Señores de las AFP
Quiero, antes que nada, hacerles llegar los sinceros
saludos de alguien que ha huido de sus estadísticas.
Estoy consciente que vivo en un
país injusto y no de ahora, si no que siempre lo ha sido. A través de su
historia ha habido gentes que se han querido sacudir, pero, les ha ido muy mal,
asi que yo no tengo ni un pelo de apóstol y nunca lo he tenido, por eso, en
este circo romano elijo el anonimato y el de simple observador, nada más, la
acción se lo dejo a otros.
Estos días, mis píos corderos,
otra vez, están alborotados y revueltos, y
ya no se debe, por la cuestión de
la elección en Roma de uno de sus pastores, si no que ahora, el motivo son tus
conocidas instituciones financieras. Si, esas burdas imitaciones de las que existen en
Chile. Los medios de información peruanos que ustedes tienen a bien mantener
con su frecuente y costosa publicidad los ha colocado en un terrible dilema.
Como los más inteligentes pendejos y mostrando tu sarcástica bondad les has dado a elegir, no entre huir de ustedes, desafiliándose,
sino, para optar por un enredoso tipo de comisión, que al final, solo significa
elegir el tipo de sustracción, nada más.
Les entregas una ecuación
compleja para distraerlos y así no ver el fondo de este cochambre.
El carterista, a comparación de
ustedes está en mejor posición moral, ya que
ellos dan la cara cuando te muestran el
puñal, en cambio ustedes, se encubren en sus infranqueables y modernos
edificios, mostrándonos su enorme poder,
protegidos por la reglas de juego que les
heredó Fujimori.
5.200.000 afiliados, millones de víctimas de un robo
impune y cobarde. Millones de ingenuos, futuros ancianos que llenaran las
calles con sus gritos exigiendo mejores
jubilaciones, reclamos que al final serán cortos, quizás cinco años a lo mucho,
ya que conociendo la esperanza de vida del peruano, estas molestias -gracias a
dios- para ustedes, serán fugaces. Esos abuelos, si logran superar las difíciles
trabas que les impones, cobraran algo de sus fondos que ustedes mensualmente y alrededor
de veinticinco años recaudaron con esa
onerosa comisión, para poder hacer
realidad su futura pobreza senil.
Digo que he huido de las
estadísticas porque hace buenos años desde mi anatema ya no me distrae lo que disgusta a mis píos corderos, y reconozco, también,
que no pude hacer nada durante esos años que te quedaste injustamente
con parte de mi trabajo; esos dineros, te los regalo como al peor miserable. Pero,
ya no volverá a suceder, porque este país de las maravillas tiene también cosas
bonitas y al final no te llega a ahorcar totalmente. Porque saben –quizás- que
si no fuera asi, esto sería tierra
arrasada.
Este rio revuelto te da la opción de estar al margen y de ganarte la vida como dios manda, todas alejadas de las que se valen la mayoría de mis píos
corderos, vives decorosamente y te da tiempo, no, de hacer colas, sino, de pensar y de
escribir.
No quiero, antes de despedirme, recordarles que mi vejez y lo que ocurra con esa etapa de mi vida, le deberé
solo a mi esfuerzo, el único responsable de mi futuro seré yo. Así que, para que quede claro, antes de confiar mi senectud al estado o a ustedes,
prefiero mil veces pegarme un tiro
en la sien.
Sin más que decirles, me
despido.
Atentamente.
CHOLOPITUCO
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