jueves, 20 de mayo de 2010

Francisco Franco Bahamonde, el perfecto hijo de puta

Una de las maldiciones que siempre ha caído sobre la historia española ha sido la clase de líderes que ha tenido ese país. La gran mayoría de esos gobernantes destacan principalmente por su poca inteligencia, convirtiéndolos para el recuerdo en personajes intrascendentes y arrastrando con ellos a toda su población en esa irremediable tragedia. Uno de estos y quizás el más torpe y despiadado de todos ha sido Francisco Franco Bahamonde.
Aquel dictador español significó el resumen de una España golpeada por el destino, este vástago de lo más repulsivo que pudo parir aquel sector putrefacto y pestilente que siempre ha mantenido a España rezagado del avance europeo, no tenia mejor figura para representarla, y así lo hizo. De esa guerra civil salió triunfante él y todas esas ideas mohosas y polvorientas. En esa lid asimétrica ganaron los malos, acabando con lo mejor y más respetable que ha dado toda la decadente historia ibérica, la segunda republica.
Cómo ya dijimos de su persona no hay nada rescatable salvo su maldad y sus escasas y casi inexistentes virtudes – y esto nos corroboran sus principales y también escasos biógrafos-
Esas minucias que nos dicta su biografía nos sirve de corolario para describir a este ser tan lleno de perversidad que llevó a España a un estancamiento terrible sino hubiera sido por la Guerra Fría, y gracias a ella, su gobierno fue beneficiado con la ayuda Norteamericana -previo pacto con la CIA y la OTAN-
Así su pérfido gobierno solo pudo acabarse cuando la vida del tirano se iba apagando con la vejez, pero antes de su extinción, hábilmente dejó atado la conciencia y a la memoria colectiva española a una ley de amnistía que daría una segura impunidad a todas sus aberraciones y crímenes cometidos durante su régimen.
Fue tan perverso este engendro que en sus últimas semanas de vida y casi con las fuerzas menguadas por la senectud y la enfermedad, tuvo la suficiente energía como para levantar su temblorosa y arrugada muñeca, y firmar con el último aliento unos decretos que darían muerte a algunos de sus tantos presos políticos, condenados a la pena capital por el solo hecho de querer ver a una utópica España democrática.
Esta es la biografía de uno de los más grandes hijos de puta de la historia, y que más, digno representante de esa hispanidad que en estas latitudes hincha de orgullo irracional a una enorme sarta de ignorantes, acomplejados y prejuiciosos peruanos.