jueves, 21 de marzo de 2013

Carta abierta a las AFP


Señores de las AFP
Quiero,  antes que nada, hacerles llegar los sinceros saludos de alguien que ha huido de sus estadísticas.
Estoy consciente que vivo en un país injusto y no de ahora, si no que siempre lo ha sido. A través de su historia ha habido gentes que se han querido sacudir, pero, les ha ido muy mal, asi que yo no tengo ni un pelo de apóstol y nunca lo he tenido, por eso, en este circo romano elijo el anonimato y el de simple observador, nada más, la acción se lo dejo a otros.
Estos días, mis píos corderos, otra vez, están alborotados y revueltos, y  ya no se debe,  por la cuestión de la elección en Roma de uno de sus pastores, si no que ahora, el motivo son tus conocidas instituciones financieras. Si,  esas burdas imitaciones de las que existen en Chile. Los medios de información peruanos que ustedes tienen a bien mantener con su frecuente y costosa publicidad los ha colocado en un terrible dilema. Como los más inteligentes pendejos y mostrando tu sarcástica bondad  les has dado a  elegir, no entre huir de ustedes, desafiliándose, sino, para optar por un enredoso tipo de comisión, que al final, solo significa elegir el tipo de sustracción, nada más. Les entregas una ecuación compleja para distraerlos y así no ver el fondo de este cochambre.
El carterista, a comparación de ustedes está en mejor  posición moral,   ya que ellos dan la cara cuando  te muestran el puñal, en cambio ustedes, se encubren en sus infranqueables y modernos edificios, mostrándonos  su enorme poder,  protegidos por la reglas de juego que les heredó Fujimori.
5.200.000  afiliados, millones de víctimas de un robo impune y cobarde. Millones de ingenuos, futuros ancianos que llenaran las calles con sus gritos  exigiendo mejores jubilaciones, reclamos que al final serán cortos, quizás cinco años a lo mucho, ya que conociendo la esperanza de vida del peruano, estas molestias -gracias a dios-  para ustedes, serán fugaces.  Esos abuelos, si logran superar las difíciles trabas que les impones, cobraran algo de sus fondos que ustedes mensualmente  y  alrededor de veinticinco años  recaudaron con esa onerosa  comisión, para poder hacer realidad su futura pobreza senil. 
Digo que he huido de las estadísticas porque hace buenos años desde mi anatema ya no me distrae  lo que disgusta a mis píos corderos,  y reconozco,  también,  que no pude hacer nada durante esos años que te quedaste injustamente con parte de mi trabajo; esos dineros, te los regalo como al peor miserable. Pero, ya no volverá a suceder, porque este país de las maravillas tiene también cosas bonitas y al final no te llega a ahorcar totalmente. Porque saben –quizás- que si no fuera  asi, esto sería tierra arrasada.
Este rio revuelto te da  la opción de estar al margen y  de ganarte la vida como dios manda, todas alejadas  de las que se valen la mayoría de mis píos corderos, vives decorosamente y te da tiempo,  no, de hacer colas, sino, de pensar y de escribir.
No quiero, antes de despedirme,  recordarles que mi vejez y lo que  ocurra con esa etapa de mi vida, le deberé solo a mi esfuerzo, el único responsable de mi futuro seré yo. Así que,  para que quede claro,  antes de confiar mi senectud  al estado  o  a ustedes,  prefiero mil veces  pegarme un tiro en la sien.
Sin más que decirles,  me despido.
Atentamente.
CHOLOPITUCO