sábado, 22 de abril de 2017

Pedro Pablo Kuczynski y su deuda social

Para un retirado de Wall Street,  en esas tertulias con sus acaudalados  amigos de Manhattan,  coronar sus  hazañas con la audacia de haber llegado a ser “el soberano” de un país bananero  sudamericano  no va ser un plato tan sencillo de digerir.
PPK tiene una olla de grillos en la mano,  una olla de presión sin válvula de escape. Es que por algún motivo (y esto es eufemismo puro)  nuestro querido estado si algo le ha caracterizado estos doscientos años de existencia es haber tenido un trato injusto con sus ciudadanos. 
Pobreza, desempleo, subempleo,  tuberculosis,  en fin,  un rosario de plagas que por la falta de planificación gubernamental  sigue campeando por los distintos ámbitos de esta extensa comarca.
Y es que esto lo digo porque lo observo y lo vivo,  y no pierdo la esperanza  que en el futuro cercano un asilo humanitario pueda significar mi tierra prometida. Estoy seguro que argumentos no me faltarían para suavizar a esa alma caritativa de un país humano y con algo de conocimiento de nuestra injusta historia para que acceda a cobijarnos aunque sea en un pequeño y sombrío rancho.
Y no soy exagerado porque al observar el trato que tiene el gobierno con los actuales ancianos peruanos nos lleva a toda esta apatía. Los que formamos parte de ese grupo de futuros viejos (que yo represento) no esperamos nada y creo que con el tipo de alimentos, la contaminación y el entorno hostil laboral,  la verdad,  tampoco podemos asegurar que llegaremos a “pintar canas”; y si lo hacemos,  el final será trágico,  si más adelante nos espera la jubilación de la AFP. Ni hablar, ser viejo con ese oscuro porvenir,  no está en nuestros planes.
Pero, esto, para ser honestos,  no nos quita el sueño. Lo que si nos  indigna es que los actuales ancianos peruanos reciban tan terrible trato con el tema de la deuda social por parte de los que nos gobiernan.  
Desde estas tierras sureñas   miles de ancianos con la boca seca  siguen en la espera de la valiosa firma del  también longevo  (esto es lo irónico) Pedro Pablo Kuczynski  y,  su frío ministro de economía. Las arcas del estado están llenas  como nunca antes en nuestra historia. Y si no sueltan algo de esas dadivas para nuestros abuelos, significa  que  contra tanta vileza  no se puede esperar nada bueno para nuestro pueblo.
Es como una birria lotería, un humillante sorteo que denigra a los adultos mayores cuando se los pone en estas distintas  listas de espera, por un pago que  les corresponde por derecho y lo que es más paradójico: es materia juzgada.
Es inconcebible que a esos miles de ancianos los coloquen en grupos por edad cuando lo justo sería que a todos ellos sin distinción alguna se les pague su deuda social  completa y en un solo y único grupo. Y si no es así, los que actualmente nos gobiernan no tienen la catadura moral como para criticar a aquellas  infames tiranías que ahora tienen del cuello a sus propios ciudadanos.