sábado, 13 de octubre de 2012

Entre Cisneros y la raja de tu falda



Son casi la una de la madrugada y por fin he terminado de teclear este puto y engorroso documento. Pero,  bueno,  hay que ganarse la vida. A pesar de mi resignación,  me molesta que me quite tiempo para dedicarlo a mi blog,  es que hay tanto que decir y el tiempo es el peor de mis enemigos.                                                                                                                  
Afuera, seguro están los de siempre,   homínidos nocturnos,  misántropos  o  en hordas  husmeando sin cansancio  cada rincón  de esta polvorienta ciudad adormecida por  el esmog inhalado durante todo el día.  A estas horas,  emerge un mundo totalmente distinto al que conocemos, ajeno a todo y a todos que  posee  hasta sus propios moradores,  lémures que plácidamente aprovechan  la  penumbra  para iniciar sus diversas actividades, recicladores, empleados de limpieza,  jornaleros nocturnos  y  vendedoras de agachados. También están los marginales,  los  criminales y las infaltables  prostitutas. Viciosos de algo, o quizás  -por qué no-  también están las buenas personas que caen presos de este cosmos  obligados  por alguna urgencia,  teniendo asimismo que padecer  este intenso frio de la extrema irradiación  del desierto. 
Al final todos mal o bueno viviendo, que es lo que al final importa,  sabiendo que en realidad  nuestra existencia es corta. Y es como se debe existir.                                                                                                                                                 
Ayer,  -en realidad,  hace buenos años-,  lo veíamos en aquel diálogo narrando sus correrías  por el mundo,  demostrándonos que importante es el conocer nuevas gentes,  porque  aprendes mucho de ellos y de sus patrias. Cuanta enseñanza y cuanto aprendizaje en unos pocos  minutos, suficientes para marcarte  de por vida. Y eso es lo que pasó aquella noche. Todos estaban dormidos,  mientras un jovenzuelo escuchaba  a las mejores mentes que puede parir esta comarca.   Es que este tipo de personajes hay que tener la suerte de encontrarlos como ocurrió  en aquella  entrevista con Antonio Cisneros.                                                                                                                      
A estas horas, “La  raja de tu falda”  y “vino tinto”,  son la mejor  compañía. Fueron buenos años, finales de los noventa, son buenos recuerdos. Uno a uno los rememoro y una leve sonrisa se dibuja en mi rostro,  mientras sigo escribiendo en esta laptop. Estos  recuerdos me alegran y es que todo se debe a  esta música que  agradezco tanto,  no solo por lo que me evocan,  sino también porque han hecho posible creerme  que estas horas invertidas en ese trabajo insulso no fueron  un desperdicio de tiempo.    
Estopa es uno de los mejores grupos  españoles,  su original mezcla entre el  folklore local y los ritmos modernos es una  muestra inteligente  cuando unos artistas  tienen conocimiento de su música  y sienten su folklore,  lo escuchamos también con Juanes,  cosa que hasta ahora no pasa con los conocidos artistas locales desde Gian Marco hasta cualquier otro.
La raja de su falda azul, inmejorable armonía y tentación para  muchos. Complementa la fina lencería  y  sus  zapatos oscuros.  Es el dilema de siempre, elegir  entre la  serenidad  de la costumbre   por  esa justa  vorágine de un nuevo encuentro furtivo.  Porque  la vida es corta junto con sus placeres y al final,  todos terminaremos  cubiertos  con esa  mortaja tejida  con  lo que hicimos en este mundo.
Espero que algún empresario  traiga a Estopa, es justo y necesario, porque Arequipa es un oasis del rock en el territorio peruano.

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