domingo, 13 de enero de 2013

El cholo y el poder del calzón

Nadie es perfecto, y esto, uno lo puede asegurar. Los miedos y los infiernos, aquellos que los tienes bien ocultos, nos hacen aferrarnos a algo o a alguien o en su defecto si no contamos con estos refugios, huimos poniéndonos a buen recaudo, lo más alejado posible de lo que nos atemoriza con la frente bien en alto o quizás con el rabo entre las piernas.

Con aires del cardenal Cipriani o mejor dicho de un general nazi, aparece la jefa, con su clásica pinta de vieja pendeja. Ingresa al auditorio, pedante y acompañada por la trujillana blanquiñosa y culona y más pintada que payaso de circo. Eran las más fieles representantes de que el machismo en este país era simplemente letra muerta. Después de traposear a medio mundo se sentaron una frente a la otra.
La joven norteña, como de costumbre, encendió su cigarrillo, comenzando una tertulia muy particular y que para algunos sería visto como un simple conjunto de chismes.
La más veterana, después de darle también una piteada al mismo cigarrillo, le comentaba:
- La Karin, por fin se había casado.
- ¿Y con quién? Respondió la norteña.
- Con un cholo con mucha plata, como tantas veces lo había asegurado, para que él cojudo le aguante todo.
- Asi es el poder del calzón, hermana, finalizó la más diestra entre carcajadas.

Y es que es cierto, en estas tierras en donde se vive y muere con ciertas peculiaridades ridículas, aquí es norma general y lo sigue buena parte de la población.
En la búsqueda de la pareja, surge entre personas formadas en un fuerte ambiente racista, la costumbre en algunos de presumirse superiores y en otros a gatas soportando una supuesta inferioridad étnica. Unos con un gran complejo de inferioridad aspirarán mejorar su raza a costa de todo y otros con un patológico complejo de superioridad pretenderán que los soporten estoicamente por el simple hecho de tener una piel más clara. Ambas enfermizas formas de ver las relaciones interpersonales en algún momento se encontraran, sobre todo, cuando se busca la pareja ideal.

Mientras ambos caminaban, erguida en soberbia, la mujer blanca y rubia, rezongaba al enorme cholo. Con unos gestos y la mirada que recordaban aquellas nobles señoronas cuando muestran todo su poder humillando con gritos a su insignificante empleada indígena. Pero, ese no era el caso, conforme más nos fijábamos en la escena que se desarrollaba en ese conocido centro comercial, nos dimos cuenta que la victima de toda esa asonada de gritos denigrantes era el marido de esa escandalosa fémina. Un enorme cholo moreno que seguramente por la camioneta y la ropa que llevaba, era uno de esos nuevos ricos producidos por los buenos ingresos que ahora da la minería, pero, que todavía no ha conseguido arrancarse de su mundo interior el enorme complejo de sentirse inferior y que en el afán de removerse la piel oscura y mejorar la raza, tiene que soportar todos los insultos a esa mierda de mujer pálida, por el simple hecho, que la hijaputa, se cree superior a él. Es una guerra solapada, un conflicto que se da en muchas parejas silenciosamente y que con el tiempo, si llegan a formar una familia, seguirán enfermando a esta sociedad putrefacta y salvaje.

Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero, después de ver aquellas escenas en ese centro comercial en donde se observaba a una víctima sometida a una sombra siniestra que probablemente lo sigue a todas partes, porque, la infame adora mas el chicharrón que ahora detentaba ese prospero incauto. Es el poder del calzón del que hablaban aquel par de ruines hembras. Es ese poder que hace de un buen hombre, un “huevón”, por ser la víctima sometida a los designios de alguien que tal vez por lo perversa y ambiciosa, rivalizaría con los demonios mas inverosímiles y como la mejor sabuesa olfatea los billetes de su tonta víctima. Oscura guillotina para cualquiera que intente en algo opacar sus lucrativos intereses, haciendo del mártir enclenque un perpetuo sacrificado y el más conmovedor condenado a unas cadenas que cada cierto tiempo lo vulnera y lo priva.

Después de ver aquellas muy ilustrativas escenas de esa moderna pareja peruana, me preguntaba a que niveles llega el desconocimiento de algunos que por buscar una salida a sus problemas eligen el camino de lo trivial e intrascendente y que no les serán suficiente para lograr la felicidad plena de una persona sana.

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