lunes, 7 de mayo de 2012

Descompuesta instrucción

Parece que comenzar a escribir sobre algunos colegios y otras instituciones arequipeñas, está trayendo mucho interés en los variopintos lectores de esta humilde bitácora. Por estas razones seguiremos hurgando en ese mundillo abyecto y decadente en el que se desenvuelven algunas entidades de esta ciudad.
De las numerosas congregaciones católicas existentes, una de las que más destaca por su antigüedad, son los franciscanos. Estos poseen al igual que sus similares, importantes inversiones, sobre todo en el sector educación. En la ciudad de Arequipa por ejemplo regentan dos colegios de secundaria, reconocidos en sus respectivas jurisdicciones: uno lleva el nombre de San Francisco y el otro tiene la denominación de Santa Clara. Hoy nos ocuparemos de este último.
Si algo, uno percibe, cuando apenas ingresa a sus claustros, es un hedor extraño e insoportable. Este enrarecido aire, nauseabundo e irrespirable, te hace de pronto preso de un extraño escalofrío. Sorprendido por esa inhabitual reacción, al poco tiempo lo entiendes, sobre todo, cuando sus conocedores te advierten que ese olor a putrefacto se debe a que en ciertas horas del día y de la noche, los cientos o miles de cadáveres que contiene el cementerio contiguo (de nombre “La Apacheta” el más grande de la ciudad de Arequipa) comienzan a despedir ese necrológico olor.
Ese efluvio de cadáveres es el primer aviso del tipo de humano que se encuentra ahí dentro. Una especie que se desenvuelve con la filosofía y el espíritu del más infeliz celador de nichos. Un homínido formado con las peores maneras que te puede dar la incultura, haciéndoles tan despreciables para el civilizado como lo es la peor y execrable fauna cadavérica. En realidad, según los testigos, esa pestilencia se va volver la más exquisita fragancia cuando se tiene la incómoda ocasión de conocer, los despojos que laboran en ese recinto.
Algo que caracteriza a los franciscanos y quizás también a otras congregaciones católicas que en nuestro país abundan, son sus maneras de actuar. Destacando por ser déspotas, infames y ruines. Estos malsanos sentimientos van a ir contaminando también a sus infortunados servidores. Porque sin darse cuenta con el tiempo, se han ido mimetizando como sus clérigos patrones, dejando atrás ese pasado - ya enterrado- cuando eran humanos, sanos y libres. Todos ingresaron ilusionados por un empleo mejor, pero con el tiempo, lo que más añoraron se convierte en una trampa sin salida. Porque el rígido adoctrinamiento les hace sentirse como el peor adicto que no encuentra escapatoria y con los años lentamente se van conformando con sus cadenas, como lo hacen los condenados a cadena perpetua en aquellas prisiones de alta seguridad. Haciéndoles sentirse en su psicopatología como privilegiados de su deshumanizada situación. Fueron captados como los más fervorosos terroristas desde muy jóvenes, almas tiernas, muy bien escogidas y que bajo el látigo de sus presbíteros amos, entre rezos y censuras, logran hacerse completamente no solamente de sus días y noches, sino, también de sus conciencias y hasta de sus propios miedos y aspiraciones.
Las cualidades de estos curas franciscanos les hacen saber elegir a sus serviles. A buena parte de ellos les caracteriza ser ínfimos y fútiles, perdedores paracaidistas con poca inteligencia. Son simples y cuadrados ágrafos que por su ignorancia caen en los peores prejuicios y malicias, socavándoles alguna virtud. La verdad es que a la gran mayoría les une algo muy peculiar, eso que solo poseen ciertos humanos, aquel decaimiento que hizo a los negros someterse a las cadenas, esa languidez que hizo al indio aceptar el garrote, esa astenia que hizo al judío en los campos de concentración cavar sus propias tumbas desnudos y aceptando el fusilamiento impune sin siquiera soltar un reclamo.
El desaliento y la aprensión son cotidianos. Sobre todo cuando se sabe que cada año fallece alguien sorpresivamente. Alimentando así, las más bárbaras supersticiones entre los dóciles sobrevivientes. El cáncer es el más difundido. Seguro, el vivir sometido a un constante trato inhumano y todo ese estrés acumulado junto con grandes dosis de censuras, inquinas y todo tipo de conjuras e intrigas van madurando ese silencioso melanoma. Al final, todos estos factores terminan por minar la salud de estos novísimos esclavos del siglo veintiuno.
Si algo caracteriza también a los sacerdotes que dirigen este colegio es su extremismo religioso, haciéndoles censurar cualquier tema que implique adelanto científico. El mundo para estos monjes intolerantes escapados de la edad media, sigue siendo plano y los miedos a supersticiones y maldiciones serán el castigo que le espera a quien intente huir a los límites de su fe para aventurarse en el verdadero conocimiento científico. Lo que en las escuelas de Madrid o Londres se enseña sin represión en este colegio está proscrito y censurado, para estos destructores de la verdadera formación, todo avance tecnológico es más falso que el descubrimiento de la penicilina. La tolerancia que quizás poseen algunos otras congregaciones católicas es totalmente desconocido para estos seguidores de San Francisco de Asís.
Los párrocos que dirigen este colegio -según nos cuentan-, les caracteriza su cobardía. Son tan miedosos estos clérigos que para compensar esa vulnerabilidad de no poder siquiera mirar de frente al ser más honesto y cuerdo, toman como lugartenientes a los más ruines de los perros de presa, gente sin el menor escrúpulo y que no tienen nada que envidiar al más frio sicario. Estos ojos y oídos de los curas directores si son de temer, pueden ser hombre o mujer, solitarios e infelices, recogidos de los más oscuros reductos de marginales, podridos por dentro casi como el interior agusanado de las numerosas tumbas que se encuentran en ese cementerio que los rodea. Asi es como el día a día se respira en esta pestilente necrópolis.
Sus noveles estudiantes todos los días respiran ese hedor putrefacto de la insana conducta de sus supuestos formadores. Dado que son hijos del pueblo, sus padres que en su gran mayoría la sudan para poder cancelar mensualmente la pensión en el afan de querer darle una mejor educación a sus retoños, desconocen esta realidad, en donde los que más quieren, gradualmente van adquiriendo complejos prejuicios y estereotipos que tarde o temprano serán un lastre dentro de sus vidas que mellaran para siempre sus fortalezas y autoestima.
Los cementerios son lugares muy sombríos para cualquier ser humano, pero hoy después de conocer los comentarios acerca de este colegio y la perversidad y malevolencia que se respira en sus pasillos han hecho ver en mejor situación a las osamentas que descansan en los nichos del más importante camposanto de la Ciudad Blanca.