miércoles, 29 de agosto de 2012

Comisión de la Verdad y Reconciliación, aversión al idiota

Si algo está cubierto con una sutil censura por los medios, cumpliendo con los mismos objetivos siniestros que tienen otras similares en China, Myanmar o Corea del norte, es la condena que pesa sobre el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Este documento está totalmente proscrito para el peruano de a pie. No sé si esto se debe a esa cuestión orquestada y bien dirigida por aquellos grupos interesados o quizás es la secuela por ser uno de los pueblos más iletrados del mundo que prefiere ignorar a este documento por el simple hecho de que consta de varios tomos. Pedir entonces a ese habitual televidente de Al fondo hay sitio y ese asiduo lector de diarios conservadores y amarillistas que se sople todos los volúmenes que contiene este documento, por esa razón, sería algo imposible.
Muchos se han aprovechado de esta poca afición que tiene el peruano común para informarse bien, porque, después de escuchar hablar sobre el tema a tanto conservador obtuso, egoístas de toda calaña, racistas de los más hipócritas, ágrafos de todos los niveles, le queda al pobre desinformado ver a ese Informe Final con los prejuicios y estereotipos que acostumbra emplear cuando se enfrenta con temas que desconoce o teme.
Lo cierto es que en una guerra la primera víctima es la verdad, por estas razones se conformó la CVR y su informe final buscaba llegar con imparcialidad a los factores que originaron la etapa más violenta del Perú republicano. Pero es una lástima que por culpa de los mismos de siempre, las mayorías nunca se enteraran de sus principales causas, porque esto, estará siempre censurado y muy bien disimulados y trocados por la boca de sus mejores intérpretes que en su gran mayoría son mercachifles, vende patrias, extremistas religiosos, halcones fascistas, terrucos arrepentidos , cobardes de todos los tipos, que brindaran su insolente punto de vista y alejados totalmente de la objetividad y sobre todo de la verdad de los hechos.
Detrás de esta repulsa que se le tiene a este documento está en que este informe final denuncia que el racismo y las enormes desigualdades que existían y existen fueron las principales causas que desencadenaron esos años oscuros. Claro que ese tema está proscrito en todos los medios permanentemente, porque el tema racial es nuestro talón de Aquiles.
El peruano se niega a cambiar porque no se atreve a desafiar sus infiernos. Prefiere convivir con lo peor que tiene, cubriéndolo con su acostumbrado velo hipócrita y creyendo ingenuamente que nadie se dará cuenta, pero como el cadáver mal enterrado, rebelará con su hedor toda lo descompuesto en el momento que menos se lo esperaba, vulnerándolo de por vida.
No aprendemos de nuestros errores, y el racismo es uno de ellos. Somos tan ignorantes que nos dejamos llevar por nuestros propios miedos y somos tan cobardes que nos conformarnos  con convivir con ellos. No inferimos y desconocemos mucho. En esa confusión podemos colgar a los más lúcidos o mandar a la hoguera al país entero.
Los equilibrados, cuando se muestran democráticos e imparciales defendiendo a este documento, son tildados por los mismos fachas de siempre como pro terrorista o algo parecido. Es que definitivamente somos atrasados.
El Perú está condenado a repetir sus errores y a tropezar con sus mismas trampas. Es esa conocida paramnesia peruana, solo porque se empeña a negarlo todo, perdiendo esa histórica oportunidad de aceptar sus culpas para comenzar a cambiar y mejorar.

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