miércoles, 17 de abril de 2013

Juan Manuel Guillen Benavides y el perfil del camarada repugnante

La Recoleta es un pintoresco barrio del casco antiguo de la ciudad de Arequipa: la arquitectura, sus callejuelas estrechas y adoquinadas,  y ese cielo tan azul,  le dan al lugar   un  aire realmente apacible y agradable. Contrariamente, también en ese  sector de la ciudad se erige  la  Gerencia Regional de Educación de Arequipa. Siempre, se la ha conocido  como el centro de todo lo sucio y corrupto,  pero, en los últimos tiempos, se ha convertido en una verdadera  madriguera y  refugio temporal de un tipo de persona  que por la forma de desenvolverse -según nos cuentan-  representa el perfil que mayoritariamente poseen  los que  rodean al actual presidente de la región. Son personajes que con sus abyectas maneras en estos momentos ensucian con la mediocridad de la ineficiencia comunista la formación de miles de niños y adolescentes arequipeños.
Al frente,  había un viejo, algo aburrido  y  con gestos del más rancio burócrata, pero, con ojos honestos e impotentes de no contar con  el poder de decisión de antes. A su costado,  había  un  sillón vacío. En la mesa  contigua,  estaba el hombre sin rostro, pusilánime con un enorme terror al mundo que se protegía con su único escudo: una pequeña laptop. A su izquierda,  parecía su gemelo: el mismo traje y los mismos gestos, pero igual de simple, y más preocupado por lo que marcaba el reloj en ese momento. Al fondo  de ese aburrido pelotón del ocio y la ineficiencia  teníamos a una señora con el típico rostro y  las actitudes de la más torpe y desmemoriada de las tramitadoras.
Aquel asiento vacío pertenecía a la directora de aquella orquesta mediocre en esa vieja oficina de Gestión Pedagógica. -Según cuentan-  se  hacía llamar: “Camarada Gina” e ingresó arrogante, intentando con gritos  hilvanar algunas silabas coherentemente.                 -Seguro-  el desenvolverse en la vida como una afanosa agitadora de plazuela no le dio el tiempo necesario como para ilustrarse un poco con un buen libro y dejar el estado de limitada ágrafa que ahora exhibía con sus alaridos  y  todo ese  vocabulario ordinario, como emulando al más  tirano dictador norcoreano, despreciando  a  cualquiera que le pusieran al frente; atrás quedaron sus días,  cuando cabizbaja, deambulaba como fiel ramona y se alimentaba con lo poco que le daba el pulular por los  oscuros y polvorientos  rincones de aquel Centro Federado, porque hoy,  ingresaba soberbia y alborotada, deslizándose escandalosa como el más mortal áspid, segura del poder que le daba  ser  los ojos y oídos del presidente de la región.  Cada uno de ellos en esa oficina reveló con sus inseguridades  y perífrasis la baja condición intelectual en el que se desenvolvían.
Esos “Camaradas” no eran unos simples burócratas más, porque, muchos de ellos forman parte del círculo más cercano  del actual presidente de la región Arequipa. Este abyecto y limitado grupo, si en algo se parecen, es que  reúnen todos,  ese  exigente perfil que ha puesto a su gente de confianza Juan Manuel Guillen Benavides.   Es ese perfil del subdesarrollo, es el perfil de la ineficiencia y el atraso. Hoy, los que dirigen las diferentes gerencias que conforma el gobierno regional de Arequipa cumplen con el mismo riguroso perfil.  Cuanta sucia miseria intelectual hoy organiza y gestiona la educación de los estudiantes en la región Arequipa. Solo es la asquerosa miseria de la ignorancia y la mediocridad, y directos responsables de que la educación arequipeña y la peruana se encuentren en el sótano de América Latina.
La educación en el Perú –y esto no es nada nuevo- se encuentra en un nivel paupérrimo y el que se imparte en la región Arequipa no escapa a esta realidad. Una de las causas para que se presente este grave problema es que las personas encargadas de la gestión pedagógica están en un nivel  intelectual tan mediocre que se trasluce en el tipo de trabajo que ejecutan.
En esa foto de la sección social del diario “El pueblo”, lo veíamos al presidente regional de Arequipa, Juan Manuel Guillén Benavides, muy desmejorado, lánguido y mortecino; como si la enfermedad  que padece lo estaría consumiendo cada día más. Pero, el melanoma que soporta no se compara al cáncer que el mismo y su perversidad están propagado por toda la región. Ese cáncer maligno, lo denuncian los medios locales: son las asquerosas miserias de la corrupción la ineficiencia el nepotismo y el despilfarro. Es ese vil egoísmo que lo obliga a que le llegue al tuétano cualquier obra que beneficie a su población. Es quizás esa egolatría y perfidia por un triste final que  le hace mandar  al resto a la mierda, haciendo innecesario e intrascendente cualquier obra que verdaderamente sirva a su comunidad. En su lugar, se deleita  colocando en los cargos  importantes a los más idiotas e incapaces, ventilando  a los cuatro puntos cardinales del valle de Arequipa esas  asquerosas  miserias con el perfil de sus más repugnantes camaradas.  

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es el pendejo más grande que ha tenido Arequipa, sus argollas son conformadas por todos sus chupamedias, por no decir chupapin...que les gusta todo suave, sin hacer nada, solo sobar y chupársela al chato, esa es la camarilla regional y la que dejo y cagó a la UNSA, ahora dicen que es ingeniero, que tal concha...