jueves, 18 de octubre de 2012

El nido de cuervos


Cuando el padre de familia de este villorrio y de cualquier otro de la comarca, se pregunta sobre calidad educativa. Su desconocimiento lo lleva a afirmar erróneamente que un colegio es “bueno” cuando este  cobra la más alta pensión de la ciudad. El cándido papá observa la impresionante infraestructura y cae en el cuento de que este centro de estudios  no tiene nada que envidiarle  a cualquier  otro liceo  del primer mundo. Tremenda estafa que se ha difundido por este pueblo aislado de la civilización como también por el resto del  país. Porque  si hablamos de educación superior, nos topamos con que  no existe ninguna universidad peruana dentro de la lista de las doscientas  mejores  que maneja la más exigente acreditadora británica,  y si a esta  realidad la sumamos el estado en la que se encuentran los colegios de secundaria desde el más destacado en Lima hasta el más prestigioso de provincias, nos damos cuenta de la gravedad del problema.      
Hoy nos  dedicaremos – y después de un buen tiempo -    a escudriñar en la vida de otra institución educativa de la ciudad de Arequipa. Este es el  colegio Max Uhle.
Cría cuervos y te comerán los ojos”  dice el dicho. Y es que esa simple frase  se vuelve una indiscutible realidad cuando unos  honestos  conciudadanos  nos ilustraron  como eran formados        -o mejor dicho,  cuidados-   los vástagos de una buena parte de la  élite arequipeña.
Era una soleada mañana. Al Misti,  se lo veía solemne como siempre,  coronado con su manto  nevado y el verdor de la campiña  combinaba alegremente con ese hermoso cielo azul. El pasillo era largo y parecía casi interminable por el ritmo lento que había puesto  la amable anfitriona. Desde ahí se notaba la moderna infraestructura de uno de los centros de estudios más prestigiosos de esta ciudad. Lentamente se aproximaban  a las aulas y el sonido del canto agradable  de las aves del enorme árbol contiguo  se iba apagando conforme se iban acercando más  al ensordecedor ruido de esos salones de clase.
Ese alboroto, que más  recordaba a una  estampida de ñus  o a una jauría de bestias feroces, dentro de la normal anormalidad, no era más que el eco de unos chavales criados al libre albedrio.  La anfitriona en un intento vano de impedir la escena, pretendió  dar media vuelta de regreso, pero ya era tarde,   se habían aproximado demasiado y desde esos cristales se  mostraba la escena más  vergonzosa. 
Muy pocas miradas  han descrito fielmente el sufrimiento y la impotencia como las que se vieron esa mañana con sus  gestos de humillado, cabizbajo y con los hombros retraídos.  Los pasillos se oscurecieron dándole esa atmosfera   decadente  y repulsiva. Un ser humano viril y orgulloso,  profesional galardonado con maestrías y doctorados, respetado por su mujer y sus hijos, una persona decente  a carta cabal. De esa imagen triunfadora no había quedado nada. Los insultos y las malacrianzas de unos ásperos  adolescentes  lo habían convertido en  una verdadera piltrafa.   Desde aquella ventana que hacía de marco mostraba ese rostro horrorizado,  mientras unas inocentes mierdecillas  saltaban  descontroladas como el  pop corn dentro de una cacerola caliente.  La radiante luz de afuera no lograba siquiera en algo atenuar  la turbidez de la escena y el paisaje fértil de la campiña se había vuelto tan estéril como los alaridos de ese profesor y  supuesta autoridad llamando a la calma a esa  mancha de salvajes.
El nombre alemán de Max Uhle nos recuerda a un  pueblo caracterizado por la disciplina y el respeto a la autoridad. Muy alejado de lo que se vive en ese colegio y en muchos hoy en día. La cultura germana es muy respetada en el mundo y  creo que hasta ellos  se indignarían de saber que un colegio que se dice alemán, se maneja con esta relajada filosofía,  tan  apartada de esa  rígida disciplina teutona.  Estamos seguros que Goethe se cortaría la lengua  y Nietzsche los pondría al nivel de cualquier tribu de Borneo.                     
La  filosofía de este colegio, desconoce que la disciplina es necesaria,  porque asi se maneja en las mejores escuelas del mundo,  pero,  quizás,  sea ridículo hablar de esto en los confines de los Andes. Ese orden y disciplina son desconocidos en buena parte de sus  genealogías haciendo que sus vástagos lleven  a su centro de estudios toda esa mala crianza lóbrega e informal,  junto con toneladas de  prejuicios y estereotipos. Algunas veces, los que intentan  cuidarlos  y  formarlos al querer  poner un alto a sus majaderías se ven con las manos atadas  porque  los mismos progenitores con sus hábitos  les impiden hacer  algún cambio.
Así se forman los que dirigirán una empresa o tendrán un cargo importante de funcionario público o privado. Así se forman los que en un futuro no muy lejano depredarán la ciudad y el país con su  mala crianza.  Y que mejor forma de interiorizarlo  que  humillando  al que  intenta  educarlos. Estos mozalbetes,  en un futuro cercano consolidaran al Perú como  el  campeón de la inequidad y que mejor aprendido  dentro de la crema y nata de la barbarie tercermundista.
Nada se podrá construir sin planificación, orden y disciplina. Sin estos valores, cómo ese futuro empresario dirigirá su organización en un mundo tan competitivo como este. Solo quedará el conformismo y el estancamiento de esa subdesarrollada costumbre del egoísmo y la ineficiencia.  Y para muestra un botón, el ex burgomaestre de la ciudad de Arequipa el señor  Yamel Romero que ha sido considerado por la prensa local uno de los peores alcaldes de los últimos tiempos, -según nos dicen-  también  fue  ex alumno de este colegio.

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