domingo, 4 de agosto de 2013

Las matadorcitas y otros veinticinco años de perdedores

Si tú crees que el desarrollo de un país se limita a solo incrementar los ingresos de un determinado grupo de personas. Si crees que contar con los mismos ingresos de uno del primer mundo, ya te puedes  considerar como parte de ellos. Si eso es lo que crees. Pues, te digo con todo el dolor de tu falso orgullo, que estas, totalmente equivocado.
El subdesarrollo de una sociedad  causada por la pobreza solo es una pequeña parte del problema, porque, la principal causa de ese subdesarrollo y  estancamiento es la cuestión mental, es el conjunto de pensamientos que posee esa deprimida población.
Lo he escrito tantas veces o lo he dejado sobre entendido. El pensamiento del peruano no ha avanzado nada en autocrítica. En pocas palabras no ha evolucionado. Todo lo contrario. Se ha congelado en el tiempo o ha retrocedido. A pesar de haber vivido un periodo largo de extrema violencia interna con el enfrentamiento entre peruanos, no hemos aprendido la lección, porque, la inequidad social,  la corrupción institucionalizada, la ineficiencia de gestión y la ignorancia en  general se han mantenido y se ha propagado aun más.  Haciendo que el pensamiento crítico de los que deberían tenerlo se ausente o no exista.
Los mismos problemas y alegrías tenía el peruano de 1988. Hoy como hace veinticinco años ese temor del limeño de salir a la calle no ha variado, porque,  ahora esa violencia maoísta ha mutado en ejércitos de sanguinarios sicarios que han  tomado las principales ciudades, destapando a una seguridad  que como hace veinticinco años era ineficiente y corrupta.
Hoy como hace veinticinco años la educación que brinda el estado  es mediocre y no hay ninguna universidad privada que esté a la altura de las principales de Latinoamérica -y no menciono a las públicas-.
Hoy como hace veinticinco años la sociedad peruana sigue siendo en su mayoría mística y religiosa, desenvolviéndose -sin saberlo- con muchos miedos, prejuicios, estereotipos y supersticiones.
Hoy como hace veinticinco años no leemos, y si lo hacemos, leemos lo mismo.
Hoy como hace veinticinco años el peruano enfermo  sigue siendo racista, porque continúa despreciándose despreciando  todo lo indígena,  por temor a reconocer  o por desconocimiento  que como él, el 80 % de la población tiene una enorme carga amerindia en sus genes y rostros.
Hoy como hace veinticinco años,  no creemos que los peruanos –junto al “perturbado occidental” Alan García- formamos parte de una cultura milenaria repleta de conocimientos que nos insta a la perfección y a la consecución del objetivo, logrando hacer de él un ser humano cada vez mejor y  haciéndole renacer una milenaria fortaleza y  seguridad que le hará sobrevivir en las peores condiciones.
Hoy como en 1988 en las olimpiadas de Seúl, esa timorata mentalidad afro criolla no mantiene un resultado  y a pesar de estar ganando el encuentro, el lozano fruto de esta sociedad suspendida en el tiempo,  no cree en ese éxito que ellas mismas estaban gestando y caen derrotadas no por el rival que tenían al frente,  si no,  ante otro que es peor, porque, está oculto e imperceptible. Es esa vacilación y vulnerabilidad que da la herencia de una mentalidad perdedora, corrupta, licenciosa y desordenada, que trajeron los moriscos en sus carabelas y que  defienden los más obstinados tercermundistas, hoy como hace veinticinco años en el Perú.
Es el eterno subdesarrollo. Es el eterno estancamiento. Mientras tanto nos conformamos con putear, saquear, embriagarnos, o un simple cuarto puesto, cuando pudimos pelear el primero. ¡A la mierda con todo!    

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