lunes, 27 de junio de 2011

Stephanie Cayo y Carlos Carlín, “La bella y el papanatas”

Verla aunque sea algunos minutos me inmovilizo por completo. Repentinamente había quedado paralizado, absorto. Mis pupilas se dilataron de tal forma y los parpados quedaron tan abiertos que parecían que ambos globos oculares en cualquier momento iban a salir disparados de sus cavidades como proyectiles, describiendo una trayectoria imparable para irse a estrellar en esa pantalla del televisor en un intento fallido de poder siquiera acariciar algo de la provocadora imagen de Stephanie Cayo.
Agitando el cabello ingresó al escenario, induciéndome inefables deseos que eclosionaron cuando alzando los brazos al ritmo de esa conocida melodía, nos regalaría piadosamente parte de su tersa cintura, cúspide de todo ese tormento provocador, poniéndonos casi al borde de la taquicardia.
Este tipo de diosas, con su figura y su gracia nos hacía creer que solo un país mágico como este podía parir este tipo de beldades.
Es que es realmente es muy hermosa, sus ojos inteligentes, vivos, y accesibles para aquel que ingeniosamente pudiera arrancarles alguna confidencia, iluminaban todo ese sombrío estudio de televisión, corrigiendo una noche lesionada por un grupo de bulliciosos barristas que hacían de público invitado, guiados por alguien que a pesar de sus vanos intentos, no traspasaba el cristal de esa caja boba.
Aquí es donde el sueño se dio por terminado de golpe, porque el idiota anfitrión con el más frio desinterés, casi a los niveles de un eunuco –como si tuviera al frente a una Abencia Mesa- sin el menor reparo, nos la quitó de la pantalla para ponernos en su lugar la viril imagen de Natalia Málaga.
A Stephanie, nunca más la volvería a ver esa noche, porque de pronto, este improvisado conductor nocturno había coronado su insufrible presencia en esta deplorable televisión, desechando la única oportunidad que teníamos los simples mortales de ver a esta lindura siquiera unos minutos más como respiro en esta televisión peruana plagada de magalis, reinas del medio día, aguas turbias, obesos presidentes, rubias al pomo, desabridas de todo tipo y edad, en fin, desperdiciando una de esas pocas ocasiones que teníamos para darle un sano disfrute a nuestra vista, pero, que gracias a Carlos Carlín con sus tartamudez y ese conocido dialogo estulto había desperdiciado la presencia de la chica más bella que ha dado la televisión local y que hoy tribulete y afligido hago pública mi protesta.
No entiendo que poder tendrá Carlos Carlín para seguir con ese bodrio de programa, pero, ¿Qué estoy hablando?, es como pedirle peras al olmo, sabiendo que los que producen esta viruta televisiva tienen la misma creatividad del más rápido quemador de CDs piratas del mercadillo más popular de La Victoria.
Carlos Carlín, después de lo que hiciste con la entrevista a Stephanie Cayo deberías de retirarte de la televisión, porque formas parte de todos esos fiascos que arrogantes anteriormente han intentado adueñarse de una noche que la escasa simpatía, el limitado floro y bagaje cultural desencadenaron en un completo fracaso, y ahí están para el recuerdo Raúl Romero por ejemplo y otros que ahora no me acuerdo.

1 comentario:

C. de DiarioTec dijo...

eso fue embarazoso !!

y sus em uhmm y poses de tony de pataclaun tampoco ayudab