martes, 17 de agosto de 2010

Luis Cáceres Velásquez, rancia putrefacción

A pesar de mi enorme retisencia y desgano, el compromiso para  asistir a aquella reunión era ineludible. Sobre todo,  porque,  era para celebrar el onomástico del hijo de una de los políticos que más aversión me causaba, claro que también tuvo mucho que ver aquel recinto en el que se iba a realizar la celebración, situado en una de las arterias más festivas de la ciudad de Arequipa, evocando la vez que me sirvieron una parrilla realmente espantosa.
Apenas  ingrese al establecimiento,  observé que todavía  algunas mesas estaban vacías, aviso de que la fiesta todavía no había comenzado. Me ubiqué en la mesa junto al pequeño grupo que acompañaba al candidato a la alcaldía de uno de los municipios de esa ciudad sur andina. De pronto, los gritos de aquella mujer capto violentamente mi atención. Su forma de dirigir el evento me recordaba mucho a aquellas voces que se destacan entre  esos mítines caracterizados por ser los más escandalosos y agresivos. Sus gestos y ademanes vulgares le daban la apariencia exacta de esas matronas que regentan aquellos conocidos burdeles, encontrándosele por todos lados, cuidando hasta el más mínimo detalle de aquella reunión.
En las mesas cercanas había un buen número de adultos mayores que seguro habían trabajado con el ex alcalde Cáceres en alguna de sus pasadas gestiones. En una mesa contigua había un viejecito que llamaba mucho la atención porque lo acompañaba una mujer muy joven que –obviamente- no era su hija,  más bien,  se notaba que era su “amiguita”; esto se calcaba en otros dos ancianos más,  con el mismo careto y seño descarriado. El hijo del ex alcalde,  tampoco se quedaba atrás, ya que había una coqueta y guapa joven que lo acompañaba a todas partes. En resumen, el festejo ya se había convertido en un verdadero lupanar.
El círculo más exclusivo del candidato a la alcaldía provincial de Arequipa y de su hijo estaba ubicado en las mesas más próximas al estrado. En ese momento, todos gracias al whiskie ya se mostraban alegres y conversadores,  haciendo brindis porque con este acontecimiento se estaba dando inicio a la campaña por las elecciones municipales y regionales de este año. El ánimo parecía que en ese momento se iba apoderar del lugar, pero, eran de nuevo esas expresiones, hipócritas y ruines hasta el culo las que iban a saturar el ambiente de desconfianza, era imposible apartarse de ello.
Después de un par de horas el ruido del gentío ahí reunido había aumentado. Fue cuando le tocó hablar al celebrado, que dicho sea de paso, también fue alcalde de la ciudad blanca. – me contaron que en esos años, su padre,  cuando se refería a él,  lo hacía jocosamente, diciendo: Roger - así se llamaba su hijo-, siempre fue un “burro” para el estudio, pero un día le di un consejo, y le di el consejo de Yanahuara” (Distrito arequipeño del que fue alcalde gracias a la gran ayuda de su padre Luis Cáceres que pasaba por su  mejor momento político).
Se sucedieron los halagos, inclusive del personaje dueño de la “franquicia” del movimiento político –una ex autoridad de una provincia arequipeña, con un prontuario que asustaría hasta al más avezado delincuente de Castro Castro-.
Así se fue desenvolviendo la reunión de esta sarta de mierdecillas. Todos comprando un palco exclusivo para el festín que se avecinaba de ganar este viejo campeón del transfuguismo.
Teclear esto lo hago tranquilamente al saber que las encuestan en la “Blanca Ciudad” hoy le dan ganador a otro candidato.
Para Luis Cáceres Velásquez su tiempo ya ha pasado. La energía de antes para insultar y actuar como el peor de los patanes, aprendido desde su nacimiento entre los más sucios y salvajes mercaderes, ahora languidecen y se ha reducido a conformarse con ser,  el títere de una sombra tan ruin como él durante sus mejores épocas.
Las ambiciones desmedidas de estos mercachifles y la ausencia de sensibilidad social es un aura del que no se pueden apartar ni tienen forma de ocultarlo. Después de observar a todo este ramillete de abyectos navajeros, me disculpe con mis anfitriones y apresurado abandone ese nido improvisado de víboras y gente de la más baja calaña. Luego, me preguntaba,  cuántos de esta clase de reuniones se habrán iniciado en los distintos puntos del país por motivo de estas cercanas elecciones regionales, deben ser miles, no crees.