrollo.
En el aspecto social, el crecimiento económico en el Perú desde Fujimori (padre) será de marcada inequidad. Por estas razones solo lo disfrutará una parte minoritaria de la población ya que sobre las espaldas de la gran mayoría caerá el peso de este rígido modelo económico. Incrementándose de esta forma la injusticia social y con ella la violencia urbana, junto con la sobrepoblación, crecimiento desordenado y el hacinamiento de sus principales ciudades. Lima metropolitana y la costa norte peruana será tomada por el sicariato y el narcotráfico llegando a asemejarse a Ciudad Juárez en México y a la misma Colombia. La reducción de la pobreza será lenta estancándose en alrededor del 30 % de la población.
En el aspecto cultural, los medios de comunicación serán monopolizados por grupos conservadores y partidarios del régimen. Tanto la radio, la televisión como la prensa escrita difundirán a la población como en las mejores épocas de Alberto Fujimori grandes dosis de información de la farándula limeña, sirviendo como “cortinas de humo” para tapar los grandes escándalos de corrupción que se presentaran en los distintos gobiernos.
En lo político, la herencia del fujimorismo hará que las instituciones del estado sigan siendo débiles e ineficientes. Los partidos políticos seguirán perdiendo credibilidad dentro de la población y la institucionalidad de estos será cada vez más endeble, fortaleciéndose así dentro de ellos el caudillismo. La clase política estará inmersa en grandes escándalos de corrupción.
En el aspecto internacional será marcada la influencia estadounidense. En ese ámbito se intentará por todos los medios afianzar la alianza del pacífico. Pero al final caerá en un rotundo fracaso porque en la realidad entre sus miembros había mucho más razones para separarse que motivos para mantenerse unidos.

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